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martes, 19 de junio de 2018

La Cerise

Antes de empezar con esta entrada, me gustaría pediros disculpas por el retraso en publicar. Durante este último mes, he tenido muchísimo trabajo: no era raro que llegase a casa a las 8 de la tarde con el tiempo justo de cenar, ocuparme de la casa e ir a dormir para, al día siguiente, volver a estar todo el día trabajando. Además una serie de cambios en mi vida me han tenido ocupada y ahora me toca retomar mi vida normal.

Para ello, nada mejor que salir a desayunar con Ilaria, mi amiga italiana de nacimiento pero brasileña de corazón. De casualidad, paseando por la rue Montorgueil, encontramos un centro social llamado La Cerise, un espacio multifuncional donde se ayuda a las personas sin hogar, se dan cursos de formación de todo tipo, se hacen intercambios culturales y de idiomas y se pueden emplear los espacios para reuniones y actividades.

Además, tienen una cafetería muy moderna y acogedora en la planta baja y una pequeña terraza regentadas por la señora Alix, una antigua periodista que recibe a los clientes con los brazos abiertos y una perenne sonrisa. Nada más entrar, nos pidió disculpas porque no le quedaban croissants y nos preguntó si alguna vez los habíamos probado. Al responder que no, se llevó las manos a la cabeza y nos dijo que ella servía los mejores croissants de París, así que agarró el bolso y se fue a comprarlos. Así pudimos degustar los famosos croissants además del pan de semillas con mantequilla y mermelada, el zumo y el café. Como Alix es una señora tan simpática y culta, nos estuvo preguntando si todo era a nuestro gusto y nos contó algunas historias sobre el barrio y la asociación muy interesantes.


 Patio
 La entrada
 Pan de semillas con mermelada de frambuesa y mantequilla
 Zumo de manzana, café con leche y el que dicen que es el mejor croissant de París
Imágenes del techo

miércoles, 18 de abril de 2018

Flâner

"Errer est humain, flâner est parisien" decía Victor Hugo, gran conocedor de la ciudad de París y de la vida parisina, a pesar de haberse criado en España. Y ¿qué es flâner? Pasearse tranquilamente sin rumbo ni destino fijo o, como diríamos en España, callejear. Aunque se puede pasear sin planificar el recorrido por cualquier ciudad del mundo, sobre todo si es grande, lo de flâner es una actividad que se considera típica de París, quizá porque fue una de las primeras ciudades europeas en demoler una buena parte de su casco histórico y crear una ciudad de nueva planta con enormes avenidas arboladas, amplias aceras y edificios señoriales. De esta actividad, nació el término flâneur, el paseante. Estos señores no sólo paseaban también observaban, escuchaban, analizaban la realidad de los que había a su alrededor y la plasmaban artísticamente. Muchos importantes escritores y pintores fueron famosos paseantes parisinos. 

 



Por cierto, que flâneur es una palabra que no tiene femenino puesto que las mujeres no podían ir a pasear: se tenían que quedar en casa con la pata quebrada y, si salían a la calle, debía ser para ir de su domicilio a un sitio concreto (el mercado, la iglesia, la casa de un familiar...) y volver lo más pronto posible. Aún hoy el paseo de las mujeres y de los hombres no es igual: la sobrecarga de trabajo (laboral y doméstica) que soportan las mujeres hace que éstas tengan mucho menos tiempo libre y que, cuando van por la calle, vayan acompañadas de los niños, los ancianos o arrastrando el carrito de la compra. Además, ya hemos hablado en este blog de los problemas de acoso callejero que sufrimos las mujeres en París.


Más recientemente el gran Yves Montand cantaba "j'aime flâner sur les grands boulevards". Ciertamente la zona de Grands Boulevards es maravillosa pero ahora hay tanta gente con prisas y tantas terrazas de los diferentes restaurantes que, en lugar de pasearse, hay que esquivar a los transeúntes. Además cuando la gente camina deprisa, uno se contagia y acelera el paso aunque no tenga prisa ni vaya a ninguna parte. 

