lunes, 26 de febrero de 2018

El Año del Perro

Un año más, fui al corazón del barrio chino a ver el desfile del Año Nuevo, en esta ocasión, el Año del Perro. Compruebo con infinita tristeza que cada año el desfile es más corto, más feo y más cutre. Del despliegue de carrozas, grupos de baile, asociaciones, centros deportivos de artes marciales y un largo etcétera ya va quedando cada vez menos. Hasta la seguridad se ha empequeñecido y ha habido muchísimo menos despliegue policial. También tiene sentido ya que este año apenas ha habido autoridades presentes en el desfile.






Al ser mucho más corto y con un recorrido diferente, el desfile de este año resultó mucho menos vistoso. Es una lástima porque del primer desfile que vi en el 2015 al de este año hay una diferencia abismal como si estuviera viendo un desfile en miniatura. El año 2016 se prohibieron los petardos, por motivos de seguridad, lo cual ya quita buena parte de la esencia al desfile. Al año siguiente, se redujo casi a la mitad el recorrido de manera que, obviamente, tuvo muchos menos participantes y quedó muy deslucido. Este año, además de cambiar por completo el itinerario, el número de participantes es mucho más reducido y las atracciones, más limitadas. No vi ni una sola carroza, hubo muy poca exhibición de artes marciales, pocos bailes y cantos y la organización fue mucho peor que en años precedentes, tanto que en muchos tramos ni siquiera había vallas de seguridad y los espectadores invadían la calzada y cerraban el paso, como en las etapas de montaña de las vueltas ciclistas. También se han visto reducidas las actividades de los grupos shaolín en el barrio.
 




En fin, como resumen, se puede decir que ha sido un desfile muy poco interesante y, como siga en esta evolución, va a acabar por no celebrarse. Una lástima.

viernes, 23 de febrero de 2018

Macbeth en el Odéon

Hasta el 10 de marzo, se está representando en el teatro Odéon una nueva versión de Macbeth de William Shakespeare con puesta en escena y dramaturgia de Stéphane Braunschweig y una nueva traducción a cargo del propio Braunschweig y Daniel Loayza. Era la primera vez que yo visitaba este teatro situado entre los Jardines de Luxemburgo y el Boulevard Saint Germain. Se trata de uno de los escenarios más importantes de París y de toda Francia, de hecho, es uno de los seis teatros nacionales que hay en todo el país.

 Los actores reciben el aplauso del público

Nada más entrar lo que me llamó la atención fue que el bar estaba lleno y los precios de la comida y la bebida eran bastante ajustados. Había mucha gente joven y el teatro estaba casi lleno. Los asientos son muy cómodos así que pasé una noche muy agradable. No hay nada peor que ir al teatro y recordar la velada por un dolor de espalda.
 Teatro del Odéon

Aunque Macbeth es una obra clásica, uno de los grandes hitos de la literatura universal, se trata de una versión nueva. O eso pretende. La mayor parte de la obra transcurre en un escenario de baldosas blancas como un matadero donde se derramará la sangre. Es la enésima producción teatral que se desarrolla en un espacio de baldosas blancas así que de novedoso tiene poco pero, al menos en ésta, no se oye el repiqueteo de los tacones al andar los actores. Así pues, esta puesta en escena tiene poco de novedosa pero mucho de fea, como si el dramatismo y las bajas pasiones sólo nos pudiera llegar a través de la fealdad. En mi humilde opinión, creo que es todo lo contrario: la maldad hay que subrayarla con un plus de belleza, es decir, la maldad tiene que ser más atractiva que la bondad, sino todo el mundo sería bueno y no tendríamos historias interesantes que contar.

Al no haber visto nunca esta obra en francés, no puedo juzgar el nuevo lenguaje de la obra aunque la verdad es que sonaba muy actual e informal. Me llamó la atención la curiosa pronunciación de Macbeth (Macbez) aunque sólo es un detalle.

