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miércoles, 8 de noviembre de 2017

Temporada española y III: Mariano Fortuny

Etapa final de la temporada dedicada a la moda española en el museos municipales de París. Si primero vimos el lado de la alta costura, de la mano de Balenciaga, y después la indumentaria tradicional, ahora ha tocado una exposición en el Palais Galliera a un representante muy especial de la moda industrial: Mariano Fortuny. Ingeniero, diseñador, pintor (como su padre del mismo nombre) e industrial, Fortuny nació en Granada en 1871 pero se trasladó de niño a Venecia con su madre viuda y sus hermanos en 1888, ciudad en la que años más tarde comenzaría su actividad en el diseño de moda e instalaría su empresa.

Vestidos Delphos (izquierda) y Eleonora (derecha)
Vestido Delphos que perteneció a Oona Chaplin y a su hija Geraldine

En primer lugar, Fortuny dedicó sus esfuerzos a mejorar las técnicas de estampación de tejidos pero pronto se introduciría en la investigación de los mismos y patentó un género de tela de seda plisado ondulado con el que confeccionaría su pieza más conocida e icónica: el vestido Delphos, la gran estrella de esta muestra y todo un hito en la historia de la moda. Recientemente, esta prenda revolucionaria ha recuperado la fama gracias a la popular novela El tiempo entre costuras de María Dueñas. No es para menos ya que se trata de una túnica inspirada en la ropa de la Grecia clásica, de ahí el nombre, realizada con un trozo de seda plisada, larga, rectangular y ondulada que llega hasta los pies. Se entallaba con un fajín de seda decorada o con una cinta de cuentas de cristal de Murano, las cuales también decoraban las costuras laterales del vestido. Solía tener pocas variantes en cuanto a formas: el escote podía ser redondo o de pico, tener mangas más o menos largas o no llevar mangas en absoluto o estar formado por una sola pieza (vestido) o por dos (túnica y falda) pero había una gran variedad de colorido. Teóricamente se llevaba sin ropa interior ya que se ajustaba al cuerpo como una segunda piel y permitía, y demandaba, una completa libertad de movimientos a la portadora.

Abrigo cruzado de terciopelo y tafetán de seda
Vestido de tafetán de seda con dibujos inspirados en la cerámica cretense: dichos dibujos representan grifos y son los mismos que los del velo Knossos
También hay otras piezas importantes en la carrera del diseñador como Eleonora, en este caso inspirado en la Edad Media, que consiste en un vestido de corte princesa realizado en terciopelo de seda, lino o algodón, con mangas amplias cortas o largas. El largo de la falda puede ser hasta el suelo o acabado en cola. Lo más interesante de este diseño son los maravillosos dibujos inspirados en la Persia sasánida y en los tejidos italianos del siglo XIV.

Abaya (izquierda) y capa (derecha) de terciopelo

Pero no acaban aquí las influencias oriental y medieval: Fortuny coleccionaba todo tipo de tejidos antiguos, así como cerámica y armas de diferentes épocas y lugares. Todos estos objetos magníficos daban alas a su creatividad pero su formación de ingeniero industrial le llevaba a superar los procesos artesanales mediante el desarrollo de técnicas innovadoras para el estampado y bordado de las prendas. También el corte de las mismas se ve marcado por la ropa de lugares exóticos. Así vemos en la exposición túnicas, chilabas, abayas, casacas, capelinas y hasta kimonos creados por Fortuny reinventado formas, colorido y decoración con el buen gusto y la delicadeza que le eran inherentes.

Capa corta con capucha de terciopelo de inspiración persa
Chaqueta de seda roja y dorada, lazos de satén azules y bordados en hilo metálico confeccionada con una falda china del siglo XIX

Todo el recorrido de la muestra está lleno de piezas únicas y maravillosas como el pañuelo Knossos en varios colores, una tradicional capa española negra y dorada, tejidos creados para los almacenes Babani y para la diseñadora Jeanne Lanvin, a la que este mismo museo ya dedicó una exposición. El granadino cuidaba hasta el más mínimo detalle en la creación y venta de sus productos de modo que también podemos encontrar las cajas de madera en que se enviaba el vestido Delfos, las témperas que Fortuny patentó y las planchas que empleaba su taller para los estampados.