 



El París de Haussmann es precioso pero quizá no es ya el mejor lugar para flâner porque hay demasiada gente trabajando y caminando a paso acelerado, demasiados coches y muchos turistas haciendo sus compras en los grandes almacenes. Ahora es mucho más sencillo pasear sin destino y disfrutando de la belleza de la ciudad en los barrios más antiguos y tradicionales de la ciudad: el Marais, el Barrio Latino, Saint-Germain, Châtelet, Les Halles... Cada esquina es una obra de arte, se pueden encontrar todo tipo de tiendas y restaurantes por si queremos hacer una pausa y, los días que hace sol como hoy, los barrios lucen aún más bonitos que de costumbre. 


Uno de los mayores encantos de París no son sólo sus imponentes museos y monumentos sino simplemente disfrutar de la belleza urbana y del contraste de arquitecturas de las zonas más antiguas con las clásiscas del ensanche hausmanniano y con los barrios más modernos. Simplemente pasear por la orilla del Sena y ver el agua correr, los barcos pasar y los turistas hacerse fotos ya es un placer inmenso. 


Hoy es mi entrada número 400 y, si he llegado hasta este punto, es por lo mucho que me gusta caminar, aprovechar los días que hace buen tiempo (desde hace meses son muy pocos) para pasear sola o con mis amigos, visitar lugares bonitos o exposiciones importantes, acudir a espectáculos interesantes o salir a comer o tomar algo. Vaya este modesto artículo para rendir homenaje a esta ciudad que siempre tiene tesoros que descubrir.

lunes, 26 de febrero de 2018

El Año del Perro

Un año más, fui al corazón del barrio chino a ver el desfile del Año Nuevo, en esta ocasión, el Año del Perro. Compruebo con infinita tristeza que cada año el desfile es más corto, más feo y más cutre. Del despliegue de carrozas, grupos de baile, asociaciones, centros deportivos de artes marciales y un largo etcétera ya va quedando cada vez menos. Hasta la seguridad se ha empequeñecido y ha habido muchísimo menos despliegue policial. También tiene sentido ya que este año apenas ha habido autoridades presentes en el desfile.






Al ser mucho más corto y con un recorrido diferente, el desfile de este año resultó mucho menos vistoso. Es una lástima porque del primer desfile que vi en el 2015 al de este año hay una diferencia abismal como si estuviera viendo un desfile en miniatura. El año 2016 se prohibieron los petardos, por motivos de seguridad, lo cual ya quita buena parte de la esencia al desfile. Al año siguiente, se redujo casi a la mitad el recorrido de manera que, obviamente, tuvo muchos menos participantes y quedó muy deslucido. Este año, además de cambiar por completo el itinerario, el número de participantes es mucho más reducido y las atracciones, más limitadas. No vi ni una sola carroza, hubo muy poca exhibición de artes marciales, pocos bailes y cantos y la organización fue mucho peor que en años precedentes, tanto que en muchos tramos ni siquiera había vallas de seguridad y los espectadores invadían la calzada y cerraban el paso, como en las etapas de montaña de las vueltas ciclistas. También se han visto reducidas las actividades de los grupos shaolín en el barrio.
 




En fin, como resumen, se puede decir que ha sido un desfile muy poco interesante y, como siga en esta evolución, va a acabar por no celebrarse. Una lástima.

lunes, 29 de enero de 2018

Café de l'Industrie

He ido varias veces a este restaurante maravilloso y nunca he escrito sobre él así que me toca reparar esta injusticia. En las esquinas de la calle Sedaine y Saint-Sabin, hay varios locales que pertenecen a este restaurante. Además de menú para comer a mediodía, también tienen carta y especialidades del día. Todos ellos van cambiando a lo largo del año puesto que aquí tienen lo que podríamos llamar cocina de mercado: los platos se elaboran con productos frescos de temporada. Esto es lo primero que me llamó la atención la primera vez que vine aquí hace muchos años. Mi amigo Óscar se pidió una crema de guisantes y yo la probé. No me gustan nada los guisantes pero probé la crema y estaba deliciosa, sabía muy bien; no había en ella regusto de sabores artificiales. Claramente, era una sopa casera y no de polvos. Decidí volver más veces y, de hecho, es el restaurante que más frecuento. Si no he publicado una entrada antes es porque suelo ir de noche y, aunque el lugar es encantador, decorado en un estilo burgués decadente muy curioso, suele estar muy mal iluminado y las fotos son horribles. 