 Mi entrada

Mientras la guerra se muestra en el espacio blanco y aséptico con litros de líquido rojo, los miembros de la Corte están en una estancia palaciega pseudoversallesca y comen y beben con total tranquilidad.

Uno de los puntos álgidos de la obra es la aparición de Lady Macbeth, el personaje más complejo y quien provoca la acción que derivará en tragedia. La actriz que la representa tenía la voz ronca y, aunque su interpretación fue buena, esa voz me chirriaba un poco: yo creo que no es su voz natural sino que está impostada para remarcar la maldad. Volvemos al concepto del que he hablado antes: la Lady tiene que ser seductora y convincente, es decir, debe verse y oírse atractiva, no con voz cazallera. Comprendo que no todas las Ladys pueden ser como ésta, pero algo más de sutileza en la voz habría venido bien. 
 
 Palcos y balcones

Volviendo a la dramaturgia, las interpretaciones están bastante bien en general, tanto que el público se mete en la historia, a pesar de ver gente con traje y corbata en lugar de caballeros medievales hasta que, lástima, en el momento álgido aparece un borracho y se pone a hablar del Brexit. El efecto son carcajadas del público, pérdida del dramatismo y del hilo de la historia que, por desgracia, ya no se recupera más que en momentos puntuales. Como ejemplo, valga decir que hay risas en la confesión de Macbeth, en el momento del asesinato de la familia de Macduff (bebé incluido) o cuando se le anuncia a Macbeth la muerte de su esposa, la reina. El protagonista se pasa una buena parte de la obra descalzo (un efecto otra vez mil veces visto) y la gente se ríe en sus intervenciones, no porque el actor lo haga mal, sino porque no hay ninguna relación entre lo que vemos y lo que oímos.

Por otro lado, el abuso de la estética gore también causa varios momentos que resultaban risibles en lugar de fantasmagóricos. La parte mágica o esotérica de la obra queda sepultada por litros de sangre falsa y gritos de partos porque aquí las brujas paren y de una forma muy gore y folletinesca, como en las malas series de televisión o los telefilmes de sobremesa.

 El espectáculo va a empezar

Por suerte, el actor que hace de Macduff , Jean-Philippe Vidal, lo interpreta muy bien y nos devuelve la magia del teatro que es hacer sentir emociones. Ante la invitación a la venganza por el asesinato de toda su familia ("debéis vengaros como un hombre"), el pobre responde con intensa pero contenida emoción "dejadme también resentirlo como un hombre" y encima pronuncia bien Macbeth.

Si la aparición del fantasma del rey asesinado ya es bastante sanguinolenta, al final de la representación volvemos a los excesos gore y se nos presenta la cabeza de Macbeth cortada en una escena que nos recuerda las espeluznantes prácticas del Estado Islámico que vemos en los informativos. Si este detalle ya resta dramatismo, la aparición del nuevo rey (hijo de Duncan, el rey asesinado por Macbeth) se parece físicamente y habla exactamente igual que Macron. Ahí la que no pudo contener la risa fui yo. Y decepción personal mía, ¿dónde estaba Hécate? No aparece en toda la obra. El personaje que yo interpreté en una función resumida e infantilizada del colegio ni está ni se le espera. Mejor así. No quiero ni imaginar lo que le habría podido pasar en esta representación a mi bruja adorada.

