jueves, 20 de noviembre de 2014

El amor y las geishas

Hace unas semanas os comentaba que el otoño había empezado caliente en lo relativo a exposiciones y va a seguir así durante un tiempo ya que el pasado 6 de noviembre comenzó una nueva exposición en la Pinacoteca, el mismo lugar donde se celebra la exposición sobre el Kama-Sutra. Hasta el 15 de febrero, se puede visitar una nueva exposición de temática erótica, ambientada esta vez en Japón, llamada El arte del amor en tiempos de las geishas. El título no tiene mucho sentido dado que las figuras que aparecen en los dibujos no son geishas. Imagino que habrán utilizado esa expresión para darle algo de gancho comercial y que el público occidental encuentre algo que pueda reconocer. Las geishas todavía existen así que la actualidad también es tiempo de geishas. Además, conocer el momento exacto en que surgen estas artistas es misión imposible ya que, por su propia naturaleza, su trabajo permanecía oculto y, muchas veces, sus actividades eran indistingibles de las que que podía realizar una cortesana. Lo único que se sabe es que su época de mayor apogeo fue el siglo XVIII pero, en esta exposición, aparecen obras de diferentes épocas y estilos.

En cualquier caso, en los dibujos de esta maravillosa exposición, provenientes la mayoría del Museo delle Culture de Lugano,  los temas son muy variados, aunque siempre dentro del erotismo. A mí me han encantado los dibujos que representan pasajes del Genji Monogatari, que es una de mis novelas favoritas. Como es habitual, no se pueden hacer fotos de las exposiciones y, si se pudiera, no saldrían bien porque todo está muy oscuro. ¿Será para crear ambiente? Sí debo decir que la exposición está muy bien organizada por épocas y autores y no es demasiado extensa, así que podéis ver japoneses vestidos con sus mejores galas mientras mantienen relaciones sexuales sin cansaros demasiado. Quizá el barroquismo de los ropajes resta un poco de sensualidad a las escenas, lo que no ocurre en la exposición del Kama-Sutra, pero le añade belleza y colorido y permite apreciar las diferentes técnicas, algunas muy refinadas, y su evolución a lo largo del tiempo.

Para acabar, un consejo práctico. Si se visitan las dos exposiciones, la segunda tiene descuento.  


Entrada de la exposición y tienda de regalos


miércoles, 19 de noviembre de 2014

Palacio de Fontainebleau y III: capilla

Para finalizar la visita a Fontainebleau, he dejado la pieza más importante del palacio y una de las más conocidas: la Capilla de la Trinidad. En nuestro recorrido por el Palacio, nos encontraremos con ella dos veces. La primera, al visitar la planta superior, nos permitirá ver la magnífica bóveda decorada con frescos desde una galería. La segunda, poco antes de terminar la visita, nos deja entrar en el interior de esta hermosa capilla.








Seguro que muchos de vosotros conocéis este lugar aunque no lo hayáis visitado en persona. Se trata del lugar en el que Lana del Rey grabó el videoclip de su canción Born to Die, en el que también aparecen imágenes de la Galería de Francisco I.

martes, 18 de noviembre de 2014

Palacio de Fontainebleau II: apartamentos reales

La visita al palacio de Fontainebleauno no sólo es agradable por todo lo que os contaba en el anterior post, también porque está muy bien organizada y uno sabe en cada momento lo que está viendo y en qué lugar del palacio se encuentra. El recorrido comienza con la galería china, unos salones en las que se exponen los objetos provenientes de Extremo Oriente, según los propios carteles, estos bienes fueron saqueados por franceses y británicos cuando colonizaron Asia.

Galería china

 A continuación, se pasa a ver los aposentos reales llamados Petits Appartements. Son las estancias que ocuparon los reyes y sus familias antes de la Revolución Francesa, los años de mayor esplendor de la monarquía absolutista. Para más información sobre las estancias y para realizar una visita virtual por el Palacio, podéis ir aquí. Pasada toda la primera planta, se sube al primer piso en el que se encuentran los Grands Appartements en los que se sitúan los aposentos de los últimos reyes de Francia así como de los emperadores Napoleón I y Napoleón III. Aquí se encuentran también los apartamentos del Papa Pío VII que ocupó primero como invitado de Napoleón, cuando estuvo en Francia para coronarlo como emperador, y posteriormente como su prisionero. Sí, Napoleón apresó al Papa que lo había coronado.