He vuelto varias veces a este sitio y cada vez la carta es diferente, adaptada a los productos disponibles según la estación. Aquí he comido, a lo largo del tiempo, unos spaghetti alla puttanesca deliciosos, un steak tartar que se deshacía en la boca, unas gambas al estilo jambalaya sabrosísimas, una ensalada con queso de cabra espectacular... y los postres no se quedan atrás: tiramisú de la casa, panna cotta fundente o tablas de quesos.

En esta ocasión, pedimos una entrada de huevos mimosa y, como plato principal, mi amigo pidió boeuf bourguignon y yo, uno de los platos del día, parmentier de carrilleras de ternera. Las carnes se deshacían en la boca: el guiso de mi amigo estaba riquísimo, muy sabroso, y mis carrilleras, muy tiernas y bien preparadas, acompañadas de suave puré de patata casero, no de copos. Para acompañar, pedimos un vino blanco Gewürztraminer y vino tinto Languedoc biológico: el primero estaba buenísimo como no podía ser menos de un vino de esta clase, a medio camino entre lo floral y lo especiado, el segundo estaba aceptable, sin más.

 Huevos mimosa
 Parmentier de carrilleras de ternera
 Boeuf bourguignon

Para terminar, yo comí el mi-cuit de chocolate que estaba ligero y tierno, como debe ser. Iba coronado de una teja de galleta sablé y coulis de frambuesa. Mi amigo pidió el babá al ron y lo que le trajeron fueron dos bizcochitos bastante grandes, una montaña de nata montada y la botella de ron pastelero para bañar los bizcochos a su gusto. Me dijo que era la primera vez que le traían el ron aparte. Los pasteles eran consistentes pero, con el ron, quedaron en su punto perfecto de ligereza y la nata era espectacular. Volvemos al principio: algunos privilegiados tenemos un paladar muy sensible y sabemos cuándo algo es fresco y casero y cuándo artificial y congelado. Por desgracia, en París, una gran parte de los restaurantes sirven productos industriales (muchas veces, congelados) así que no hay muchos lugares como el café de l'Industrie. Por eso lo valoro, lo aprecio y vuelvo en cuanto tengo la oportunidad. 

Además, es una restaurante con un ambiente muy sano. El servicio es agradable y distendido; las camareras, simpáticas y profesionales que conocen los platos y la clientela, en general, joven y agradable, nada ruidosa.
 Baba au rhum
Mi-cuit au chocolat

sábado, 9 de diciembre de 2017

Homenaje a Johnny Hallyday

El pasado 6 de diciembre nos dejó uno de los más importantes artistas franceses, el rockero Johnny Hallyday. Con una exitosa carrera de más de 60 años, Hallyday puso música a varias generaciones de franceses. Son míticos sus conciertos en grandes estadios como el Parc-des-Princes, el Stade de France o el pabellón Bercy, pero también sus recitales en pequeñas salas de conciertos. Una legión de artistas colaboraron con él en su dilatada carrera y le hicieron evolucionar pero sin perder su esencia. Hasta tal punto es importante su figura, que este sábado se ha celebrado un cortejo fúnebre popular aunque, por la masiva participación de público y autoridades, más parecía casi un funeral de Estado. El presidente Macron, el primer ministro Philippe, la alcaldesa Hidalgo, los expresidentes Hollande y Sarkozy y otros importantes cargos políticos han estado presentes de diferentes maneras en las exequias. Miles de personas, con especial participación de moteros y ciclistas, han acudido a la llamada para despedir al gran artista en una comitiva que partía de Mont-Valérien en Nanterre, pasaba por el Arco del Triunfo y la plaza de la Concordia y llegaba hasta la iglesia de la Madeleine.

 La Madeleine ha acogido el funeral del cantante

 La multitud se dirige hacia la Madeleine

 Cientos de moteros y ciclistas se han unido en el último adiós a Johnny

La tienda Harley-Davidson rinde homenaje al artista que poseía varias motos de esta casa
 
Aunque se ha ido, siempre nos quedará su arte. Encended el motor, tened ganas de tener ganas, disfrutad de Johhny. El mejor homenaje es escuchar su música y vibrar con ella.