Frescos de la cúpula

En fin, en resumidas cuentas, buen trabajo actoral pero la impresión de que no sé qué es lo que he visto. Los escenógrafos nos toman por tontos. Me explicaré: como las grandes obras tratan temas universales y atemporales, creen que se pueden transportar a la actualidad o a un medio aséptico para entenderlas mejor. Por mi parte, creo que los espectadores somos lo bastante inteligentes para comprender estos conceptos dentro de la historia. Y, por otro lado, aunque los temas, las emociones y las pasiones sean universales y atemporales, las historias no lo son. Podemos entender la ambición de poder, la manipulación, la lucha de clanes y otros temas tratados en Macbeth sin Macbeth, pero ¿debemos? Aunque los conceptos estén ahí, Shakespeare decidió presentarlos en un envoltorio determinado, ¿por qué eliminarlo? Es verdad que los conceptos se entienden sin la historia pero no al revés. En una obra de teatro, sabemos que hay unos actores que no sienten lo que vemos sino que lo interpretan, es decir, el espectador decide creerse lo que ve a sabiendas de que es falso pero, paradójicamente, esa obra tiene que mostrar la verdad. Si la diseccionamos y despedazamos como en una autopsia se pierde esa verdad. En primer lugar, cuesta meterse en la historia si la aíslan de su contexto y, segundo, los espectadores queremos ir a ver una obra no un tratado filosófico declamado en un escenario.

No me puedo quitar de la cabeza el sabor agridulce que me dejó esta obra.

sábado, 17 de febrero de 2018

Festival Melodica en La Bellevilloise

Sin parar de trabajar, sin parar de salir, sin tiempo para descansar pero llena de energía y de alegría: así es mi vida últimamente. Estoy abierta a cualquier propuesta, a cualquier buena idea y si quien la hace es Max Estrella, allí que voy. Max no es un escritor ciego y enfermo sino una cantante y compositora joven y guapa así que, en lugar de hacerme deambular por los bajos fondos madrileños, me llevó a la parte alta del barrio XX a disfrutar de un festival folk. El lugar elegido fue la Bellevilloise, un centro de ocio en el que hay varias salas para conciertos, eventos, un restaurante estupendo y muchas cosas más. Lo mismo se pueden ver competiciones deportivas en pantallas gigantes que disfrutar de un brunch el domingo a mediodía o disfrutar de actuaciones en directo.

El festival en cuestión se llamaba Melodica y tuvo lugar el pasado fin de semana 9, 10 y 11. Los grupos y cantantes actuaron desinteresadamente y crearon un bonito contraste de estilos y músicas. El ambiente es muy sano y el barrio, agradable, así que pasamos una noche maravillosa y muy divertida. Los precios de la bebida y la comida son muy ajustados y el personal, muy amable, así que da gusto ir. Tienen cócteles, una buena carta de vinos y cerveza de una marca llamada BAPBAP que se fabrica en París.



Cartel del evento
 Sala de concierto
 Nuestras bebidas
 Imagen del restaurante

Llegamos cuando los conciertos ya habían comenzado pero pudimos ver las actuaciones completas de un grupo llamado Opium Dream Estate, del cantautor Hugo Barriol y de los holandeses Town of Saints. Los primeros completaron una gran actuación con canciones propias y prestadas. En el caso de Barriol, él se acompañó de una guitarra acústica y un colega, el argentino Diego, que le hacía los arreglos y daba profundidad a su música. Town of Saints animaron al personal con sus violines y su música de reminiscencias irlandesas. En todo el concierto, el sonido fue magnífico. La realización estuvo muy bien. Pero algunos detalles se nos escaparon a pesar de tener buen oído, sobre todo, Max que sigue con interés este tipo de música. Yo, convertida en Doña Latina, me encargué de pedir las copas y hablar con los músicos participantes ya que mi Max particular no estaba ciega sino muda y se sentía apurada de pedir detalles técnicos para sus actuaciones. Una vez buscada la información y obtenidas las respuestas, nos marchamos a casa. No será la última salida que haremos la Estrella rubia y yo, la Doña morena.

