Este sábado tuve la inmensa suerte de que un amigo me propusiera montar en el globo aerostático que el Ayuntamiento tiene en el Parque Javel-Citroën. Suerte porque ha sido el último día de Sol de esta temporada: el domingo llegaron las nubes y se van a quedar con nosotros unas cuantas semanas. Es una forma distinta y muy divertida de poder ver París y, con la caída del Sol, es aún más bonito. Me lo pasé genial.
Mostrando entradas con la etiqueta amistad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amistad. Mostrar todas las entradas
martes, 30 de octubre de 2018
domingo, 21 de octubre de 2018
La Traviata
Pues aquí estoy, hablando de La Traviata. Jamás lo imaginé pero este pasado miércoles fui a una representación de la inmortal ópera de Verdi, una de las más famosas del repertorio y una de las más populares entre los aficionados. Además, es la favorita de mi amiga Carole así que, ¿qué menos podía hacer yo que llevarla al teatro?
No comparto el entusiasmo por esta ópera ya que la historia me parece una tontería por mucho que esté basada en La Dama de la Camelias de Alexandre Dumas hijo, inspirada, a su vez, en la vida de Alphonsine Duplessis. La ópera pierde los matices dramáticos de la historia de Dumas y se centra en la introspección sentimental de la protagonista. La trama es la siguiente: un niñato de pueblo sin oficio ni beneficio llega a París y se gasta el dinero en fiestas. En una de ellas confiesa su amor a una cortesana de lujo y, ésta, gravemente enferma y conmovida por la inocencia del joven, se va a vivir con él a una casa en las afueras gastando su patrimonio en ello. En éstas, llega el padre del joven a poner orden en la vida de su hijo. El viejo, que parece ser el único que tiene la cabeza sobre los hombros, pide a Violetta que se aleje para siempre de él. Ella accede y recibe el desprecio de su examante, cae nuevamente enferma y fallece pobre pero con el reconocimiento de los demás por su sacrificio y su buen corazón, entregando un donativo a los pobres y elevando su último pensamiento a Dios. Aparte de que la historia es más vieja que andar p'alante, el tono de expiación cristiano y moralista del final resulta cargante después del sacrificio y la expiación que ya hace en el segundo acto.
Aunque la música es preciosa, siempre tengo la impresión de que lo que estoy viendo no se corresponde con lo que estoy oyendo: a ratos, no entiendo la música, demasiado heroica por momentos, con mención especial al aria del barítono Di Provenza... que parece introducida en la ópera como con un corta y pega, sin ninguna relación ni en el ritmo ni en la melodía con el resto de la obra, una especie de expediente X operístico.
El reparto y el director saludan
No comparto el entusiasmo por esta ópera ya que la historia me parece una tontería por mucho que esté basada en La Dama de la Camelias de Alexandre Dumas hijo, inspirada, a su vez, en la vida de Alphonsine Duplessis. La ópera pierde los matices dramáticos de la historia de Dumas y se centra en la introspección sentimental de la protagonista. La trama es la siguiente: un niñato de pueblo sin oficio ni beneficio llega a París y se gasta el dinero en fiestas. En una de ellas confiesa su amor a una cortesana de lujo y, ésta, gravemente enferma y conmovida por la inocencia del joven, se va a vivir con él a una casa en las afueras gastando su patrimonio en ello. En éstas, llega el padre del joven a poner orden en la vida de su hijo. El viejo, que parece ser el único que tiene la cabeza sobre los hombros, pide a Violetta que se aleje para siempre de él. Ella accede y recibe el desprecio de su examante, cae nuevamente enferma y fallece pobre pero con el reconocimiento de los demás por su sacrificio y su buen corazón, entregando un donativo a los pobres y elevando su último pensamiento a Dios. Aparte de que la historia es más vieja que andar p'alante, el tono de expiación cristiano y moralista del final resulta cargante después del sacrificio y la expiación que ya hace en el segundo acto.
La tumba de la mujer que inspiró La Traviata
Aunque la música es preciosa, siempre tengo la impresión de que lo que estoy viendo no se corresponde con lo que estoy oyendo: a ratos, no entiendo la música, demasiado heroica por momentos, con mención especial al aria del barítono Di Provenza... que parece introducida en la ópera como con un corta y pega, sin ninguna relación ni en el ritmo ni en la melodía con el resto de la obra, una especie de expediente X operístico.
¿Por qué tanto éxito entonces? Por varios elementos: una historia de prostituta de buen corazón, unos enamorados que se encuentran y desencuentran y una protagonista absoluta que requiere una soprano muy dotada a nivel vocal, musical e interpretativo. Violetta es el papel por excelencia de una gran diva: ella lo es todo y lo abarca todo mientras el resto son meros comparsas. Es un papel tan exigente no sólo porque está casi todo el tiempo en escena sino, también, porque exige tres voces en una sola: una soprano de agilidad en el primer acto, una lírica en el segundo y una dramática en el tercero. Por eso, hay tan pocas cantantes que salgan airosas de la prueba. Supongo que es este tour de force de la protagonista lo que el público más valora.
Para añadir más atractivo a la función, tenía interés en la puesta en escena de estilo clasicista creada por Benoît Jacquot que se ha paseado por varios teatros del mundo. Los elementos más destacables son el vestuario inspirado en la época en que se desarrolla la acción, es decir, señoras con crinolinas y caballeros con frac y un decorado de aire simbólico tendente al gigantismo: la cama, el árbol, la escalinata... y la Olympia de Manet, reproducida en las figuras de Violetta y de Aninna, convertida ésta última en una mulata como la que aparece en el fondo del cuadro, tenían unas dimensiones mastodónticas.