Dormitorio de Ana de Austria, esposa de Luis XIII

Galería de Francisco I

Techumbre de la Galeria de los Ciervos

Bóveda y cúpula de la capilla de san Saturnino

Barroquísimo dormitorio de María Antonieta

Biblioteca de Napoleón III

Salón del Trono de Napoleón I

Gabinete de Napoleón, con una lujosa cama de campaña detrás, al estilo militar


lunes, 17 de noviembre de 2014

Palacio de Fontainebleau I: exteriores

Como ya conté cuando hablé de Versalles, visitar palacios no es mi actividad turística favorita pero debo deciros que Fontainebleau es muy recomendable y más bonito que Versalles. Al ser más pequeño y más antiguo tiene una escala más humana y, por tanto, resulta más accesible y menos apabullante. Napoleón dijo de él "es la verdadera morada de los reyes, el hogar de los siglos". No me extraña que quedara impactado puesto que toda la historia de los reyes de Francia ha pasado por aquí.  A pesar de los importantes acontecimientos que han tenido lugar en él, Fontainebleau es menos famoso y visitado que Versalles por lo que no está tan masificado así que también resulta más cómodo de recorrer. Por supuesto, sus jardines no son tan espectaculares pero son bonitos y mucho más tranquilos y, a la salida, hay una cafetería bastante asequible para poder reponer fuerzas sin gastarse demasiado dinero. Fontainebleau se puede ver entero en unas tres horas así que es perfecto si no tenéis mucho tiempo disponible. De hecho se puede perder más tiempo con el traslado ida y vuelta desde París que lo que se tarda en la visita.

El problema es que está bastante alejado de París, unos 70 kilómetros, y llegar allí es un poco complicado. Aquí os dejo un enlace con la información para ir en coche si queréis alquilar uno en una agencia aunque os advierto que el Palacio está en mitad del pueblo, concretamente al lado del Ayuntamiento, así que aparcar no será tarea fácil. Este problema desaparece si optáis por reservar un autolib, uno de los coches de alquiler público de la región Île-de-France y de los que hablaré próximamente, y aparcarlo en las estaciones que rodean el palacio, como podéis ver aquí. Yo me trasladé en transporte público: hay que ir a la Gare de Lyon y allí tomar el tren de la línea R en dirección Montargis Sens o Montereau, hasta la estación Fontainebleau-Avon. Allí hay un autobús, línea A en dirección a Les Lilas parada Chateau, el problema con este autobús es que pasa cada media hora y no está sincronizado con el tren que llega de París así que os puede tocar esperar más de 20 minutos como me pasó a mí. Algunos turistas optan por el Autobús Parivision que sale desde el 214 de la rue de Rivoli, directo a Fontainebleau, pero con los atascos del centro de París seguro que le cuesta más salir de la ciudad que lo que a vosotros os cueste la vista del palacio.

En este lugar ya hubo un castillo desde el siglo XII pero el edificio actual data de la época de Francisco I y es el primer edificio de estilo manierista construido en Francia. Posteriores reyes como Enrique IV fueron ampliando y modificando la estructura inicial tanto del inmueble como de los jardines. Más tarde, Napoleón decidió renovarlo y convertirlo en su residencia y desde aquí partió al exilio después de firmar el acta de abdicación. Su sobrino Napoleón III también vivió aquí.


Dos imágenes del Patio de Honor
 
Estanque de las Carpas
 
Estatua de Diana cazadora

Junto a esos jardines, hay un pequeño edificio anexo que acoge la sala del Juego de Pelota (Jeu de Paume), el antecedente más antiguo del tenis. Por supuesto, hay bastantes diferencias con el tenis moderno y aunque no conozco las reglas, sí me fijé en que se puede devolver la pelota sin límite de botes, que, al ser un recinto cerrado, la pelota puede golpear las paredes antes de ser devuelta y que hay unos números y letras en la pared que indican puntos o faltas. Además la raqueta que se utiliza es de madera. Y todo eso lo vi porque tuve la suerte de presenciar un entrenamiento.

El exterior no parece gran cosa

Entrada con el escudo de la raqueta y cuatro pelotas


Terreno de juego
 
Una chica muy educada y simpática (lo sé porqué hablé con ella antes de empezar el entrenamiento) dando raquetazos y jugando un poco conservadora. Al igual que en el tenis, en este juego se ataca subiendo a la red.

domingo, 16 de noviembre de 2014

La Navidad está a la vuelta de la esquina pero ¿de cuál?