Opium Dream Estate
Hugo Barriol y Diego
Town of Saints


sábado, 3 de febrero de 2018

Gran crecida del Sena

Estas últimas semanas se ha producido una tremenda crecida del Sena: terrenos inundados, pantanos desbordados, transportes cerrados y pérdidas económicas y humanas han sido las consecuencias de una crecida cuyo pico fue este pasado miércoles 31. La peor parte se la han llevado varios municipios de las riberas del Sena y el Marne al este de Île-de-France, sobre todo, los municipios de Montévrain y Lagny. En París los afectados han sido los habituales como los barcos turísticos del Sena que están en parada técnica desde hace tiempo, los peniches cuyos habitantes tienen que acceder a ellos en canoas y el RER C que circula justo por la ribera del río. Al igual que en la crecida de 2016, el Louvre y otros museos han sido parcialmente reorganizados. Hace unas pocas semanas y en pleno aumento del nivel del río, la Policía Nacional tuvo la genial idea de realizar unas prácticas de submarinismo con unos agentes recién salidos de la academia. El resultado fue la muerte de una joven policía en aquellas maniobras.

 Lanchas y canoas para llegar a casa
 El muelle más animado de París está inundado
 Ya no se puede pasear por la ribera del Sena

Si hace año y medio, la crecida se produjo a finales de primavera debido al deshielo, en esta ocasión las causante han sido las lluvias. Llevamos más de cuatro meses en que no para de llover y las nevadas en cotas altas han sido las mayores de los últimos años. Mis amigos que van a esquiar me hablan de hasta cuatro metros de nieve en algunas estaciones. Da un poco de miedo ver la corriente del río tan rápido cuando, en general, el Sena tiene unas aguas bastante tranquilas a su paso por París.

 El parque justo debajo del Pont Neuf ha desaparecido: sólo se ven las copas de los árboles
 El zuavo del Alma tiene el agua por la cadera

En definitiva, lo peor ya ha pasado pero ya se empieza a hablar de la posible crecida primaveral o estival cuando el deshielo llegue a su punto máximo. Las pérdidas económicas son siempre lamentables y éstas han sido graves en zonas rurales y suburbanas. En París hemos tenido algunas incomodidades pero nada de especial relevancia. Da un poco de miedo ver esas aguas arrasando y tragando todo lo que tienen a su paso pero, como nota positiva, hay que reconocer que bajan bastante limpias. En 2016, las aguas llevaban todo tipo de restos de árboles y plantas así como basura. Si el cauce baja limpio hay menos riesgo de tapones en el curso y desbordamientos incontrolados. Veremos dentro de unos meses qué pasa.

Tren de cercanías RER C cerrado: todo su recorrido urbano por París discurre junto al Sena.

miércoles, 31 de enero de 2018

Un Baile de Máscaras: ¡Viva Verdi!

Primera vez que acudo a una representación a primera hora de la tarde. En esta ocasión, se trataba de la ópera Un Ballo in Maschera del domingo 28, que comenzaba a las 14:30. Es un poco raro llegar tan pronto y salir del espectáculo cuando todavía es de día pero poco importó puesto que, una vez comenzada la función, el tiempo y el espacio se pararon: sólo la ópera exisitía. Fue tal la sensación de aislamiento del mundo exterior, tan atrapados estábamos los espectadores por la historia y la música que no se oía ni respirar, casi no hubo toses.

Entrada y programa de mano

Vayamos de lo general a lo particular. Esta ópera no es una de las más conocidas de Verdi pero, a mi juicio, es una de las más bonitas. La belleza de sus melodías y la variedad en las características vocales de los personajes la hacen muy atractiva y equilibrada. El caso es que está inspirada en un hecho real, el asesinato del rey Gustavo III de Suecia a la entrada de una ópera. Dada la polémica del tema y las connotaciones políticas que tenía, Verdi trasladó la acción a los Estados Unidos y llamó a su ópera Una vendetta in dominó pero, tras pasar por varios cambios de libreto para superar la censura, la ópera se estrenó definitivamente como Un Baile de Máscaras en Roma en 1859. En esta puesta en escena creada por Gilbert Deflo y estrenada en 2007, se retoma el tema del dominó con una decoración y el vestuario de los protagonistas en blanco y negro (salvo alguna excepción) y los bailarines vestidos al estilo de Arlequín y Colombina. Yo misma me imbuí del espíritu del dominó y acudí con una blusa de rombos blancos y negros. La decoración es solemne, muy arquitectónica y minimalista pero muy trabajada y llena de simbolismos: si el águila representa el poder, la serpiente hace lo propio con las creencias y supersticiones. Especialmente impactante es el comienzo del baile con el coro y el cuerpo de baile situados en un salón de columnas. Aquí más imágenes.