Uno de los problemas prácticos de La Traviata es que el primer y el tercer acto son muy cortos, con lo cual ni el público ni los artistas han entrado en calor cuando ya llega la primera pausa y se hace una segunda cuando sólo quedan 30 minutos para el desenlace. Algunas representaciones cambian la organización de los actos haciendo una sola pausa en mitad del segundo acto que consta de dos escenas. En esta ocasión se eligió respetar el esquema de la ópera tal y como es, incluida la partitura por lo que esta Traviata no tuvo ornamentos, ni el Mi bemol que adorna el final del primer acto ni sobreagudos en el aria de Alfredo. En el podio, Giacomo Sagripanti, un joven y guapo director italiano especializado en repertorio belcantista y verdiano. La orquesta sonó muy bien con la delicadeza justa pero sin demasiadas ñoñerías ni tampoco pasada de rosca como otras versiones, que en lugar de una historia melodramática parecen un desfile militar.
Sobre los cantantes, Aleksandra Kurzak fue Violetta, Jean-François Borras fue Alfredo y George Gagnidze, Germont. La Kurzak fue la Vitellia de La Clemenza di Tito que ya vi el año pasado y lo hizo bastante bien. Como ya he dicho, no añadió el Mi agudo al final del Sempre libera pero nos dejó unos bonitos pianissimi, una messa di voce sutil pero bien hecha y una gran seguridad en las agilidades del primer acto. En el segundo, estuvo muy emotiva en su dúo con Germont y, al final, su voz sonó lo bastante grave y dramática para la parte. Como nota curiosa, hay que decir que mientras Violetta agonizaba por la tuberculosis, quienes tosían eran los espectadores. É stranno... como ella misma canta. A nivel interpretativo, me gustó bastante y además es una chica muy guapa y elegante así que la caracterización no le costó un gran esfuerzo. Aunque no tenga una voz muy potente, la encarnación vocal del personaje estuvo correcta. Muy bien.
Todos los demás personajes son completamente secundarios pero diremos que el barítono Gagnidze estuvo fantástico en el segundo acto, tanto el bello dúo con Violetta como su aria Di Provenza. Además, me gustó que cantara a voz plena y no entre gemidos como hacen otros con este papel. Giorgio Germont no es un abuelete senil y lastimero sino un tipo autoritario y manipulador y así debe sonar. El enamorado Alfredo corrió a cargo del tenor Borras quien empezó muy inseguro (casi no se le oyó en el Libiamo) pero mejoró notablemente conforme avanzaba la función. El coro y los comprimarios estuvieron muy bien. Aunque La Traviata no me guste especialmente, debo decir que disfruté y lo pasé muy bien.
Escenario del último acto
Uno de los problemas prácticos de La Traviata es que el primer y el tercer acto son muy cortos, con lo cual ni el público ni los artistas han entrado en calor cuando ya llega la primera pausa y se hace una segunda cuando sólo quedan 30 minutos para el desenlace. Algunas representaciones cambian la organización de los actos haciendo una sola pausa en mitad del segundo acto que consta de dos escenas. En esta ocasión se eligió respetar el esquema de la ópera tal y como es, incluida la partitura por lo que esta Traviata no tuvo ornamentos, ni el Mi bemol que adorna el final del primer acto ni sobreagudos en el aria de Alfredo. En el podio, Giacomo Sagripanti, un joven y guapo director italiano especializado en repertorio belcantista y verdiano. La orquesta sonó muy bien con la delicadeza justa pero sin demasiadas ñoñerías ni tampoco pasada de rosca como otras versiones, que en lugar de una historia melodramática parecen un desfile militar.
Aplausos para la Violetta
Sobre los cantantes, Aleksandra Kurzak fue Violetta, Jean-François Borras fue Alfredo y George Gagnidze, Germont. La Kurzak fue la Vitellia de La Clemenza di Tito que ya vi el año pasado y lo hizo bastante bien. Como ya he dicho, no añadió el Mi agudo al final del Sempre libera pero nos dejó unos bonitos pianissimi, una messa di voce sutil pero bien hecha y una gran seguridad en las agilidades del primer acto. En el segundo, estuvo muy emotiva en su dúo con Germont y, al final, su voz sonó lo bastante grave y dramática para la parte. Como nota curiosa, hay que decir que mientras Violetta agonizaba por la tuberculosis, quienes tosían eran los espectadores. É stranno... como ella misma canta. A nivel interpretativo, me gustó bastante y además es una chica muy guapa y elegante así que la caracterización no le costó un gran esfuerzo. Aunque no tenga una voz muy potente, la encarnación vocal del personaje estuvo correcta. Muy bien.
El reparto saludando
Todos los demás personajes son completamente secundarios pero diremos que el barítono Gagnidze estuvo fantástico en el segundo acto, tanto el bello dúo con Violetta como su aria Di Provenza. Además, me gustó que cantara a voz plena y no entre gemidos como hacen otros con este papel. Giorgio Germont no es un abuelete senil y lastimero sino un tipo autoritario y manipulador y así debe sonar. El enamorado Alfredo corrió a cargo del tenor Borras quien empezó muy inseguro (casi no se le oyó en el Libiamo) pero mejoró notablemente conforme avanzaba la función. El coro y los comprimarios estuvieron muy bien. Aunque La Traviata no me guste especialmente, debo decir que disfruté y lo pasé muy bien.
martes, 16 de octubre de 2018
Alma es vida
Después de Bérénice, la ópera del domingo, me fui a comer un brunch con mi dulce Ivonne pero no uno cualquiera, sino uno hecho con todo el cariño del mundo y la mejor disposición. Se trata del que servía la taquería Itacate para recaudar fondos para pagar el tratamiento de Alma, la madre de Luis, su propietario. Para ello, sus amigos taqueros le ayudaron en la preparación del menú que consistía en tres tacos a elegir, una bebida dulce y un café de olla acompañado de pasteles de muerto.