Allumer le feu

L'envie

martes, 24 de octubre de 2017

Bouillon Racine

No me gustan las despedidas y mucho menos si es para una temporada larga. Mi querido amigo Sergio se ha ido a Australia (no había sitio más lejano) a pasar una temporada. Mientras se decide a escribir su propio blog contando sus aventuras, me toca a mí hablar del elegante restaurante que eligió para despedirse de mí por todo lo alto. Nada de buffets libres de desayunos ni tablas de embutidos y, mucho menos hacerle trabajar en otra paella, sino uno de los restaurantes más clásicos y bonitos del Barrio Latino: una bombonera de estilo Art Nouveau en el que la belleza fluye por todas partes: la decoración, las flores, la comida... hasta los baños son bonitos.

Se trata de Le Bouillon Racine, un precioso restaurante abierto en 1906 que todavía conserva la decoración típica de principios de siglo XX: las boiseries en las paredes y los mosaicos de cerámica entrelazados con espejos y pintura sobre cristal y la decoración con motivos vegetales. En 1996, los nuevos propietarios decidieron restaurarlo para mostrar la decoración original en todo su esplendor. El local tiene la declaración de monumento histórico.











La comida estuvo a la altura de las expectativas. Por supuesto, el servicio también acompaña ya que los camareros sirven al estilo clásico pero su trato con el cliente es cercano y amable, para nada encopetado como en otros restaurantes. Elegimos, entre las diferentes opciones de la carta, comenzar por pescado y marisco y tomar carne como plato principal. Así, yo pedí cebiche de atún sobre lecho de quínoa y, mi amigo, espuma de centollo pero, por desgracia, la foto no ha salido bien. De segundo, Sergio pidió pato con compota de cebolla y melocotón de viña y yo tomé el filete de cerdo con puré de patata y chips de patata morada. Como postres, mi amigo probó el pastel Ópera de chocolate blanco y frambuesas y yo pedí el especial del día, crema de praliné sobre bizcocho crujiente. Para acompañar, necesitábamos un vino versátil, ya que comíamos parte de pescado y parte de carne así que, aconsejada por el camarero, escogí Les Quarterons 2015 de la región del Loira. Todo, todo estaba buenísimo: el atún en su punto de marinado y la quínoa, crujiente y tierna a la vez, muy bien; la espuma de centollo era suave y sabrosa; el filete de cerdo quedó jugoso y muy rico y el pato de mi amigo estaba muy tierno aunque la guarnición hacía que estuviera un poco ácido, pero a él le gustó que es lo importante. La tarta de Sergio quedó muy equilibrada, nada dulzona, y mi praliné, estupendo, aunque yo le habría quitado la decoración de crema de mango que llevaba que no pegaba mucho. En conjunto, todo estuvo genial y fue una noche preciosa. De verdad, quiero recomendar este sitio para una cita especial porque es un lugar mágico y la comida está muy bien.








domingo, 10 de septiembre de 2017

Rosa Bonheur

Trabajo, trabajo, trabajo,... y un día una compañera estupenda llamada Laura me dice que hay que aprovechar los pocos rayos de sol que hemos tenido este verano. Una tarde de paseo después del curro acabamos en los muelles del Sena para tomar unas copas que se acabaron convirtiendo en una merienda-cena. El lugar elegido fue Rosa Bonheur: uno de los barcos amarrados junto al puente Alejandro III. Siempre que vengo a este bar me lo paso genial: buen ambiente, camareros simpáticos, precios asequibles y buena comida, desde bocadillos y pizzas hasta quesos, embutidos, patés y foies y varias clases de conservas de pescado y marisco. También tienen dulces para los más golosos.

 Vista del exterior
Vista del interior
 Queso de oveja, rillettes de pato, pastelito de chocolate, bebidas y abundante pan

¿Qué más se puede pedir? Buena música, que también la tiene, y no demasiado alta para no entorpecer las conversaciones. Además de los toneles decorados y la terraza al sol, el barco es superchulo y tiene unas vistas preciosas al puente.

Lo más curioso es que el barco se mueve un poco cuando pasan los cruceros que van por el Sena pero, al rato, una se acostumbra. Lo mejor es que al volver a casa, me mareaba subiendo las escaleras. Cuando se pasa mucho tiempo en un barco en movimiento, luego parece que la tierra firme se mueve: no, no es por las copas, es por los líquidos del oído. Mis amigos que han trabajado en los Bateaux Mouches lo saben bien. Una tarde estupenda en un lugar fantástico al que espero volver pronto.


Toneles decorados