Esta entrada está dedicada a Betty, amante de la moda, de París y de las cosas bonitas.
 
En París, como en tantas ciudades, las tiendas y centros comerciales ya hace días que han puesto la decoración de Navidad en sus escaparates e interiores. Pero no hay ningún almacén que cuide tanto sus escaparates navideños como la tienda Printemps del Boulevard Haussmann.

Bonito edificio, ¿verdad?

Este año, la decoración navideña de los escaparates ha corrido a cargo de la firma británica Burberry que, en colaboración con los almacenes, ha vestido las vitrinas, ha lanzado una gama de productos exclusivos que sólo se podrán adquirir en Printemps y ha inaugurado la temporada navideña el pasado 6 de noviembre con la presencia de las dos supermodelos que protagonizan la campaña otoño-invierno: Kate Moss y Cara Delevigne.



Imágenes de algunos de los escaparates

Marionetas, trenecitos, reproducciones de los iconos británicos y londinenses, rock'n'roll, gabardinas, paraguas y accesorios... los escaparates son divertidos, vistosos, elegantes y siempre están concurridos. Los creativos han tenido la estupenda idea de poner una pasarela alta en aquellos que son especialmente llamativos para los niños.

Su gran competidor, las Galerías Lafayette, que se encuentran justo al lado, también han decorado su edificio más emblemático. Destaca un árbol de Navidad puesto boca abajo que cuelga de su maravillosa cúpula acristalada. Si visitar estos almacenes ya resulta apabullante, en Navidad más. Es lógico que con esa cúpula maravillosa y esas galerías que dan a ella, no se puede poner cualquier decoración.



Verdaderamente impresionante

Y más impresionante todavía es que el día que tomé todas estas fotos, 13 de noviembre, estábamos a 16 grados y lucía el sol. Mucha decoración navideña, mucha nieve y muchos tópicos pero el frío no llega. Espero que no ocurra como en otros años en los que el frío llegó en primavera, en concreto, la última semana de marzo del 2012 hubo tormentas de nieve y se tuvieron que cerrar varios aeropuertos franceses, alemanes y de otros países. Como hace demasiado calor para la época que estamos y las ventas no despegan, muchos almacenes y cadenas de tiendas han decidido hacer rebajas anticipadas en su ropa de abrigo.



Rebajas de hasta un 50% en prendas de abrigo que, de momento, hay que dejar guardadas en el armario

sábado, 15 de noviembre de 2014

Palacio de Versalles III: palacio y jardines

Para finalizar este recorrido por el Dominio de Versalles, os enseñaré unas fotos de los aposentos reales, la parte más espectacular y conocida de todo el recinto de Versalles. Después de varias salas que son dormitorios y salas de día para los cortesanos y para algunos miembros de la familia real y que, a mi juicio, no tienen demasiado interés (muebles, alfombras, espejos...), llegamos a la parte más noble del edificio: la Sala de los Espejos. Justo detrás de ella están los aposentos del rey que, resultan muy decepcionantes. A continuación, se encuentran los aposentos de la reina María Antonieta que son mucho más bonitos, lujosos e interesantes.


Dos imágenes de la Sala de los Espejos

Alcoba de María Antonieta

Pasada la zona de los dormitorios y salones privados, se puede visitar lo que para mí es lo mejor de Versalles: la Sala de las Batallas, un amplio salón con pinturas de enorme tamaño que representan de manera muy idealizada las batallas victoriosas más importantes de la historia de Francia, algunas de ellas del general y luego emperador Napoleón Bonaparte. Por desgracia, no hay mucha luz y no se pueden sacar fotos con flash así que las que hice no se ven nada bien y no valía la pena publicarlas. Además así os dejo con las ganas de ver esa galería. 