El vestido Delphos se enrollaba y se enviaba a las clientas en una caja de madera tallada a mano
Vestido Delphos de la actriz Julia Bartet

Además de la belleza de las prendas, hay que destacar lo bien montada que está exposición y lo bonito de la decoración que, a ratos, parece que se trate de una escenografía de teatro. Hay baúles con muestras de tejidos, pinturas del propio Fortuny, accesorios y complementos, un enorme sofá tapizado en telas suntuosas para sentarse a escuchar música, objetos personales y cartas del diseñador, cuadernos del registro mercantil y una selección de vestidos de modistos posteriores (Valentino, Kenzo, María Monaci Galenga, entre otros) influidos por el buen hacer de Fortuny.

Al igual que su padre, Fortuny también pintaba

martes, 22 de agosto de 2017

Temporada española II: Vestidos tradicionales

Continuamos con nuestro recorrido de la temporada española de la moda organizada por Paris Musées, la entidad que gestiona los museos municipales de París. Si ya vimos la exposición de Balenciaga que representa la alta costura, en la Maison Victor Hugo se ha organizado la muestra dedicada a la indumentaria tradicional de las diferentes regiones de España. El lugar elegido para la exposición no es casual ya que Victor Hugo pasó su infancia en Madrid, a donde su padre, general del Ejército francés, había sido destinado por Napoleón para prestar servicio a su hermano José Bonaparte, a quien había coronado como rey de España. "Amo profundamente España. Me considero casi uno de sus hijos" afirmaba el escritor. Su gusto por el arte español le llevó a adquirir varias obras de pintores españoles como algunos grabados de Goya y algunas pinturas del taller de Velázquez. La influencia de la cultura española también fue una constante en su obra, sobre todo, en la teatral: Ruy Blas, Inés de Castro, Hernani... son algunas de las obras de tema español, tan dramáticas y apasionadas que algunas se convirtieron en óperas.

Al hilo de esta circunstancia, hasta el 24 septiembre, la Maison se ha convertido en la sede de la exposición Trajes españoles: entre luz y sombra, la segunda de la trilogía que la red de museos municipales dedica este año a la moda española. Además de una importante selección de trajes de diferentes lugares de la geografía española, también hay una muestra de joyas, zapatos (incluidos zuecos) y otros accesorios. Todos los estilos están representados: la sobriedad de los recios tejidos de los trajes extremeños y del Pirineo aragonés, los más coloristas y barrocos trajes de lagarterana (Toledo) o de la costa mediterránea y también el estilo manierista de los trajes de "majos" de Madrid, el vestuario de los aristócratas madrileños inspirado en la ropa de las clases populares, que evolucionó hacia el traje de luces de los toreros, en los hombres, y en el vestido de manola, en las mujeres.

El interés de esta exposición no reside solamente en la belleza de las piezas expuestas, también nos acompañan en el recorrido las fotografías costumbristas de José Ortiz Echagüe. Os recomiendo completamente la visita y os enseño unas cuantas fotos.


 Trajes de la comarca de Aliste en Zamora
 Traje masculino de Mallorca y femenino de Ibiza en las Islas Baleares
 Madreñas (zuecos) del Valle del Pas en Cantabria
 Trajes de majos de Madrid
 Traje masculino del Valle de Hecho y conjunto femenino del Valle de Ansó, ambos en Huesca
Fotografía de José Ortiz Echagüe

miércoles, 28 de junio de 2017

Temporada española I: Balenciaga. Todo al negro

Los museos de la villa de París han decidido acercarnos algo de la tradición de la moda española. Empezamos el recorrido por la alta costura con el vasco Cristobal Balenciaga y su taller, continuaremos con indumentaria popular tradicional española y, para el otoño, visitaremos una exposición dedicada al pintor, ingeniero y modisto Mariano Fortuny hijo del célebre pintor del mismo nombre.

Hasta el 16 de julio, se puede ver esta exposición del maestro Balenciaga en el precioso Museo Bourdelle. En concreto, la muestra se centra en sus creaciones en color negro ya que todas las prendas exhibidas fueron concebidas y creadas en negro excepto una, en color marrón. Quiero destacar la dificultad de hacer fotos en un ambiente tan poco iluminado en el que todos los vestidos y complementos son negros y, generalmente, están expuestos sobre fondo también negro.