Los riquísimos tacos tenían el sello artesanal inconfundible de Mercedes Ahumada y se podían rellenar de tinga, chicharrones, pierna, picadillo, nopales... todo delicioso. Para beber, mi amiga y yo elegimos agua de Jamaica, hecha con flores de hibisco. Para acabar, los dulces estaban muy ricos, igual que el café de olla del que me habría podido beber tres litros.
Los tacos
Los riquísimos tacos tenían el sello artesanal inconfundible de Mercedes Ahumada y se podían rellenar de tinga, chicharrones, pierna, picadillo, nopales... todo delicioso. Para beber, mi amiga y yo elegimos agua de Jamaica, hecha con flores de hibisco. Para acabar, los dulces estaban muy ricos, igual que el café de olla del que me habría podido beber tres litros.
Las flores de hibisco
Pastelitos
Mi café
Todo esto por una buena causa: desde aquí, deseo a Alma una pronta recuperación y a su familia, mucho ánimo para acompañarla.
sábado, 11 de agosto de 2018
Trix: la estrella de la temporada
Aunque llevo un poco de retraso en la actualización de mis entradas, ya me tocaba hablar de la gran protagonista de los últimos meses: Trix, el esqueleto de un Tyranosaurus Rex hembra llegado desde Montana (EE.UU.) para asombrar a niños y mayores y que vi hace ya unos días. Expuesto en el Jardín de Plantas, este esqueleto está haciendo una gira europea y allí donde va levanta pasiones. La sala donde se expone está siempre llena de gente y todos lo miran encantados. Es un esqueleto casi completo ya que sólo le faltan una parte de la pata izquierda y la mandíbula: la primera ha sido sustituida por una reconstrucción y la segunda, por la mandíbula de otro animal. Los paleontólogos que la encontraron tardaron tres años en recuperar todas las piezas. Es especialmente relevante el buen estado en que están ya que los huesos están enteros, incluido el enorme cráneo En sus huesos hay marcas de vida, unos agujeros en el cráneo, unas vértebras rotas... testigos mudos de las andanzas de este enorme animal que vivió hace 67 millones de años. Aunque no me ha quedado claro cómo se sabe que fue una hembra. La cabeza me ha llamado especialmente la atención por lo enorme que es: en ella cabe un ser humano. Podéis verla en el Jardín, en pleno Barrio Latino hasta el 2 de septiembre. Superrecomendable.
miércoles, 18 de julio de 2018
Fin de semana de locura
Si mi fin de semana comenzaba con un exceso romántico, continuó con un gesto de amistad y culminó con un buen espectáculo deportivo. Mientras tanto, la multitud se congregaba en torno a la fiesta Nacional y a la final del Mundial de fútbol.
El viernes noche vi Il Trovatore, un melodrama de amores malditos, venganzas enquistadas y secretos familiares. Una función inolvidable por muchas motivos de los que ya os hablé. El sábado fue la Fiesta Nacional con un enorme desfile militar en el que participaron como invitados los países de Japón y Singapur. Ya os conté aquí que el 14 de julio se conmemora la toma de la cárcel de la Bastilla, situada en el lugar donde ahora se eleva el moderno teatro de la Ópera.
Pero ni el Día de la Patria ni la verbena de los bomberos ni ningún otro evento pudo hacer sombra a la gran final del Mundial de Fútbol. Francia había llevado muy bien su participación en este torneo tanto en la fase de grupos como en las eliminatorias. Sus jóvenes jugadores tienen un gran talento y mucha experiencia a pesar de su corta edad y han podido desquitarse de la amarga derrota sufrida hace dos años en su propia casa en la final de la Copa de Europa.
Por supuesto, la locura se desató y la noche del domingo hubo celebraciones por todo el país. Como siempre, también hubo altercados, incluso muertos. Tengo la suerte de vivir en un barrio muy tranquilo y pude dormir pero tengo amigos que no pudieron pegar ojo en toda la noche. El lunes se celebró la gran fiesta de bienvenida de los jugadores que hicieron un recorrido por el centro de París, una rúa subidos a un autobús descapotable. A mediodía los Campos Elíseos ya estaban llenos de gente que quería ver este otro desfile. También visitaron a Macron en su palacio: Manu no tuvo suficiente con hacer el ganso en el palco presidencial del estadio durante la final y se convirtió en la estrella de la fiesta demostrando que él también puede ser chachi piruli y super mega enrollado, aparte de robar el protagonismo a los futbolistas, como ya intentó en el funeral de Johnny Hallyday y en otros momentos populares.
El viernes noche vi Il Trovatore, un melodrama de amores malditos, venganzas enquistadas y secretos familiares. Una función inolvidable por muchas motivos de los que ya os hablé. El sábado fue la Fiesta Nacional con un enorme desfile militar en el que participaron como invitados los países de Japón y Singapur. Ya os conté aquí que el 14 de julio se conmemora la toma de la cárcel de la Bastilla, situada en el lugar donde ahora se eleva el moderno teatro de la Ópera.