Y para acabar, la parte más decepcionante de la visita: los jardines. No son decepcionantes en sí mismos, al contrario, son preciosos: la decepción es que no se pueden visitar sino se compra una entrada especial. Sí, así es. Se pueden visitar con la entrada normal que se llama Pasaporte pero sólo de abril a octubre, así que si visitáis el Palacio de noviembre a marzo os toca pagar la entrada Grandes Aguas y Jardines Musicales (sí, se llama así) o no visitarlos. La primera opción, pagar la entrada de los jardines, me parece una barbaridad porque son 7 ó 9 euros para ver los jardines y las fuentes y, depende de la hora, ni siquiera están en funcionamiento. La segunda opción tiene un inconveniente añadido y es que los jardines están situados entre el palacio y los bosques, donde se hallan los palacetes Trianon, la Aldea y la Orangerie, así que para de ir de una parte a otra del recinto hay que salir de él, dar una vuelta por el pueblo y volver a entrar por la parte trasera del palacio o por la entrada de Boulevard de la Reine si se desean visitar los bosques. Esos pretendidos espectáculos se los han sacado de la manga con la única finalidad de sacar más dinero. Me parece un abuso, francamente. Y sospecho que el único motivo por el que estas entradas no se cobran en los meses de verano es porque hay muchas más visitas y no pueden mandar a miles de personas a rodear el recinto andando por el pueblo porque éste se colapsaría.

La fuente de Apolo

Resumiendo: sí, Versalles es maravilloso, espectacular, fantástico... pero he ido tres veces y las tres me he sentido un poco defraudada. Sé que muchas personas no estarán de acuerdo conmigo y les parecerá sorprendente que alguien no esté enamorado de Versalles. Pero es así y creedme que nadie lo lamenta más que yo.



viernes, 14 de noviembre de 2014

Palacio de Versalles II: Trianon, bosques y aldea

Cuando se realiza una visita a Versalles, siempre hay tanta cola para entrar en el Palacio que muchas personas recomiendan comenzar por la zona de los palacetes Grand Trianon y Petit Trianon. Puede ser una buena idea, así se va de menos a más pero hay que saber administrar bien el tiempo porque las distancias son enormes y os puede ocurrir que, entre tanto paseo, se os haga tarde y luego los apartamentos reales los tengáis que ver corriendo. Para no perder más tiempo del necesario se puede subir al trenecito que recorre el Dominio, es una buena opción si vais acompañados de niños o personas mayores porque ir de un sitio a otro es realmente agotador. Y más ahora, que la mayor parte de los días, los jardines están cerrados y hay que salir del recinto y volver a entrar por otro sitio para pasar de una zona a la otra. Volveré sobre este tema en la próxima entrada dedicada a Versalles que ya será la última.

Empecemos, pues, con el grueso de la visita. El Grand Trianon es un edificio precioso de mármol rosa pero, sinceramente, el interior es un poco decepcionante: muebles, muebles y más muebles... es como estar en una feria de anticuarios. Además, no nos engañemos, esos no son los muebles que utilizaban los reyes de Francia. Cuando el gobierno de la Revolución se hizo cargo de los bienes reales, muchos muebles y enseres fueron vendidos para sanear las cuentas públicas. Si no habían sido saqueados antes, claro. Lo que vemos, en realidad, son reproducciones posteriores y algunas piezas de época napoleónica. En este edificio destaca una habitación en la que hay unas piezas realizadas en malaquita, que es una piedra que me encanta.

 
Exterior del Grand Trianon

 
Todos los salones del Grand Trianon son parecidos a éste pero con los muebles tapizados en otros colores.

Salón de la Malaquita

El Petit Trianon es un palacete monísimo y mucho más pequeño que el Grand Trianon. Lo mandó construir el rey Luis XIV para albergar allí a su amante Madame Pompadour pero, desgraciadamente, ésta falleció antes de verlo terminado con lo cual la inquilina del mismo pasó a ser Madame du Barry, la siguiente amante de dicho rey: ya sabeis, a amante muerta, amante puesta. Posteriormente, el edificio fue reformado y ocupado por María Antonieta, esposa de Luis XVI. Tanto este edificio como los alrededores, incluida la Aldea, se llaman Dominio de María Antonieta ya que esta zona fue un regalo del rey a la reina para que lo utilizara a su gusto: sólo aquellos que tenían invitación expresa de la reina podían entrar en sus dominios. La belleza de este lugar reside en su tamaño más humano y accesible y en su decoración serena y mucho menos recargada. También ayuda el hecho de que la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III, lo mandara restaurar para recuperar el antiguo esplendor cortesano ya que esta zona fue prácticamente destruida durante la Revolución. Junto al palacete, hay varios jardines de diferentes estilos, todos ellos preciosos: no tienen el lujo y las dimensiones de los jardines del Palacio pero resultan encantadores, especialmente el de la Orangerie, diseñado por Jussieu.

