viernes, 15 de mayo de 2015

Maestros escultores de Costa de Marfil

Como ya he comentado en otras ocasiones, el Museo Quai Branly es uno de mis favoritos de París. Y ahora, hasta el 26 de julio, en su galería exterior tiene abierta una exposición sobre los maestros escultores de Costa de Marfil.


Durante mucho tiempo las esculturas africanas fueron consideradas piezas de artesanía, sin prestar atención a las diferentes técnicas y estilos empleados y, mucho menos, al proceso creador de las mismas. Son producto de artistas individuales cuya técnica creativa y personal va evolucionando y desarrollándose. Hasta tal punto se obviaba la creación artística que había un gran desconocimiento de los diferentes estilos. De esta manera, durante años, se atribuían las obras a los diferentes pueblos erróneamente y es ahora cuando, por fin, se están clasificando de forma correcta.

La muestra empieza con la presentación de los talleres de los maestros escultores de finales del siglo XIX y principios del siglo XX y está dividida en varios sectores que se correspondenn con las diferentes regiones del país: Sénoufo, Lobi, Gouro, Dan, Baoulé y los Pueblos de la Laguna, cada uno de ellos con diferentes expresiones artísticas. A continuación, se introduce el contexto geográfico, religioso y social en el que se crearon algunas de las obras más importantes y se explican los códigos estéticos de la región ante los ojos occidentales, desconocidos en su mayoría.











Para finalizar la exposición, se han incluído obras contemporáneas, influidas por el hiperrealismo y el expresionismo europeos pero fieles a los principios estéticos de la tradición marfileña.




jueves, 14 de mayo de 2015

Los ratones quieren conquistar el mundo

Paseando por las zonas más turísticas de París, podemos encontrar unos pequeños ratoncitos de tiza con los que escribir y hacer dibujos en la calle. Este pequeño divertimento obedece a una iniciativa de un artista plástico llamado Kees van Dijk que el ayuntamiento seleccionó en su encuesta pública para dinamizar la ciudad. Estos ratoncitos tan monos han estado ya en otros lugares de Francia y esperan seguir recorriendo el mundo hasta hacerlo suyo. Para más información sobre el proyecto, podéis pinchar aquí.



Ratoncitos en el Hôtel de Ville

martes, 12 de mayo de 2015

20 años de la Recopa

Este domingo día 10 se cumplieron veinte años de la victoria de mi equipo, el Real Zaragoza, en la final de la Recopa de Europa. El partido fue emociante, muy disputado e igualado. En la segunda parte, el guapísimo Esnáider marcó un golazo a contrapié. Pero poco antes del final, el Arsenal empató el encuentro forzando la prórroga. A diez segundos del final del tiempo suplementario, cuando todos pensábamos en los penaltis, Nayim recogió un balón perdido y creó una parábola desde el centro del campo que entró por un resquicio de la portería entre el palo y la mano de Seaman, el veterano portero del Arsenal. Se desató la locura y la celebración duró varios días. Los jugadores eran como los Beatles: siempre estaban rodeados de fans. ¡Qué recuerdos tan maravillosos!

Lástima que la situación de mi equipo haya cambiado tanto desde entonces. Hace unos meses estuvo a punto de la desaparición. Tiene deudas con Hacienda, con la Federación, con la Liga, con el Ayuntamiento, con la Seguridad Social, con el gobierno autonómico, con ex-jugadores, con ex-entrenadores... Ahora lo dirige una fundación que espero traiga paz social e institucional a mi equipo y abra la puerta a una nueva etapa de éxitos. Para recordar aquellos días maravillosos, salí a pasear por el Parc-des-Princes, el estadio en el que se consiguió la gesta. Un lugar que, por cierto, era gafe para los equipos españoles: aquí habían perdido el Madrid, el Barça, la selección nacional... Hasta que llegó el Zaragoza y venció con todos los honores y con la máxima emoción. El estadio es feo y más comparado con el campo de rugby Jean Boudin, que está justo al lado.



Exteriores del estadio

¡Qué casualidades tiene la vida! Ahora mi querida amiga Vic ya no vive en la casita rosa, se ha mudado a Londres. Y mientras yo paseaba por el bonito barrio de Boulogne, donde está situado el Parc-des-Princes, ella me comunicaba que se trasladaba a vivir al barrio de Highbury, muy cerca del antiguo estadio Highbury Park, donde jugaba el Arsenal, el rival del Zaragoza. Se cierra así el triángulo futbolístico entre París, Londres y la pequeña Zaragoza que, esa noche, se llevó el gato al agua. Al agua del Ebro, claro.