La contraescarpa de la Bastilla
Como cantaba Georges Brassens, "la música militar nunca me supo levantar" así que nunca he ido a ver el desfile y mucho menos estos últimos años en que las medidas de seguridad prácticamente no permiten acercarse al centro. En su lugar, quedé con mi querida María, que ha sufrido un pequeño accidente doméstico, con Eli y con Juan para ver el Tyranosaurus Rex expuesto en el Jardin de Plantes. Os hablaré de él próximamente pero ya os adelanto que es el esqueleto de una hembra recuperado en Montana, Estados Unidos, que está recorriendo varias ciudades de Europa. De verdad, que es impactante ver ese esqueleto tan completo (falta una pata trasera y la mandíbula, reemplazadas por otras piezas) presentado además en posición amenazadora.
Realmente impresiona
Pero ni el Día de la Patria ni la verbena de los bomberos ni ningún otro evento pudo hacer sombra a la gran final del Mundial de Fútbol. Francia había llevado muy bien su participación en este torneo tanto en la fase de grupos como en las eliminatorias. Sus jóvenes jugadores tienen un gran talento y mucha experiencia a pesar de su corta edad y han podido desquitarse de la amarga derrota sufrida hace dos años en su propia casa en la final de la Copa de Europa.
Las portadas de los diarios: un amigo recorrió 10 papelerías para comprar la edición especial de L'Équipe y no la encontró
Por supuesto, la locura se desató y la noche del domingo hubo celebraciones por todo el país. Como siempre, también hubo altercados, incluso muertos. Tengo la suerte de vivir en un barrio muy tranquilo y pude dormir pero tengo amigos que no pudieron pegar ojo en toda la noche. El lunes se celebró la gran fiesta de bienvenida de los jugadores que hicieron un recorrido por el centro de París, una rúa subidos a un autobús descapotable. A mediodía los Campos Elíseos ya estaban llenos de gente que quería ver este otro desfile. También visitaron a Macron en su palacio: Manu no tuvo suficiente con hacer el ganso en el palco presidencial del estadio durante la final y se convirtió en la estrella de la fiesta demostrando que él también puede ser chachi piruli y super mega enrollado, aparte de robar el protagonismo a los futbolistas, como ya intentó en el funeral de Johnny Hallyday y en otros momentos populares.
Logotipo del mundial
Yo me alegro mucho de que Francia haya ganado el Mundial, no sólo porque sea mi país de adopción sino también porque hace dos años les animé en la Eurocopa y perdieron como idiotas frente a un equipo tan mediocre como Portugal, el cual sólo ganó un partido en todo el campeonato: la final. Los bleus me debían una. A mí y a toda su gente. ¡¡¡Felicidades!!!
Eliminatorias llenas de errores
martes, 19 de junio de 2018
La Cerise
Antes de empezar con esta entrada, me gustaría pediros disculpas por el retraso en publicar. Durante este último mes, he tenido muchísimo trabajo: no era raro que llegase a casa a las 8 de la tarde con el tiempo justo de cenar, ocuparme de la casa e ir a dormir para, al día siguiente, volver a estar todo el día trabajando. Además una serie de cambios en mi vida me han tenido ocupada y ahora me toca retomar mi vida normal.
Para ello, nada mejor que salir a desayunar con Ilaria, mi amiga italiana de nacimiento pero brasileña de corazón. De casualidad, paseando por la rue Montorgueil, encontramos un centro social llamado La Cerise, un espacio multifuncional donde se ayuda a las personas sin hogar, se dan cursos de formación de todo tipo, se hacen intercambios culturales y de idiomas y se pueden emplear los espacios para reuniones y actividades.
Además, tienen una cafetería muy moderna y acogedora en la planta baja y una pequeña terraza regentadas por la señora Alix, una antigua periodista que recibe a los clientes con los brazos abiertos y una perenne sonrisa. Nada más entrar, nos pidió disculpas porque no le quedaban croissants y nos preguntó si alguna vez los habíamos probado. Al responder que no, se llevó las manos a la cabeza y nos dijo que ella servía los mejores croissants de París, así que agarró el bolso y se fue a comprarlos. Así pudimos degustar los famosos croissants además del pan de semillas con mantequilla y mermelada, el zumo y el café. Como Alix es una señora tan simpática y culta, nos estuvo preguntando si todo era a nuestro gusto y nos contó algunas historias sobre el barrio y la asociación muy interesantes.
Para ello, nada mejor que salir a desayunar con Ilaria, mi amiga italiana de nacimiento pero brasileña de corazón. De casualidad, paseando por la rue Montorgueil, encontramos un centro social llamado La Cerise, un espacio multifuncional donde se ayuda a las personas sin hogar, se dan cursos de formación de todo tipo, se hacen intercambios culturales y de idiomas y se pueden emplear los espacios para reuniones y actividades.
Además, tienen una cafetería muy moderna y acogedora en la planta baja y una pequeña terraza regentadas por la señora Alix, una antigua periodista que recibe a los clientes con los brazos abiertos y una perenne sonrisa. Nada más entrar, nos pidió disculpas porque no le quedaban croissants y nos preguntó si alguna vez los habíamos probado. Al responder que no, se llevó las manos a la cabeza y nos dijo que ella servía los mejores croissants de París, así que agarró el bolso y se fue a comprarlos. Así pudimos degustar los famosos croissants además del pan de semillas con mantequilla y mermelada, el zumo y el café. Como Alix es una señora tan simpática y culta, nos estuvo preguntando si todo era a nuestro gusto y nos contó algunas historias sobre el barrio y la asociación muy interesantes.
Patio
La entrada
Pan de semillas con mermelada de frambuesa y mantequilla
Zumo de manzana, café con leche y el que dicen que es el mejor croissant de París
Imágenes del techo
viernes, 20 de abril de 2018
Kintaro
Ya hace tiempo que tendría que haber publicado un artículo hablando de Kintaro, uno de los mejores restaurantes japoneses de París, tan rico que siempre tiene cola para entrar. Ya que me he puesto al día con algunos de mis restaurantes favoritos de París como Le Café de l'Industrie, el peniche Rosa Bonheur y Le Café des Livres, hoy le toca a Kintaro, más cantina para comer algo rápido que restaurante propiamente dicho.