Hay bastantes indicaciones sobre la forma de trabajar, casi escultórica, del modisto vasco. Sobre la tela, dibujaba las líneas para los cortes y frunces y marcaba con hilo blanco los futuros pliegues y dobleces. Aunque usaba patrones clásicos, de hecho era un gran coleccionista de vestidos antiguos, los renovaba con sus reinterpretaciones y con la influencia de las vanguardias artísticas del momento. De ahí, su progresión hacia la geometría propia del cubismo y la independencia del vestido hacia el cuerpo que viste como un ejercicio de abstracción. Balenciaga introdujo varias innovaciones en el corte y confección como los cuellos al pliegue en los abrigos, es decir, sin pie, sino nacidos de un pliegue de la tela y cortados al bies por una ondulación de manera que despejan la nuca y enmarcan el cuello pero se mantienen lejos de él. Se trata del precedente de los cuellos corola, desbocados, etc...



La costura no fue la única innovación del guipuzcoano, también la naturaleza de las telas. En la exposición, hay un apartado dedicado a los gazar y zagar, dos tejidos creados por la empresa textil suiza Abraham a petición del propio Balenciaga y que son etéreos, holgados e impetuosos, difíciles de trabajar pero que permiten una creatividad nueva hasta entonces.


Precisamente, su maestría para la costura le hizo adaptar la técnica a cada tejido: el empleo de fruncidos, jaretas, drapeados... servía para crear diferentes efectos de volúmenes y sombras y enmarcar detalles como la cintura, el escote, los puños, etc...También era un experto en la utilización de brocados, lentejuelas y pasamanería (adoptadas de la tradición taurina) así como tejidos de plástico, a partir de 1960,  como una segunda piel del vestido. Estos tejidos le permitían un contraste de luces y sombras que le encantaba y que se repite a lo largo de su carrera de diversas maneras. No rehuía tampoco el uso de transparencias y encajes, tan típicos del vestuario tradicional español, aunque los aplicaba comprimidos y fruncidos para no caer en la caricatura y para jugar con el volumen de estos tejidos a pesar de su ligereza o, precisamente, partiendo de ella. Además, creaba juegos de luces con su transparencia y opacidad, del mismo modo que creaba con ellos una estructura como una tela de araña.


Ya casi al final de la muestra, se nos explica la diferencia de dos palabras latinas para denominar el negro: niger (negro brillante para la fiesta) y ater (negro mate para los duelos). Nuevamente, gracias a estos dos tipos de negro, se repite el efecto de luces y sombras con la contraposición de los diferentes tejidos (sedas y satenes frente a terciopelos o lanas) para dar luz a la oscuridad. Tal era su obsesión con el no-color que lo emplea también en sus accesorios como sombreros y tocados, bolsos y bisutería, incluso las toiles, telas de patrones, son negras, cuando normalmente son blancas o de color ocre.



Pero no acaba aquí la búsqueda de contrastes: la exposición también cuenta con algunas prendas con detalles en blanco o en rosa que dan un contraste diferente al negro. Se trata de una enorme paradoja ya que se trata de vestidos en negro brillante con decoración en blanco mate aplicada en los cuellos o puños, al estilo de las gorgueras y puñetas clásicas españolas, es decir, la luz no proviene del blanco como sería lo lógico sino del negro. En el caso del rosa, los tonos más intensos como el fucsia toman protagonismo en los detalles mientras los tonos más apagados o empolvados se usan para el organdí que sirve de base a los encajes.



lunes, 26 de junio de 2017

Dalida: el vestuario de una gran artista

En Francia dicen que los únicos lugares que están frescos cuando hace un calor insoportable son los museos y las iglesias y, lo primero, no siempre es cierto. Pasar una ola de calor en un lugar tan contaminado y en el que las aceras están asfaltadas como París es una verdadera tortura del que ya he hablado en alguna ocasión. Es como estar dentro de un horno o en una parrilla en la que los pies se quedan pegados al caminar. A esto hay que sumar el hecho de que en los transportes públicos la climatización no está encendida y, si lo está, no importa porque la gente abre las ventanas.