Y os dejo con el gol definitivo. Una imagen vale más que mil palabras.


domingo, 10 de mayo de 2015

Estampas del Kabuki

Además de la muestra de teatro asiático de la que os hablé aquí, el Museo Guimet también tiene abierta una colección de imágenes de actores del teatro Kabuki hasta el 6 de julio. Esta exposición pasa de puntillas sobre los escandalosos orígenes del Kabuki. Este tipo de representaciones empezaron en torno a 1.600 siendo un arte exclusivamente femenino pero muchas de las actrices, después de la representación, se sacaban un sobresueldo ejerciendo la prostitución por lo que las autoridades prohibieron a las mujeres representar estas obras. Los nuevos intérpretes empezaron a ser varones jóvenes pero, al acabar la función, también ofrecían servicios privados de manera que, a los treinta años de su creación, pasó a representarse sólo por hombres ya maduros y así permaneció hasta hace unas décadas en que las mujeres y los chicos jóvenes se han reincorporado a este arte escénico.

Lo que podemos ver en esta pequeña exposición son láminas de dibujos, biombos y telas pintadas del siglo XVIII. En estas piezas destaca la expresividad de los rostros, su maquillaje y vestuario y el lenguaje corporal. Es una muestra bonita pero eché en falta algún vídeo de alguna representación para poder admirar también la puesta en escena, los cantos y los bailes de manera que los occidentales que no conocemos este arte pudiéramos hacernos un idea de cómo es el resultado.

Cartel de la exposición




Piezas de la exposición

jueves, 7 de mayo de 2015

2.000 de teatro en Asia

Otra visita al Museo Guimet del que ya os hablé en mi artículo sobre la exposición de los Han. Para una amante del arte asiático como yo, este museo es una visita obligatoria o, mejor dicho, unas visitas ya que es tan grande y su colección tan rica y variada que en un solo día no se puede ver todo. Además yo soy partidaria de no pasar muchas horas seguidas en un mismo museo porque el visitante, a menos que conozca muy bien las obras que va a ver, puede saturarse y no enterarse de nada. El motivo de mi visita no era otro que ver la exposición que tiene lugar aquí hasta el 31 de agosto sobre el teatro en Asia.

 El cartel es bastante feo

La exposición es bastante grande, muy completa y está muy bien organizada. Todo lo que se expone es interesantísimo y está muy bien explicado pero sin excesos porque demasiadas explicaciones también resultan cargantes. En este caso son las justas y necesarias para entender lo que se ve. La mayor parte de las piezas expuestas son vestuario, accesorios y máscaras aunque también hay marionetas y algún objeto de atrezzo así como dibujos de representaciones.

Máscaras de teatro de diferentes países

A lo largo de la muestra vemos objetos de diferentes artes teatrales asiáticas como la danza Barong de Bali, el Khón thailandés o el Khatali de la India. Estos espectáculos tienen en común varios elementos como la música, el baile, los temas mitológicos y alegóricos y su llamativo vestuario.
Traje de teatro Khón de Thailandia

Hay varias salas dedicadas al teatro de marionetas en los diferentes países. Es éste un arte milenario y lleno de simbolismos que se representa tanto con títeres de cuerdas como de guante y, la más peculiar y característica de Asia, el teatro de sombras, vulgarmente llamado teatro de sombras chinescas. En realidad, este tipo de guiñol es de origen indio y se extendió por toda Asia llegando incluso a Turquía. Obviamente, en los distintos países son diferentes las representaciones, por ejemplo, en India, se representan historias de los poemas épicos Mahabharata y Ramayana; en China, el repertorio es histórico o mitológico; en Indonesia y Thailandia, los rostros y piernas de las marionetas están de perfil mientras el torso y los ojos están de frente; en Indonesia, el narrador aparece en escena...