El precio es muy asequible para la zona de París donde se encuentra y, con tanto movimiento de clientes, tenemos la seguridad se que los productos son frescos y los platos están recién hechos. Además la cocina es abierta al público lo cual tiene la ventaja de que vemos trabajar a los cocineros, una experiencia genial y muy entretenida, y el inconveniente de que salimos del lugar con la ropa y el pelo oliendo a fritanga, sobre todo, porque una de las especialidades de la casa son los empanados con panko. Abre todos los días en cocina non stop del mediodía hasta las 22:30 por lo que se puede ir allí en cualquier ocasión.
He ido dos veces en poco tiempo. La primera de ellas comí en la barra y la segunda en mesa. En la primera ocasión, elegimos algo rápido: un menú de pollo con salsa de la casa (toridon) y un menú de panceta de cerdo aromatizado al jengibre acompañado de arroz (shoga yaki). Rico, contundente y a buen precio, ¿qué más se puede pedir?
Aparte de lo gastronómico, otro de los placeres de esta cantina es que fue reformada hace muy poco y el local se ve muy limpio, moderno y cómodo. La cocina está a la vista y los clientes vienen y van constantemente sin obstáculos porque el espacio es un poco justo pero suficiente para pasar. Los camareros son muy amables y no pierden la sonrisa en ningún momento. Además, se nota que la gente sabe lo que come ya que no hay más que ver la destreza de algunos con los palillos.
El precio es muy asequible para la zona de París donde se encuentra y, con tanto movimiento de clientes, tenemos la seguridad se que los productos son frescos y los platos están recién hechos. Además la cocina es abierta al público lo cual tiene la ventaja de que vemos trabajar a los cocineros, una experiencia genial y muy entretenida, y el inconveniente de que salimos del lugar con la ropa y el pelo oliendo a fritanga, sobre todo, porque una de las especialidades de la casa son los empanados con panko. Abre todos los días en cocina non stop del mediodía hasta las 22:30 por lo que se puede ir allí en cualquier ocasión.
He ido dos veces en poco tiempo. La primera de ellas comí en la barra y la segunda en mesa. En la primera ocasión, elegimos algo rápido: un menú de pollo con salsa de la casa (toridon) y un menú de panceta de cerdo aromatizado al jengibre acompañado de arroz (shoga yaki). Rico, contundente y a buen precio, ¿qué más se puede pedir?
Menú Buta Shoga Yaki
Menú Toridon
Caso distinto fue unas semanas después en que mis amigos y yo teníamos tiempo para comer y nos pedimos postre y café. Mis amigos se decidieron por el toridon y yo me pedí el plato que había visto a una cliente del local mientras hacía cola en la calle: el gekikara ramen. Se trata de un cuenco enorme de sopa (tan grande que parecía un pozal) con un caldo de cerdo picante delicioso, picadillo de carne de cerdo especiada, hierbas y condimentos variados y los fideos en su punto exacto de cocción. Este guiso venía acompañado de arroz chahan salteado con cerdo, verduras, huevo y gambas y con gyozas de carne, los dos últimos a compartir con mis amigos. Seré sincera: mientras escribo esta líneas se me hace la boca agua al pensar en este plato pero es difícil de comer porque es picantísimo, está ardiendo y hay que emplear la cuchara para el caldo y la carne picada y, también, usar los palillos con destreza suficiente para comer los fideos sin salpicar en la blusa propia o ajena. Se necesita ser un gran aficionado a la comida picante, tiempo suficiente para comer un plato muy abundante con calma y habilidad para manejarse con una sopa con muchos ingredientes de diferentes tamaños dentro. Recomiendo pedir el arroz como guarnición porque ayuda a calmar el paladar y asentar el picante en el estómago y, además, está muy rico. Las gyozas son buenísimas y se nota que son caseras porque entran solas.
Gekikara ramen: repetiré
Para calmar el picor de mi paladar (no se había calmado del todo con la pinta de cerveza japonesa), pedí un flan de té verde y mi amigo, el goloso del grupo, jalea de café. El flan estaba bueno pero llevaba gelatina y no me gusta mucho. La jalea era un poco dulce para mi gusto pero no para el de mi amigo que se echa dos terrones de azúcar en el café. Repetiremos pronto y, en mi caso particular, volveré a pedir el ramen picante.
Flan de té matcha
Jalea de café
Aparte de lo gastronómico, otro de los placeres de esta cantina es que fue reformada hace muy poco y el local se ve muy limpio, moderno y cómodo. La cocina está a la vista y los clientes vienen y van constantemente sin obstáculos porque el espacio es un poco justo pero suficiente para pasar. Los camareros son muy amables y no pierden la sonrisa en ningún momento. Además, se nota que la gente sabe lo que come ya que no hay más que ver la destreza de algunos con los palillos.
Cocina abierta y la barra al lado
domingo, 15 de abril de 2018
Benvenuto Cellini: el espectáculo total
El pasado miércoles, mi compañera de piso y yo nos fuimos al teatro de la Bastilla a ver una ópera largamente esperada: Benvenuto Cellini del francés Hector Berlioz. Sé que no es muy conocida pero yo había oído hablar de esta representación con una nueva puesta en escena que está de gira por varios países de Europa y que por fin ha llegado a París.
