domingo, 14 de enero de 2018

Gymkana musical en el Hôtel de Ville

Este año he tenido el inmenso placer de asistir a la velada musical que cada año organiza el Ayuntamiento para celebrar el Año Nuevo. Aunque es un evento al que sólo se puede asistir con invitación, salen 200 entradas gratuitas para ciudadanos que deseen acudir. Entre estos 200 afortunados que obtuvieron invitación estábamos mi querida Carole R. y yo.

 El espectáculo nos espera y la puerta se ilumina con el azul, blanco y rojo del bandera nacional

En principio, pensábamos que se trataba de un concierto al estilo clásico con un escenario, unos músicos que actúan y un público sentado que disfruta del espectáculo pero no fue así. La organización había preparado tres escenarios distintos en tres salones diferentes con un hilo conductor basado en los Juegos Olímpicos. Si París va a celebrar los de 2024, en esta cita musical París se enlaza con Río de Janeiro, última sede olímpica, y con Tokyo, ciudad que albergará los Juegos de 2020. De este modo, la música fue un bonito collage de música de los tres países homenajeados.


Todo listo

Para comenzar, la elección fue Tokyo-París y lo representó un dúo formado por Momo Kodama (piano) y Deborah Nemtanu (violín) que interpretaron piezas de Hosokawa, Yamada, Yashiro, Ravel y Debussy. Para su actuación Nemtanu tocó un vioín de 1740 creado por Domenico Montagnana y prestado para la ocasión.

Nemtanu y Kodama recibiendo los aplausos del público

A continuación, en otra sala la artista brasileña Flavia Coelho interpretó cuatro canciones de su último disco acompañada de músicos de Les Salads, una curiosa formación que agrupa músicos de conservatorio y de pop. En esta sección, dedicada a Río, muchos espectadores como yo, se pusieron a bailar al son de los ritmos heterogéneos de samba, blues, reggae, jazz, ska... que conforman la música radiante, alegre y sensual de Coelho.

Flavia Coelho y Les Salads

Como plato principal en este menú musical, la Orquesta de Jóvenes del Conservatorio de París dirigidos por Xavier Delette interpretaron piezas provenientes de las tres ciudades anfitrionas de los Juegos. Como solistas invitados, la soprano Annaëlle Le Goff y el violinista sirio Bilal Alnemr completaron la noche. La joven cantante interpretó junto con la orquesta, y micrófono en mano, varias canciones cariocas como La Garota d'Ipanema o Manhã de Carnaval entre otras. También Alnemr realizó sus solos en el Orfeo Negro y Scaramouche. A continuación, le tocó el turno a Tokyo con la Suite Sinfónica de la Princesa Mononoke cantada, pero esta vez sin micrófono, por Le Goff. De esta manera, los espectadores pudimos apreciar su voz en toda su belleza, técnica y potencia, mucho mejor cantando como lírica que como cantante ligera. Para finalizar, Alnemr volvió al escenario para interpretar la Tzigane de Ravel, creada expresamente para los Juegos Olímpicos de París de 1924, y La Gloire de mon père de Cosma. En sus intervenciones, el solista utilizó un violin de 1680 de Giovanni Batista Grancino y otro de Pierre Barthel.


Perdón por la mala calidad de las fotos pero estaba muy lejos y la luz era escasa. La cámara de fotos y la fotógrafa tampoco son gran cosa.

Para finalizar, hubo un pupurrí musical de Les Salads y Flavia Coelho y, también, un cóctel para agasajar a los invitados y, como suele ocurrir en estos casos, la gente se abalanzó hacia los mostradores para intentar cazar el mayor número de canapés y bebidas. Casi pierdo un ojo mientras intentaba pedir una copa de vino. Por supuesto, no hice fotos del ágape porque las bandejas se vaciaron en décimas de segundo: bastante tenía con no morir arrollada por la turba de hambrientos que interceptaban a los camareros. A pesar de estos pequeños incidentes, la noche fue magnífica.

 Una multitud se agolpó aquí delante para zamparse los canapés en menos que canta un gallo

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