Imagen del baile de máscaras

En el plano musical, el francés Bertrand de Billy mantuvo el pulso de la partitura. Los espectadores pudimos apreciar todos los matices de esta magnífica obra. Especialmente notables son los concertantes en los que las voces, tan diferentes entre sí, y sus melodías se empastan perfectamente entre ellas y con la orquesta. En una ópera en que los sentimientos están a flor de piel todo el tiempo y que los personajes viven emociones tan distintas, es difícil transmitir equilibrio y la orquesta lo tuvo. Muy bien. Siguiendo con los profesionales del teatro, el coro estuvo perfecto como siempre. Ellos y su director, el argentino José Luis Basso, fueron muy aplaudidos y no es para menos. En esta ocasión no sonaron tan atronadores como en el Don Carlos, sino mucho más matizados y contenidos, es decir, perfectos para la historia de conjuras, intrigas y amores secretos.

Mi entrada en tercera fila

Una de las grandes dificultades de cantar Verdi es el estilo, lo que se llama acento verdiano, esto es, dar una intención a cada palabra, verter las sílabas sobre las notas como se sirve el buen vino en las copas. Los libretos de Verdi están muy trabajados y adaptan a la ópera obras de los más grandes autores de la literatura universal: Shakespeare, von Schiller, el Duque de Rivas, Víctor Hugo y otros. Así pues, Verdi es el más literario de los compositores y los textos hay que respetarlos, decantarlos sobre las notas, por seguir con la comparación del vino.

En cuanto a los protagonistas, el personaje de Riccardo lo interpretaba Piero Pretti calificado en la prensa como "tenor verdiano soñado". Como ya le había oído en vídeos de Youtube, tenía ganas de escucharlo en vivo y resulta que canta mucho mejor. Pretti tiene una voz completa, elegante, bien emitida, brillante y nítida, fuerte y ágil a la vez. Nos brindó algunos buenos agudos potentes, claros y naturales, sin forzar y sin portamentar, pero también graves consistentes (hay algunos tenores que los suben medio tono) sin perder prestancia. Cabe destacar además su buena caracterización del protagonista, ese personaje tan complejo que no sabemos si es bueno, malo o todo lo contrario y que pasa por todo tipo de emociones y lleva todo el peso dramático de la obra.

 Il primo tenore

Como Amelia, su enamorada, triunfó Sondra Radvanovsky. Fue la más aplaudida de la velada y no es para menos. Cada intervención suya fue una clase magistral de canto lírico: se la considera la mejor cantante verdiana de la actualidad y méritos tiene. Además de estar dotada de una enorme voz, compacta y poderosa, tiene una técnica impecable y su interpretación de la sufridora Amelia fue magnífica. Fueron maravillosos sus pianissimi, sus agudos infinitos, su messa di voce, sus trinos... todo un surtido de virtuosismo vocal perfectamente ejecutado y expresado. ¡Brava!

Las dos Amelias, yo vi a la señora Radvanovsky

Para el personaje de Renato, la prensa había criticado al barítono Simone Piazzola en el estreno. Quizá tuvo un mal día porque este domingo a mí me gusto: lo hizo muy bien, de hecho, se llevó la primera ovación de la tarde. Su voz sonó correcta y bien emitida (¡qué gusto oír a un barítono que canta y no ladra ni grazna ni rebuzna!), cantó de forma enérgica pero sin resultar tosco y fue creíble como Renato mostrando todas las aristas del personaje, el torbellino de emociones que sufre y la evolución de amigo fiel a asesino del que cree es el amante de su mujer.