La ópera cuenta algunos pasajes de la novelesca vida del escultor y orfebre Cellini que él mismo contó en su autobiografía como el homicidio de un hombre en una reyerta callejera (algo que él siempre negó), el encargo de la estatua de Perseo, su paso y huida de la cárcel y sus trifulcas con algunos artistas rivales. Aunque el libreto esté inspirado en hechos reales, hay cambios importantes en las fechas, lugares y personajes de la acción de modo que el encargo de la fastuosa estatua lo realiza el Papa Clemente VII en Roma y en 1532 cuando, en realidad, fue Cosme de Médici quien contrató al escultor el año 1545 y en Florencia, ciudad en la que todavía puede contemplarse la magnífica escultura. Para poner el contrapunto romántico, la acción incluye un amor prohibido con Teresa, la hija del tesorero papal, que también recibe las atenciones del escultor Fieramosca, rival en amores y en encargos artísticos del protagonista.
No menos atribulada fue la creación de la obra que vi en Bastille. Aunque cuenta con elementos de la Grand Opéra francesa como las escenas multitudinarias, la exhuberante orquestación y los temas basados en hechos reales, también tiene algunas características de la opéra comique con sus enredos amorosos, rivalidades y gracietas varias pero no se puede encuadrar en ninguno de los dos estilos. Berlioz arriesgó muchísimo al componerla, tanto que ningún teatro quiso producirla hasta que, por fin, en 1838, la Salle Le Pelletier se decidió a estrenarla. El propio Berlioz, otro gran ego como el de Cellini, no quedó del todo satisfecho y se refería a ella como una ópera que había "regurgitado" en París. La innovación de esta ópera fuera de las convenciones del momento, una música rompedora, incluso a ratos gamberra, y un tema poco conocido para el público la convirtieron en un fracaso absoluto en su estreno. Una década después, Franz Liszt, gran admirador de Berlioz, estrenó en Weimar una nueva versión de la misma que agrupaba los dos primeros actos en uno solo pasando de tres del original a dos. Ésta ha sido la versión más popular y la que se ha representado estos días en París aunque sigue siendo una obra desconocida y poco habitual en los teatros del mundo.
Como no hay dos sin tres, otro ego inmenso y artista genial se ha unido a esta obra para sacarla del olvido y darle un empaque y una presencia como pocas veces se ve en el mundo de la lírica. En 2014, la English National Opera encargó al actor y realizador Terry Gilliam, antiguo fundador y miembro del grupo cómico Monty Python, la puesta en escena y dirección artística de esta ópera. Se trata de su segunda incursión como escenarista ya que, unos años antes, la misma institución le había encomendado la realización de La Damnation de Faust, también de Berlioz. En esta ocasión, Gilliam aprovecha el hecho de que el primer acto se desarrolla durante el Carnaval para presentarnos una versión reducida del Circo del Sol: una troupe de acróbatas, malabaristas, trapecistas, contorsionistas, saltimbanquis, juglares y titiriteros que animaron la escena durante la larga obertura y los numerosos interludios del primer acto.
La decoración de los espacios era minimalista pero muy trabajada ya que las diferentes estructuras se iban moviendo para crear el interior y el exterior de la casa de Teresa y su padre Balducci. Especialmente llamativo fue el momento en que los amantes se escapan en un globo aerostático precioso o el momento en que aparece el Papa en una especie de sarcófago. La iluminación fue otro de los grandes aciertos de la puesta en escena acompañando los diferentes momentos cómicos o dramáticos, de acción o de recogimiento.
Más discreta resulta la segunda parte en que, ya entrados en el Miércoles de Ceniza, Roma se tranquiliza y Cellini se concentra en el trabajo de acabar la estatua de Perseo, tarea nada sencilla ya que su rival Fieramosca soborna a sus artesanos para que no cumplan con su trabajo y no tiene suficiente bronce para fundir la estatua de manera que recurre a sus útiles de escultor y otros enseres personales para finalizarla. Esto último fue real y Cellini tuvo que fundir algunas de sus pertenencias. Como es difícil describir la estética de un espectáculo, os recomiendo ver las imágenes y vídeos aquí. Como mi amiga y yo estábamos en la parte alta del teatro no nos perdimos detalle de la representación y eso que, en ocasiones, no sabíamos ni dónde mirar con tantas cosas que pasaban en el escenario.
La crítica ha sido muy dura con esta escenificación. Resulta raro dado que no sólo ha tenido un gran éxito de crítica y público allí donde se ha representado sino que ha recibido numerosos premios. A los críticos les ha resultado especialmente desagradable la parte más cómica y gamberra de la obra. Yo creo que no han escuchado bien la música: hay momentos en que parece que Berlioz nos toma un poco el pelo con sus repeticiones y sus contrastes entre agudos y graves. La música es divertida y fresca, ¿por qué no podría serlo también la interpretación? Creo que se han tomado la obra demasiado en serio y han olvidado que es una comedia. El público, por suerte, estaba encantado y rió, aplaudió y braveó, en especial, al final. Tanto los artistas circenses como los actores del teatro fueron muy aplaudidos.
También lo fue la orquesta, dirigida por Philippe Jordan con mano de hierro: muy vehemente y enérgico como siempre. Como ya es costumbre en la Bastille, el coro estuvo fenomenal. Destaca especialmente la versatilidad ya que esta ópera es 100% cómica y las obras que he visto aquí hasta ahora tenían una gran carga dramática. Los cantantes supieron amoldarse a sus papeles. Por parte de los solistas, cabe destacar el tenor John Osborn que está representando el papel titular de la ópera desde el inicio de este proyecto hace cuatro años. El americano tiene una voz ligera y dúctil con imponentes agudos que va muy bien con el personaje y su pronunciación del francés es excelente. Muy bien cantado el papel de Teresa por Pretty Yende que, además, sacó a relucir su vis cómica en este personaje de mujer decidida que no se pliega a los deseos de su padre. Muy destacable el Ascanio de la mezzosoprano Michèle Losier, un rol en travesti corto pero con gran lucimiento vocal. En un nivel inferior, estuvieron el Fieramosca (Audun Iversen) y el Balducci (Maurizio Muraro) quizá un poco cortos de voz para una sala tan grande pero bien en la caracterización de sus personajes. El resto del reparto, muy bien, destacando el Papa de Marco Spotti que le permitió mostrar su dominio del resonador de pecho en las notas graves.