Huyendo de una oleada de viento cálido que parecía provenir de una estufa, entré en el Palais Galliera, museo dedicado a la moda, para ver la exposición dedicada al vestuario de la cantante y actriz Dalida que se puede visitar hasta el 13 de agosto. Vecina de Montmartre, Dalida fue una mujer que lo tuvo todo, salvo la felicidad: éxito, belleza, talento, dinero, amor, amigos, colaboradores importantes, proyectos profesionales de primera línea, un hijo... pero el 3 de mayo de 1987 decidió quitarse la vida. Fue la primera persona que recibió un disco de diamante por las ventas de sus discos, más de 125 millones en total. Pero no sólo fue una cantante de  éxito, también triunfó como actriz en el cine y la televisión y como modelo.

En la exposición se repasa el vestuario que la diva usaba en sus espectáculos y sus actos de promoción pero también para su vida cotidiana. Hay que remarcar que además de la elegancia y la clase personal, Dalida tenía una figura excepcional (de joven fue elegida fue Miss Egipto) lo que la convirtió en un icono de belleza y moda de la época. Aquí podemos ver los preciosos vestidos de fiesta, la elegante ropa de día para encuentros con periodistas y presentaciones de sus trabajos y, por supuesto, el impactante vestuario de sus actuaciones. Os dejo con algunas fotografías.









viernes, 6 de enero de 2017

Avedon en la BNF

Muchos meses antes de que se inaugurara esta exposición, yo ya quería verla y, como soy socia de la Biblioteca Nacional desde hace dos años, tengo la entrada gratis a sus exposiciones. Se trata de una retrospectiva del trabajo de Avedon, principalmente, el desarrollado en Francia.

El recorrido empieza con una sala con enormes fotografías de la película Funny Face (Una cara con ángel en España) de la que fue consultor visual y gracias a la que nos dejó un montón de preciosas fotografías protagonizadas por Audrey Hepburn y realizadas en algunos de los sitios más icónicos de París: el Arco del Carrousel, la Ópera de París, el Louvre...

En otras salas, hay imágenes del mundo de la moda y el diseño como posados de modelos con impresionantes vestidos de Dior o Givenchy o fotografías de desfiles y editoriales de moda así como retratos de personalidades importantes como la supermodelo de la época, Suzy Parker, o la directora de la revista Harper's Bazaar, Carmel Snow. Precisamente para esta revista, Avedon realizó algunas de sus más celebradas colaboraciones. Aquí vemos fotografías de reportajes y campañas de publicidad para las marcas de moda, cosmética y perfumería del momento: elegantes, vistosas, impactantes... con una clase y un encanto que, por desgracia, se han perdido.

Continuando la visita, hay una enorme sala de retratos en blanco y negro de ilustres franceses y extranjeros residentes en el país como Coco Chanel, Pablo Picasso, Rudolf Nuyerev (completamente desnudo y en plano frontal), Jeanne Moreau, Marguerite Duras o Catherine Deneuve. A continuación, hay otra sala en la que se aprecia el trabajo de Avedon como productor y asesor para el libro de su colega Lartigue. Para completar la exposición, aparecen algunas de las mejores portadas de la revista Egoïste para la cual trabajó en los años 80 y que le devolvió la inspiración que creía perdida. En ellas, se muestra una imagen más profunda e introspectiva de los personajes fotografiados.

Folleto de la exposición

Ejemplares de la revista Harper's Bazaar

domingo, 31 de enero de 2016

La semana de la Alta Costura de París

Del 24 al 28 de enero pasados se celebró uno de los acontecimientos más esperados de París: la semana de la Alta Costura. Aunque llego tarde a la noticia (no tengo la suerte de poder acudir a los desfiles así que tampoco podría contar nada interesante de ellos) sí me gustaría comentar qué es la alta costura y por qué la de París es la única del mundo.

Los ingleses crearon la industria textil durante la revolución industrial, los italianos reinventaron el diseño en la época posterior a la Segunda Guerra Mundial y los neoyorkinos mercantilizaron el concepto de la moda. Pero los franceses siguen siendo los reyes del lujo. La alta costura no es un conjunto de desfiles con famosas en primera fila sino todo lo contrario: muy pocas celebridades se presentan en esta semana a dejarse ver. Por el contrario, quienes se sientan en los desfiles son compradoras y, muchas veces, ni siquieran vienen ellas sino que mandan a sus asistentes o estilistas. Dicen que sólo hay unos cientos de mujeres que compran este tipo de productos, tal vez unos pocos miles. En cualquier caso, la alta costura es lujo, exclusividad, imaginación y mucho, mucho trabajo.