Muchos aficionados odian al pobre Oscar, el paje adolescente, preocupado por la fiesta, el baile y los recados que le mandan hacer. Se trata de uno de los pocos papeles en calzones de Verdi y pone el toque cómico entre tanto dramatismo. Aunque lo más importante es la música y aquí Oscar con sus melodías alegres y la ligereza de su voz compensa el dramatismo y la importante presencia de voces graves. Nina Minasyan estuvo muy bien haciendo el adolescente y, desde mi asiento lo parecía, sobre todo, cuando se puso a dar vueltas y a bailotear por todo el escenario, muy divertida en esa parte (me recordó este vídeo que rula por internet) y un poco repelente, pero lo justo, en el resto del papel.

Hasta yo me vestí de Arlequín y Colombina. Después de tres años y medio de blog, ya es hora de que me veáis la cara.

La Ulrica de Varduhi Abrahamyan, convertida en bruja de vudú, resultó quizá un poco insuficiente en la parte más grave del personaje. No sé si es porque estaba muy atrás en el escenario y esta sala de la Bastilla se traga un poco los graves (ya pasó en el Don Carlos) o porque a su registro le falta fuste. Por el contrario, resultó convincente en el resto de la actuación. Los conspiradores Sam y Tom fueron Marko Mimica (a quien ya vimos aquí) y Thomas Dear. Muy bien ambos, bien compenetrados y perfectos como base grave para los concertantes. El resto del reparto, muy bien.

 Los figurantes, coro y bailarines saludan al público

En definitiva, toda la ópera sonó fantástica. Ahí estaba el verdadero estilo y acento verdiano, tan difíciles de encontrar por desgracia en muchas representaciones. ¡Viva Verdi! ¡Vivan los verdianos!

Después de cerrar el telón, los protagonistas volvieron a saludar


lunes, 29 de enero de 2018

Café de l'Industrie

He ido varias veces a este restaurante maravilloso y nunca he escrito sobre él así que me toca reparar esta injusticia. En las esquinas de la calle Sedaine y Saint-Sabin, hay varios locales que pertenecen a este restaurante. Además de menú para comer a mediodía, también tienen carta y especialidades del día. Todos ellos van cambiando a lo largo del año puesto que aquí tienen lo que podríamos llamar cocina de mercado: los platos se elaboran con productos frescos de temporada. Esto es lo primero que me llamó la atención la primera vez que vine aquí hace muchos años. Mi amigo Óscar se pidió una crema de guisantes y yo la probé. No me gustan nada los guisantes pero probé la crema y estaba deliciosa, sabía muy bien; no había en ella regusto de sabores artificiales. Claramente, era una sopa casera y no de polvos. Decidí volver más veces y, de hecho, es el restaurante que más frecuento. Si no he publicado una entrada antes es porque suelo ir de noche y, aunque el lugar es encantador, decorado en un estilo burgués decadente muy curioso, suele estar muy mal iluminado y las fotos son horribles. 



He vuelto varias veces a este sitio y cada vez la carta es diferente, adaptada a los productos disponibles según la estación. Aquí he comido, a lo largo del tiempo, unos spaghetti alla puttanesca deliciosos, un steak tartar que se deshacía en la boca, unas gambas al estilo jambalaya sabrosísimas, una ensalada con queso de cabra espectacular... y los postres no se quedan atrás: tiramisú de la casa, panna cotta fundente o tablas de quesos.

En esta ocasión, pedimos una entrada de huevos mimosa y, como plato principal, mi amigo pidió boeuf bourguignon y yo, uno de los platos del día, parmentier de carrilleras de ternera. Las carnes se deshacían en la boca: el guiso de mi amigo estaba riquísimo, muy sabroso, y mis carrilleras, muy tiernas y bien preparadas, acompañadas de suave puré de patata casero, no de copos. Para acompañar, pedimos un vino blanco Gewürztraminer y vino tinto Languedoc biológico: el primero estaba buenísimo como no podía ser menos de un vino de esta clase, a medio camino entre lo floral y lo especiado, el segundo estaba aceptable, sin más.