Marionetas indias de guiñol

Figuras de teatro de sombras indio

Figuras de teatro de sombras chino

Otro de los puntos fuertes de la muestra es su área dedicada a la Ópera de Pekin. Cabe destacar que a diferencia de otras expresiones teatrales, en la Ópera de Pekín se tratan todo tipo de temas ya sean amorosos, de intriga policial, dramas, personajes históricos o mitológicos... Aunque su origen es antiguo, se desarrolla su forma definitiva en tiempos de la emperatriz Cixí (segunda mitad del s. XIX) mezclando canto, baile, poemas, acrobacias... Se trata de un espectáculo completo y, como es habitual en el teatro oriental, destacan la riqueza y exhuberancia de los trajes y accesorios, todos ellos estrictamente codificados para mostrar las características del personaje y de la historia. Esta manifestación artística fue prohibida durante la Revolución Cultural de Mao pero se recuperó a partir de 1.977.
Los trajes que se exponen pertenecen en su mayoría a la colección de Shi Pei Pu, un gran actor del género con una voz dúctil con la que podía interpretar papeles masculinos y femeninos y cuya tumultuosa vida podría llenar varias páginas de cualquier periódico. Además de actor de ópera china, Shi fue un espía que mantuvo durante veinte años una relación amorosa con un diplomático francés al que hizo creer que era una mujer, incluídos embarazo simulado y una adopción ilegal de un niño al que luego hizo pasar como propio. Después de pasar información al gobierno chino durante años, los amantes fueron procesados y condenados por espionaje y Shi Pei Pu, desenmascarado como un hombre. En 1.987, el presidente Mitterrand lo indultó y murió años después en París, motivo por el que su vestuario artístico se encuentra aquí.



Vestuario de la ópera de Pekín

Continuando con la muestra, llega el turno para las diferentes artes del teatro japonés, todas ellas complejísimas como corresponde a todo lo que nace en el país del Sol Naciente. En primer lugar, nos muestran el Bunraku, el milenario teatro de títeres que nació como modo de invocación a los dioses. Ya hace siglos que perdió su componente religioso pero no sus características escénicas, como el gran tamaño y peso de las marionetas (más de un metro de altura y en torno a cuatro kilos de peso) que deben ser manejadas por varios artistas a la vez y que representan las obras en un escenario de gran tamaño en el que también hay músicos y cantantes. Además se exponen varias piezas del teatro Kabuki y del teatro . Mientras el primero es más popular y combina canto, baile e interpretación, el segundo es mucho más formal y dramático. En el , sólo hay actuación, sin música ni baile, y los actores, además de pesados trajes, llevan máscaras y sus movimientos son lentos, elegantes y solemnes. En el mismo museo hay una exposición sobre estampas del Kabuki de la que os hablaré más adelante y en la que explicaré la historia de este teatro más detalladamente. 

 Marionetas de Bunraku

Kimono de Kabuki
Maqueta del escenario de una representación  de Kabuki de los 47 Ronins, un dramón en el que muere hasta el apuntador
Kimono de teatro Nô

Como gran sorpresa de la exposición y una de sus partes más bonitas, hay una impresionante colección de kimonos para teatro del artista Itchiku Kubota, todos ellos de estilo moderno en su decoración pero realizados al estilo tradicional con técnicas que se vienen empleando desde el siglo XVI, algunas recuperadas por el propio Kubota después de años de investigación. Se han seleccionado unos cuantos kimonos de su serie Fuji en la que se representa el monte Fuji en diversos momentos del día y del año y, también, varios kimonos de la serie Universo que representa la energía del universo y las cuatro estaciones.



Kimonos de la serie Fuji


Kimonos de la serie Universo

Al final de la exposición también se muestra la influencia occidental en las artes escénicas del continente y, lo contrario, la fascinación de los occidentales por el arte extremo oriental. Se cuenta la historia de Émile Guimet, el fundador del museo y gran coleccionista de arte asiático, y su relación con Mata-Hari. Margarita Zelle, su verdadero nombre, era una bailarina holandesa famosa por un espectáculo de danzas brahmánicas que había aprendido en Java, donde estuvo viviendo con su marido que era militar y estuvo destinado en la isla. Durante una recepción, conoció a Guimet y éste la invitó a París para dar a conocer allí su espectáculo. Precisamente, en 1.905, Mata-Hari bailó en la biblioteca del edificio donde ahora se encuentra el museo y es en esta biblioteca donde se muestra cómo era la decoración de sus espectáculos. De su historia como presunta espía no se dice nada, seguramente no fuera cierto, lo único que se sabe es que mientras vivió en Francia tuvo como amantes a importantes militares y políticos y, quizá por eso, resultaba más molesta que peligrosa y decidieron procesarla y condenarla a muerte.