Christian Dior presentó su colección en el Museo Rodin

Alta costura es cualquier prenda o complemento confeccionado y realizado en exclusiva para una persona y hecho completamente a mano con tejidos y materiales de lujo. De esta manera, un vestido realizado a mano por un diseñador, en exclusiva para una clienta, también será alta costura pero para participar en este evento hace falta mucho más. Aquí sólo pueden desfilar las marcas registradas en la Cámara Sindical de la Costura pertenenciente a la Federación Francesa de la Costura. Eso no significa que sólo puedan desfilar franceses: de hecho, cada vez hay más firmas extranjeras que desfilan en esta semana, algunas de ellas invitadas por la organización. La primera Cámara Sindical de la Costura y la Confección fue creada en 1858 por varios modistos que pretendían proteger sus diseños de las copias que otros realizaban. La peculiaridad de estos creadores es que no esperaban a tener una clienta para realizar un modelo sino que ellos creaban colecciones enteras de ropa y complementos que mostraban en desfiles a sus posibles compradoras. Una vez allí, éstas decidían el modelo que deseaban adquirir, el color, los tejidos y los detalles decorativos para personalizarlo a su gusto. El primero que utilizó esta forma de trabajar fue un inglés llamado Charles Frederick Worth que tenía su taller en París y que vendía sus diseños a clientas tan distinguidas como la emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón III de Francia, la emperatriz Isabel (Sissi) de Austria o grandes artistas como Sarah Bernhardt, Lillie Langtrie, Nellie Melba o Jenny Lind. Es por esto que se le considera el padre de la alta costura parisina. Y aunque hay otras ciudades del mundo donde también se celebran desfiles de alta costura, ninguna tiene la historia ni los requisitos que se exigen en París. De hecho, haute couture y couturier son denominaciones jurídicas protegidas por el Ministerio de Industria francés por eso no las puede usar cualquiera, tan sólo aquellos que cumplen las estrictas normas de la Cámara. Por otra parte, no todos los que las cumplen deciden crear alta costura y, mucho menos, desfilar. Ante los elevadísimos costes de producir dos colecciones de alta costura al año (primavera-verano y otoño-invierno), cada cierto tiempo llegan noticias de algún diseñador que ya no va crear más alta costura. En realidad, las marcas de moda ya no pertenecen a los diseñadores sino a grandes conglomerados empresariales que son quienes deciden la política a seguir. Como la alta costura no da beneficios por su propia naturaleza (entre 100 y 200 vestidos al año), los grandes capitalistas de la moda no quieren continuar con este negocio y prefieren invertir los ingentes recursos que conllevan estas colecciones en las líneas de negocio más rentables como el prêt-à-porter, complementos, marroquinería, joyería y, sobre todo, perfumería y cosmética.

 La Ópera Garnier fue el lugar elegido para el desfile de moda masculina de Dries van Noten

Como hemos visto antes, las condiciones para ser miembro de la Cámara son bastante difíciles de cumplir por eso cada año hay menos marcas inscritas en ella. Insisto en que la verdadera alta costura es un gran espectáculo y una preciosa carta de presentación de las empresas pero no es rentable. Las propias características del concepto lo convierten en inviable económicamente.

La primera de estas peculiaridades es la exclusividad ya que los diseños son hechos a medida para las clientas, es decir, además del modelo que se ve en la pasarela, se hace otro para la compradora y nada más. No se pueden hacer más unidades de un modelo determinado. La persona que adquiera la prenda tendrá derecho a tres citas con el taller para asentarla perfectamente a sus medidas. La exclusividad no sólo se refiere al diseño acabado sino también a los elementos que lo componen como los tejidos y materias primas. Los diseñadores crean una tela con unos dibujos, acabados, texturas, etc... y la encargan a su fabricante quien tiene prohibido comercializarlo a otras marcas y modistos durante varios años (estas condiciones están minuciosamente reguladas). Otro tanto para decoraciones como plumas, encajes, pedrerías... y todo aquello que salga de la imaginación del creador. Tanto es así que, antes de pasar a coser el modelo final, los diseñadores realizan unos prototipos llamados glasillas, con materiales más baratos como algodón, lino o incluso papel, del modelo. Los motivos son dos: no desperdiciar las lujosas y singulares telas y mantener el secretismo sobre la colección porque así evitan que las maniquíes sobre la que prueban el diseño pueda conocer todos los detalles del mismo y filtrar la información.