Me siento especialmente satisfecha de haber visto esta representación por dos motivos. El primero es personal: yo tenía muchas ganas de ver esta ópera con esta escenografía desde que supe de su existencia cuando se presentó en el Liceo de Barcelona a finales de 2015 y, para ir, convencí a mi compi de piso que ya llevaba años sin ver una ópera porque vivió malas experiencias cuando fue abonada del Teatro Real de Madrid en la época en que Mortier era el Director. Mi amiga salió encantada y reconciliada con este arte y yo estaba muy contenta de haberme divertido mucho. El segundo motivo es artístico: la ópera nació como un espectáculo muy completo de música, danza, canto, teatro, efectos especiales... Pues bien, ante el minimalismo mal entendido de algunas escenografías actuales, me ha encantado que Terry Gilliam recuperase esta idea primitiva de la ópera como arte total incluyendo, además de los elementos anteriores, el circo. Por el mismo precio, vimos varios espectáculos en uno. También es muy importante comprobar que ha recuperado la esencia multidisciplinar sin necesidad de cambiar ni inventarse la historia como hacen otros realizadores. Al revés, cada detalle visual hacía referencia a la trama. Se ve que no sólo él y su equipo han leído el libreto a conciencia sino que se han aprendido la música. Bravo por todos ellos.
El programa de mano
La ópera cuenta algunos pasajes de la novelesca vida del escultor y orfebre Cellini que él mismo contó en su autobiografía como el homicidio de un hombre en una reyerta callejera (algo que él siempre negó), el encargo de la estatua de Perseo, su paso y huida de la cárcel y sus trifulcas con algunos artistas rivales. Aunque el libreto esté inspirado en hechos reales, hay cambios importantes en las fechas, lugares y personajes de la acción de modo que el encargo de la fastuosa estatua lo realiza el Papa Clemente VII en Roma y en 1532 cuando, en realidad, fue Cosme de Médici quien contrató al escultor el año 1545 y en Florencia, ciudad en la que todavía puede contemplarse la magnífica escultura. Para poner el contrapunto romántico, la acción incluye un amor prohibido con Teresa, la hija del tesorero papal, que también recibe las atenciones del escultor Fieramosca, rival en amores y en encargos artísticos del protagonista.
El reparto al completo sale a saludar
No menos atribulada fue la creación de la obra que vi en Bastille. Aunque cuenta con elementos de la Grand Opéra francesa como las escenas multitudinarias, la exhuberante orquestación y los temas basados en hechos reales, también tiene algunas características de la opéra comique con sus enredos amorosos, rivalidades y gracietas varias pero no se puede encuadrar en ninguno de los dos estilos. Berlioz arriesgó muchísimo al componerla, tanto que ningún teatro quiso producirla hasta que, por fin, en 1838, la Salle Le Pelletier se decidió a estrenarla. El propio Berlioz, otro gran ego como el de Cellini, no quedó del todo satisfecho y se refería a ella como una ópera que había "regurgitado" en París. La innovación de esta ópera fuera de las convenciones del momento, una música rompedora, incluso a ratos gamberra, y un tema poco conocido para el público la convirtieron en un fracaso absoluto en su estreno. Una década después, Franz Liszt, gran admirador de Berlioz, estrenó en Weimar una nueva versión de la misma que agrupaba los dos primeros actos en uno solo pasando de tres del original a dos. Ésta ha sido la versión más popular y la que se ha representado estos días en París aunque sigue siendo una obra desconocida y poco habitual en los teatros del mundo.
¡Qué bonita está la plaza de la Bastilla cuando hace sol!
Como no hay dos sin tres, otro ego inmenso y artista genial se ha unido a esta obra para sacarla del olvido y darle un empaque y una presencia como pocas veces se ve en el mundo de la lírica. En 2014, la English National Opera encargó al actor y realizador Terry Gilliam, antiguo fundador y miembro del grupo cómico Monty Python, la puesta en escena y dirección artística de esta ópera. Se trata de su segunda incursión como escenarista ya que, unos años antes, la misma institución le había encomendado la realización de La Damnation de Faust, también de Berlioz. En esta ocasión, Gilliam aprovecha el hecho de que el primer acto se desarrolla durante el Carnaval para presentarnos una versión reducida del Circo del Sol: una troupe de acróbatas, malabaristas, trapecistas, contorsionistas, saltimbanquis, juglares y titiriteros que animaron la escena durante la larga obertura y los numerosos interludios del primer acto.
Imágenes de la carnavalesca puesta en escena
La decoración de los espacios era minimalista pero muy trabajada ya que las diferentes estructuras se iban moviendo para crear el interior y el exterior de la casa de Teresa y su padre Balducci. Especialmente llamativo fue el momento en que los amantes se escapan en un globo aerostático precioso o el momento en que aparece el Papa en una especie de sarcófago. La iluminación fue otro de los grandes aciertos de la puesta en escena acompañando los diferentes momentos cómicos o dramáticos, de acción o de recogimiento.