 Huevos mimosa
 Parmentier de carrilleras de ternera
 Boeuf bourguignon

Para terminar, yo comí el mi-cuit de chocolate que estaba ligero y tierno, como debe ser. Iba coronado de una teja de galleta sablé y coulis de frambuesa. Mi amigo pidió el babá al ron y lo que le trajeron fueron dos bizcochitos bastante grandes, una montaña de nata montada y la botella de ron pastelero para bañar los bizcochos a su gusto. Me dijo que era la primera vez que le traían el ron aparte. Los pasteles eran consistentes pero, con el ron, quedaron en su punto perfecto de ligereza y la nata era espectacular. Volvemos al principio: algunos privilegiados tenemos un paladar muy sensible y sabemos cuándo algo es fresco y casero y cuándo artificial y congelado. Por desgracia, en París, una gran parte de los restaurantes sirven productos industriales (muchas veces, congelados) así que no hay muchos lugares como el café de l'Industrie. Por eso lo valoro, lo aprecio y vuelvo en cuanto tengo la oportunidad. 

Además, es una restaurante con un ambiente muy sano. El servicio es agradable y distendido; las camareras, simpáticas y profesionales que conocen los platos y la clientela, en general, joven y agradable, nada ruidosa.
 Baba au rhum
Mi-cuit au chocolat

jueves, 25 de enero de 2018

Café des Livres

Mi vida social no para ni un momento y entre los alrededores del Hôtel de Ville, el Marais y la plaza de la Bastilla, transcurre mi vida social. Para hacer un alto en el camino y comer algo rico, a mi amiga y a mí nos apetecía ir al Café des Livres, un pequeño y acogedor bistró que hace honor a su nombre: excelente café y libros por todas partes. Y además, buena comida y unos camareros agradables. Tienen terraza para los fumadores con vistas a la maravillosa Torre de Saint Jacques pero, con este tempaccio, apetece más quedarse en el interior.


Imágenes del interior

Imagen de la terraza

Entre las diferentes opciones que plantea el local  (carta, menú, tablas...), yo pedí el steak tartar ya que era cortado a cuchillo a la italiana, es decir, con parmesano, un poco de apio y un toque de albahaca. La yema de huevo y los ingredientes citados vienen ya mezclados y acompañados de una ensalada de brotes y unas patatas fritas: nada de pepinillos, alcaparras ni cebolla por esta vez aunque sí las salsas habituales para sazonar como la mostaza, la Worcester, el tabasco y el aceite de oliva. Estaba delicioso, carne perfectamente mezclada con los ingredientes y con un sabor sutil pero consistente. Era la primera vez que probaba el steak a la italiana y me gustó. Quizá repita. Mi amiga pidió bacalao con verduras y pesto. El pescado estaba fresco, muy suave y tierno, y las verduras muy ricas como si las hubieran hecho al wok, lo cual no sería de extrañar porque hay un plato de wok en la carta. Para pasar la comida un tinto de Côtes du Rhone, el Château La Borie.
Steak tartar
Bacalao con verduras y pesto

Para no tener que elegir entre postre o café (la decisión más difícil), escogimos el café gourmand, un espresso que no viene solo sino acompañado de sus amigos en miniatura: la macedonia de frutas en almíbar, la tarta de queso, la crème brûlée y la tarta tatin con speculoos. Un maravilloso toque final antes de continuar una tarde inolvidable.

Café gourmand

martes, 23 de enero de 2018

Stade Français 17- Edinburgh 10

Esta semana ha estado muy movida. Primero, fútbol; luego, concierto y, al final, rugby. Si el partido de Liga del Paris Saint-Germain terminó con una tremenda paliza de los locales al equipo de Dijon, en esta ocasión, el equipo de París, que se llama Stade Français, venció al Edimburgo en el partido de vuelta de octavos de final de la Europe Challenge Cup, la segunda competición de clubes de Europa, equivalente en el fútbol a la Europa League. Ya habían ganado el partido de ida con una diferencia de un punto y, en esta ocasión, el resultado ha sido 17-10 a su favor.