La segunda nota a tener en cuenta es el trabajo manual. Todo, todo, todo se hace a mano. Las únicas herramientas empleadas en la confección son las mismas que se usaban hace siglos: tijeras, agujas, pinceles... no hay nada mecánico. Hasta el último milímetro de tejido o accesorio está hecho a mano. Y no por cualquier mano. El preciosismo de los diseños exige unos artesanos bien formados, con un nivel técnico altísimo y con una destreza manual importante llamados en el argot, petites mains. No hay muchos que puedan desempeñar este trabajo y me imagino (y espero) que su salario se corresponda con su pericia y profesionalidad. Precisamente una de las obligaciones de las firmas de moda es que estos talleres artesanales con los que trabajan deben estar situados en París y tienen que emplear a un mínimo de 20 personas durante todo el año. Como una imagen vale más que mil palabras podéis ver un vídeo aquí que muestra el trabajo de las costureras, auténticas artistas, de Chanel.

Esto me lleva a la tercera circunstancia, ciertos deberes de organización y trabajo para obtener un resultado final. Como la alta costura está protegida por ley, este resultado deben ser dos presentaciones al público (los famosos desfiles) al año, con 25 diseños de día y 25 de noche, celebradas en edificios singulares de París como museos, hoteles o el Grand Palais. A diferencia de una feria normal o de algunas pasarelas de moda, la Semana de la Alta Costura no se puede realizar en un recinto ferial concreto elegido por el organizador de la muestra sino que cada firma elige el lugar que quiere, a cuál más bonito, y monta en él la escenografía que desea. Además de los archiconocidos desfiles de alta costura femenina que despiertan tanta expectación, hay un día dedicado a los desfiles de alta costura masculina (sí, también existe). Aparte de las marcas de ropa, también realizan sus presentaciones en esta semana varias firmas de complementos y de joyas que, por supuesto, también tienen sus propias normas reguladas por la Cámara.


Versace montó un espacio cerrado en la plaza Vendôme

Y si en la alta costura hay una reina, ésa es Chanel. La maison por excelencia, la marca que modernizó el lujo, la empresa de la revolucionaria de la moda. Decir Chanel es decir lujo y elegancia pero también independencia. La gran dama de la moda cambió por completo el concepto de la elegancia basándola en la sencillez de líneas y la pureza de los cortes, en rebeldía contra las mujeres de la época que, según ella, se vestían como pavos reales. Quería que las mujeres tuvieran libertad de movimientos y fueran independientes como ella misma. De ahí que fuera de las primeras en vestirlas con pantalones y en cortarles el pelo casi como los hombres; también sentó las bases del imprescindible traje de chaqueta y empezó a vender bisutería tan lujosa (casi) como la joyería. Pero Chanel también es independencia creativa y económica porque es la única, o de las pocas grandes firmas de moda, que no pertenece a un gran grupo empresarial. De ahí que sus decisiones no se tomen meramente desde el punto de vista mercantil, de hecho, Chanel no vende sus productos por internet, ni siquiera los cosméticos: imagino que la accesibilidad de un click no se corresponde con el concepto de lujo y exclusividad que representan. Por supuesto, los desfiles de alta costura de la marca son los más esperados y la marca es consciente de su poder de atracción y de su situación icónica dentro del sector. Su director creativo, Karl Lagerfeld lo tiene claro: «La alta costura pervivirá mientras Chanel siga en pie» dijo recientemente. Este año, el káiser de la moda se ha puesto ecológico y ha hecho desfilar a sus modelos por una pasarela realizada con productos reciclados y por una casa de madera 100% sostenible: una imagen muy escandinava y austera donde todo el barroquismo recaía en los diseños y en el Grand Palais que la albergaba. Maravillosas prendas en una puesta en escena elegante y bonita, sencilla en sus formas pero lujosa en sus detalles. Muy Chanel.