Linterna mágica, el precedente del cine

La biblioteca del museo con la decoración de los espectáculos de Mata-Hari

lunes, 4 de mayo de 2015

Hervé Télémaque

Ya comenté en una entrada anterior que la retrospectiva de Jeff Koons había levantado muchísima expectación y que era uno de los grandes atractivos del centro Pompidou pero no es la única. Mientras su quinta planta permanece cerrada por obras hasta finales de este mes, en la cuarta se puede contemplar una exposición de pequeño tamaño dedicada a Hervé Télémaque, artista francés nacido y criado en Haití. Influido por el surrealismo, la religión y el racismo vivido en su país natal, Télémaque es un artista ecléctico que dota a sus obras de una gran capacidad narrativa ya que muchos de sus cuadros, más que mostrar escenas, muestran un desarrollo como si estuviera contando una historia, a veces, de manera simbólica, otras más expresionistas. Además de cuadros, también hay varias esculturas y collages. Se puede visitar esta exposición hasta el 18 de mayo


Anunciación


Madre África: tríptico compuesto por un collage dedicado a la bailarina Josephine Baker, una fusta de la policía de República Surafricana y una foto de una playa sólo para blancos en la que pasea una niñera negra con dos niños blancos

domingo, 3 de mayo de 2015

Las salas vacías

Por muchas visitas que hago a museos y lugares de interés, siempre hay algo que me sorprende y, muchas veces, no tiene nada que ver con las obras ni los monumentos sino con la gente que los visita. Es incomprensible acudir al Museo del Louvre, tener que esperar cerca de una hora para entrar, debido a la enorme cola de visitantes, y después encontrarse que la mitad del Museo está vacía.

Inmensa cola para entrar

Hay que ver el lado positivo, pude contemplar las obras como si el palacio fuera mío, como si fuera una colección privada. Además, al no haber apenas jaleo de visitantes, los trabajadores se aburren y agradecen que los escasos visitantes les hagan preguntas y comentarios sobre las obras y el museo. Por momentos, me sentía como los antiguos reyes de Francia que vivían en este palacio rodeados de grandes obras de arte.

Aquí las salas de escultura medieval del norte de Europa. Estuve un cuarto de hora en esta zona y me crucé con sólo seis personas.



Aquí las salas de arte flamenco, del norte de Europa y algunas salas de arte francés. Una ala entera y enorme del Museo en la que me encontré con poquísima gente, unas veinte personas a lo largo de una hora.








Lo más sorprendente es que también hay salas vacías en la zona del antiguo Egipto, lo que me parece increíble porque es uno de los lugares más interesantes del Museo. Mi visita duró cerca de una hora y no me crucé con más de treinta personas.





Y aquí las salas de arte oriental: Babilonia, Fenicia, Asiria, Persia... Parece que las grandes civilizaciones no despiertan mucho interés.








¿Dónde está todo el mundo? ¿Qué hacen? ¿Se pierden? ¿Se los traga el museo? ¿Salen del museo sin apenas haber visto nada? No lo sé pero es todo muy raro. Por las mañanas aún se pueden ver grupos pero, en cuanto llegan las 12:00, el número de visitantes cae drásticamente. Como es lógico, por las tardes baja tanto más cuanto más se acerca la hora de cierre. Si vuestra visita a París es de corta duración, mi consejo es visitar el Louvre los miércoles y viernes, es decir, los días que cierra más tarde: de esta manera, durante el día se puede ver París, sus monumentos y dar paseos por las zonas más bonitas para, al caer la tarde, aprovechar la visita al Museo, que ya ha sido abandonado por grupos grandes organizados. Esta opción es especialmente interesante en invierno, cuando los días son más cortos, y también en los meses de verano en que hay muchos más visitantes.

Por pura cabezonería, intenté buscar dónde estaba la gente. La respuesta es fácil: las salas de arte italiano, sobre todo, la de la Gioconda. Al entrar en la sala de la Mona Lisa, me sentí como en un concierto de rock de tanta gente apiñada que había. También hay altas concentraciones de personas en las zonas de arte griego y romano pero nada comparado con el embrujo de la sonrisa de la dama italiana.