A pesar de la incesante lluvia (llevamos varios meses sin ver el sol), había bastante gente haciendo cola para entrar. De unos años a esta parte, el rugby ha ido perdiendo aficionados en favor del fútbol que, antiguamente, era mucho menos popular. No hay más que ver que el Stade es un club centenario y el PSG tiene poco más de 40 años. Los partidos del equipo se juegan enfrente del Parc-des-Princes, en el estadio Jean Bouin. Ambos son estadios abiertos de manera que hay unas corrientes de aire tremendas, sobre todo, porque la zona donde están (Saint-Cloud) es el meandro del río Sena y uno de los lugares donde más viento hay en todo París.

Estadio Jean Bouin

El equipo lleva uniforme azul marino y detalles en rojo como la bandera de París (azul oscuro y rojo) pero, hace unos años, el club adoptó un rosa potente como color oficial y lo usan en el segundo uniforme, en equipación deportiva secundaria como abrigos, mantas o dorsales, en la parte administrativa del club (entradas, tarjetas de abonados...), en la mascota que es una pantera rosa y en la decoración del estadio. Hasta los postes son rosas.

La manta, la entrada, la taquilla... ¡cuánto rosa!

El ambiente que se vive antes de entrar es muy sano, mucho más que en el fútbol, y la gente se lo pasa muy bien tomando una cerveza o comiendo unas patatas fritas o un bocadillo.

Patatas fritas belgas
El partido comenzó puntualmente y hubo varias cosas que me llamaron la atención. Como no tengo ni idea del reglamento ni de táctica ni de nada, no paraba de preguntar. Alguna cosa aprendí pero las normas son bastante complejas  El estadio no estaba lleno ni mucho menos pero la gente animaba muchísimo.

 
 Una parte del estadio, la que tenía mayor ocupación

De primeras, nada más empezar, hubo una pelea. ¡Qué impresión ver a esos morlacos dándose empujones y manotazos! La sangre no llegó al río porque el árbitro puso orden y los jugadores, en general, son muy civilizados. Pronto marcó el Stade y mantuvo la ventaja toda la primera parte porque, la verdad, es que dominaba el partido claramente. Los escoceses no se arredraban y peleaban cada balón pero sus intentos fueron infructuosos. No fue hasta la segunda parte cuando consiguieron marcar pero, a continuación, el italiano Sergio Parisse, el ídolo local, aumentó la ventaja de los parisinos dando vueltas sobre sí mismo con el balón en sus brazos. Algo que me llamó la atención fue que en los tiros francos el público debe guardar silencio. Nada que ver con los abucheos habituales del fútbol cuando hay que lanzar una falta o un penalty. Por otro lado, en la segunda parte, un espontáneo saltó al campo y nadie de la seguridad fue a detenerlo. Al revés, el público lo aplaudió. No sé si el equipo recibirá una sanción por este hecho. En todo caso, me escandalizó la tranquilidad de los vigilantes. Al final, los ganadores hicieron el pasillo al equipo eliminado y dieron una vuelta al campo a saludar a los aficionados.


Varios momentos del partido

La verdad es que fue divertidísimo. A diferencia del fútbol, aquí no hay lugar para el aburrimiento. Todos los jugadores juegan todo el tiempo, llevando el balón o placándose unos a otros. El balón siempre está en movimiento y los jugadores peleando por hacerlo avanzar aunque sea unos centímetros. Tengo que informarme mejor de cómo funciona este juego porque me lo pasé muy bien y quiero repetir. El precio de las entradas es muy accesible y los horarios apropiados. Me han encantado las melés, los avances y las diferentes formas de defensa pero me queda muchísimo por apender.

Tiro franco del Edimburgo. Lo fallaron.