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La foto la he sacado de aquí


miércoles, 24 de junio de 2015

Empiezan las rebajas

Ha llegado el gran día que muchas, y muchos también, estábamos esperando. Hoy, 24 de junio, empiezan las rebajas, dos meses de reducción en los precios que hay que aprovechar como sea. Y, como todos los años, hay gente esperando desde antes de que los almacenes abran sus puertas. Que disfrutéis las rebajas como pienso hacerlo yo.

 



lunes, 22 de junio de 2015

El día de la música y de los padres

Este fin de semana han ocurrido muchas cosas importantes y hay dos que destacan sobre las demás. La primera es la fiesta de la Música: un evento en el que los barrios y ciudades se llenan de actuaciones musicales de todos los estilos. Un paseo por cualquier barrio de París es como estar en un festival pero sin tantas aglomeraciones y mucho más accesible.

 Cualquier lugar es bueno para tocar 

 Algunos disponen de un escenario para ellos solos

 Pero una esquina también está bien

 Incluso dentro de los bares y restaurantes había actuaciones

Este 21 de junio también se celebraba el día del Padre que siempre es el tercer domingo de junio. Aunque la invasión publicitaria ha sido mucho menor que la que hubo para el día de la Madre, que se celebró el último domingo de mayo, ha habido una campaña que me ha encantado y no he podido resistirme a subir las fotos.


Hasta el padre más oscuro del cine exige un regalo por su día


viernes, 1 de mayo de 2015

Jeanne Lanvin

Si ya os hablé de la exposición de Yves Saint Laurent y su polémica colección de alta costura de 1971, ahora toca hablar de la muestra retrospectiva dedicada a Jeanne Lanvin, una de las grandes creadoras de moda de principios del siglo XX, la época dorada de la moda parisina. El Palais Galliera dedica una muestra a la diseñadora en la que se recogen algunas de sus piezas mas importantes provenientes de la propia firma y de colecciones privadas. Como ventaja, hay que decir que la entrada tiene un descuento si se presenta la entrada de la exposición de YSL 1971 antes citada y viceversa.

El grueso de la muestra son vestidos de noche, el plato fuerte de todo modista que se precie. Una de las características principales de éstos era la utilización del negro y de la combinación blanco y negro. Parece muy normal considerar el no-color apropiado para la noche, pero no lo era tanto en los años 20 y 30 del pasado siglo donde aún estaba de moda la utilización de tonos pastel para los vestidos de fiesta. La forma de los mismos resulta esquemática y geométrica, nada de grandes volúmenes, sino líneas rectas y un juego de contrastes interesante. Algunos son tan modernos y rompedores que perfectamente podrían llevarse ahora en algún evento: hay, por ejemplo, vestidos que quedan por encima de los tobillos por delante pero tienen cola por detrás, un abrigo sin mangas (abrigo dalmático lo llaman) y tejidos inesperados en un diseño de fiesta como cuero y lana. Además la creadora, no sólo se limitó a diseños de vestidos para celebraciones sino que también se muestran muchas de sus creaciones de tocados, sombreros y otros complementos. 

Después del nacimiento de su hija, Jeanne Lanvin decidió también diseñar una línea de ropa infantil de la cual se muestran varios modelos y participar como responsable de vestuario de algunas obras de teatro cuyas creaciones también están expuestas. Por otro lado, hay todo tipo de muestras de tejidos, bordados, pasamanería y hasta perfumes de modo que podríamos considerar a Jeanne Lanvin como una de las primeras diseñadoras al estilo moderno, no una mera modista que elabora vestidos, sino una creadora de imagen integral. Hay también una gran sala dedicada a la obra que presentó Lanvin en la Exposición de Artes Decorativas e Industriales de 1925, en la que dejó volar la imaginación y abandonó el negro por grandes bordados, dibujos geométricos de inspiración étnica y colores fuera de lo común como el verde absenta y el azul cobalto. Además hay algunos detalles curiosos como fajines colocados al estilo del obi japonés, un abrigo negro para acompañar un vestido de novia y unos modelos que responden a nombres wagnerianos.

La exposición es muy interesante, he aprendido mucho de moda y me doy cuenta de que, a veces, nos creemos muy modernos y, en realidad, los modernos fueron otros. Como no se pueden hacer fotos, os dejo este enlace y este otro para ver algunas imágenes.