Más discreta resulta la segunda parte en que, ya entrados en el Miércoles de Ceniza, Roma se tranquiliza y Cellini se concentra en el trabajo de acabar la estatua de Perseo, tarea nada sencilla ya que su rival Fieramosca soborna a sus artesanos para que no cumplan con su trabajo y no tiene suficiente bronce para fundir la estatua de manera que recurre a sus útiles de escultor y otros enseres personales para finalizarla. Esto último fue real y Cellini tuvo que fundir algunas de sus pertenencias. Como es difícil describir la estética de un espectáculo, os recomiendo ver las imágenes y vídeos aquí. Como mi amiga y yo estábamos en la parte alta del teatro no nos perdimos detalle de la representación y eso que, en ocasiones, no sabíamos ni dónde mirar con tantas cosas que pasaban en el escenario.
Estábamos muy arriba así que lo vimos todo
La crítica ha sido muy dura con esta escenificación. Resulta raro dado que no sólo ha tenido un gran éxito de crítica y público allí donde se ha representado sino que ha recibido numerosos premios. A los críticos les ha resultado especialmente desagradable la parte más cómica y gamberra de la obra. Yo creo que no han escuchado bien la música: hay momentos en que parece que Berlioz nos toma un poco el pelo con sus repeticiones y sus contrastes entre agudos y graves. La música es divertida y fresca, ¿por qué no podría serlo también la interpretación? Creo que se han tomado la obra demasiado en serio y han olvidado que es una comedia. El público, por suerte, estaba encantado y rió, aplaudió y braveó, en especial, al final. Tanto los artistas circenses como los actores del teatro fueron muy aplaudidos.
El director de orquesta Philippe Jordan
También lo fue la orquesta, dirigida por Philippe Jordan con mano de hierro: muy vehemente y enérgico como siempre. Como ya es costumbre en la Bastille, el coro estuvo fenomenal. Destaca especialmente la versatilidad ya que esta ópera es 100% cómica y las obras que he visto aquí hasta ahora tenían una gran carga dramática. Los cantantes supieron amoldarse a sus papeles. Por parte de los solistas, cabe destacar el tenor John Osborn que está representando el papel titular de la ópera desde el inicio de este proyecto hace cuatro años. El americano tiene una voz ligera y dúctil con imponentes agudos que va muy bien con el personaje y su pronunciación del francés es excelente. Muy bien cantado el papel de Teresa por Pretty Yende que, además, sacó a relucir su vis cómica en este personaje de mujer decidida que no se pliega a los deseos de su padre. Muy destacable el Ascanio de la mezzosoprano Michèle Losier, un rol en travesti corto pero con gran lucimiento vocal. En un nivel inferior, estuvieron el Fieramosca (Audun Iversen) y el Balducci (Maurizio Muraro) quizá un poco cortos de voz para una sala tan grande pero bien en la caracterización de sus personajes. El resto del reparto, muy bien, destacando el Papa de Marco Spotti que le permitió mostrar su dominio del resonador de pecho en las notas graves.
John Osborn
Pretty Yende
Me siento especialmente satisfecha de haber visto esta representación por dos motivos. El primero es personal: yo tenía muchas ganas de ver esta ópera con esta escenografía desde que supe de su existencia cuando se presentó en el Liceo de Barcelona a finales de 2015 y, para ir, convencí a mi compi de piso que ya llevaba años sin ver una ópera porque vivió malas experiencias cuando fue abonada del Teatro Real de Madrid en la época en que Mortier era el Director. Mi amiga salió encantada y reconciliada con este arte y yo estaba muy contenta de haberme divertido mucho. El segundo motivo es artístico: la ópera nació como un espectáculo muy completo de música, danza, canto, teatro, efectos especiales... Pues bien, ante el minimalismo mal entendido de algunas escenografías actuales, me ha encantado que Terry Gilliam recuperase esta idea primitiva de la ópera como arte total incluyendo, además de los elementos anteriores, el circo. Por el mismo precio, vimos varios espectáculos en uno. También es muy importante comprobar que ha recuperado la esencia multidisciplinar sin necesidad de cambiar ni inventarse la historia como hacen otros realizadores. Al revés, cada detalle visual hacía referencia a la trama. Se ve que no sólo él y su equipo han leído el libreto a conciencia sino que se han aprendido la música. Bravo por todos ellos.
Los artistas saludan al público
lunes, 5 de marzo de 2018
Fitbit: la media maratón de París
Lo que se hace por los amigos. Un día muy lluvioso, un frío que pela, un bosque lleno de barro, miles de personas viendo una competición deportiva amateur... Pero nada nos amilanó. Un amigo participaba en la media maratón de este domingo y una amiga y yo decidimos ir a darle ánimos. Nos levantamos muy temprano un domingo, nos pusimos de barro hasta las rodillas caminando por la Bois de Vincennes hasta que llegamos a un lugar cercano a la meta, soportamos la lluvia incesante y los empujones de otros espectadores, estuvimos esperando un buen rato hasta que vimos pasar a nuestro amigo (el pobre ha estado lesionado y su marca personal fue peor de lo que había previsto) y después tuvimos que recorrer otra vez el camino pero en sentido de vuelta para ir a comer algo.
Como siempre en estos casos, hubo algún lesionado, mucha gente cansada y una medalla para todos aquellos de los 45.000 participantes que llegaron a la meta, incluído nuestro amigo.
Como siempre en estos casos, hubo algún lesionado, mucha gente cansada y una medalla para todos aquellos de los 45.000 participantes que llegaron a la meta, incluído nuestro amigo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)










