Cartel anunciador: ese abrigo negro formaba parte del atuendo de una novia


sábado, 18 de abril de 2015

La colección del escándalo

Por todos es conocido que París es la gran capital mundial de la moda. Por historia, por sus normas estrictas en tema de alta costura, por la creatividad de los diseñadores y por el virtuosismo de los talleres artesanales, todo el mundo mira a París cuando se presentan las colecciones de moda, sobre todo, de alta costura.

Así fue también el 29 de enero de 1.971, cuando el diseñador Yves Saint Laurent presentó una colección llamada "Liberación" o “Los Cuarenta” que se inspiraba en la moda de aquellos años. Los más de doscientos invitados al evento (un número enorme en aquel momento en que los desfiles se realizaban en el mismo taller del diseñador) pudieron ver que los abrigos, chaquetas y trajes de estilo masculino se caracterizaban por hombros cuadrados y tejidos gruesos; los colores se movían en tonos oscuros incluido el verde militar; los vestidos, también los de noche, eran cortos con profusión de drapeados, plisados y estampados grandes; los zapatos llevaban cuñas de corcho; los complementos eran de bisutería y el maquillaje, de tonos oscuros, especialmente en las sombras de ojos y barras de labios.

Yves Saint Laurent se inspiró en los años 40, que sí, como ya sabemos, coincidieron con la ocupación alemana. Esto levantó una polvareda impresionante: los medios de comunicación arremetieron contra el creador y contra su obra. Horrible, de mal gusto, vulgar, impropia, la colección más fea de París... fueron algunos de los ataques que recibió. Seguramente, la prensa francesa no le perdonó que recuperara la imagen de aquellos años tan vergonzosos para el país. Pero esto no explica por qué también recibió furibundas críticas de editores de moda extranjeros. ¿Demasiado pronto para revisitar la época? ¿Una etapa demasiado gris y turbulenta para inspirar una colección de alta costura?

Cartel de la exposición

Ahora y hasta el 17 de julio en la Fondation Pierre Bergé Yves Saint Laurent, podemos contemplar algunos de los diseños más destacados del desfile y conocer algunas de las anécdotas del mismo. Uno de los primeros asuntos a tratar era la visión poco glamurosa de la alta costura hasta hacerla parecer prêt-à-porter, algo lógico ya que en los años de la Guerra y post-guerra había escasez de todo, incluidos tejidos, y la ropa era más funcional y menos fantasiosa.

Otro elemento importante es la inspiración de Paloma Picasso, hija del pintor Pablo Ruiz Picasso, que se vestía a menudo con ropa y complementos de los años 40 que encontraba en el Marché des Puces. Allá donde iba, Paloma llamaba la atención con su vestuario vintage. De este modo, Saint Laurent encontró la fuerza para completar esta colección e iniciar el fenómeno de la moda retro, que está viviendo un gran apogeo en estos últimos años.

Nada más entrar en la exposición, junto con la entrada, nos entregan un fac-símil del programa de la colección que se repartió a los asistentes del multitudinario desfile y una pequeña guía con las fotos de los modelos y un glosario. Debo decir que voy a guardar la réplica del programa del desfile como oro en paño porque la exposición es maravillosa y el cuidado de la Fundación en los pequeños detalles como éste me ha conmovido. Disfruté con los vestidos que vi, con la explicaciones de los carteles y con el ambiente relajado e íntimo del lugar (y eso que había niños).




Programa, entrada y guía de la visita

Se exponen algunos de los modelos de la colección, incluidos los más representativos como el abrigo verde musgo del cartel y trajes cóctel de estampados discretos. También se exhiben complementos y los croquis auténticos y algunas muestras de tejido de modo que nos metemos un poco en el trabajo de elaboración del desfile.  Al final de la exposición, vemos varios diseños de noche, uno de ellos corto con tejido marmoleado verde militar, vestidos de gasa que reproducen diseños griegos y un maravilloso vestido de muselina verde esmeralda que me tiene completamente enamorada

Ya que no se pueden hacer fotografías en el interior, os dejo unas muestras de los carteles y este enlace con fotos de algunas piezas expuestas y éste otro, en el que aperecen los vestidos de noche.


Fotos del exterior de la Fundación