Imagen exterior del Petit Trianon

Dormitorio de María Antonieta

Una de las habitaciones del Petit Trianon

Para finalizar la visita de esta zona, no puede faltar darse una vuelta por la Aldea (Hameau en francés) de María Antonieta, un regalo de su marido Luis XVI para que ella se relajara y se evadiera de las obligaciones de la encopetada corte real. Se trata de una composición de doce edificios rústicos en torno a un lago artificial rodeados de huertos y campos agrícolas. Estas granjas son una representación ideal de la vida campestre en las que María Antonieta y sus invitados dejaban sus trajes de seda y se vestían de algodón, se quitaban los pelucones empolvados y se ponían cofias y pañuelos. Allí ordeñaban las ovejas, recogían los huevos de las gallinas, daban de comer a los animales, batían la leche para hacer mantequilla... unas actividades lúdicas para ellos que nada tenían que ver con la realidad de una granja. Era aquello un entretenimiento que representaba de manera idílica la sancta simplicitas, la vida sencilla de los campesinos, o de lo que ellos creían que era esa vida. Como un parque temático. Los sucesos ocurridos tiempo después demuestran lo alejados que estaban de la vida real de sus súbditos. Si vais con niños, esta parte les encantará porque podrán ver los animales que se crían allí, los huertos... y la Aldea en sí misma que es preciosa.




Construcciones de la Aldea de María Antonieta 


jueves, 13 de noviembre de 2014

Palacio de Versalles I: introducción

Reconozco nada más empezar esta entrada que no me gusta visitar palacios. Como edificios son espectaculares y admirables pero también un poco decepcionantes: las mejores obras de arte han sido trasladadas a museos y lo que queda en ellos muchas veces son muebles, espejos, lámparas y enseres de todo tipo que, sí, resultan curiosos y son magníficos pero que no son realmente interesantes o, al menos, no lo suficiente para desplazarse tantos kilómetros y pagar una entrada y no barata, precisamente. En el caso concreto de Versalles, hay que desplazarse 15 kilómetros fuera de París (no demasiado) y pagar una entrada de 25 € a menos que tengáis alguna reducción por edad, discapacidad o utilicéis el Museum Pass. ¿De verdad vale la pena el esfuerzo para ver muebles, espejos, vajillas, lámparas, etc...? Que cada uno conteste según su opinión. Sí, ya sé que el edificio es grandioso y la Sala de los Espejos y la Sala de las Batallas son increíbles y únicas y que Versalles tiene más atractivos como sus jardines y la aldea de María Antonieta, pero tanto mi amiga R. como yo salimos con la sensación de que no había valido la pena. Si, por suerte, el turista conoce un poco la historia del lugar que visita puede situarse en la época y admirar la arquitectura del edificio pero, a veces, esto no ocurre y se ve a la gente yendo de un sitio a otro sin enterarse muy bien de lo que ve. Como además los grandes palacios conservan su decoración de la época barroca, muchas veces no se sabe dónde mirar. El horror vacui es realmente agotador: me he fijado que, en grandes salas o después de pasar por varias habitaciones, muchas personas se paran a mirar por las ventanas para relajar la vista, imagino. O también puede ser que la masificación sea tan enorme (en Versalles es así) que el visitante se canse de codazos, pisotones, caminar empujado por la multitud y decida darse un respiro contemplando el paisaje.

Por si esto no fuera suficiente, los grandes palacios europeos se copian unos a otros. Esto es lógico por varios motivos: el primero es que antes los estilos artísticos no se pasaban de moda tan rápidamente ni había tantas tendencias ni tantos avances tecnológicos como ahora sino que se hacía lo que se podía hacer técnicamente. Además, los artistas que los proyectaban y decoraban recibian encargos en sus países de origen y en el extranjero de manera que sus obras pueden estar presentes en varios sitios distintos. Por otra parte, las casas reales eran todas familia y tejían entre ellas lazos matrimoniales que iban más allá de lo personal. Cuando un rey o príncipe se casaba, su esposa no iba al país sola sino que se llevaba su propia corte de camareras, cortesanas, capellanes y también cocineros, peluqueros, ebanistas, costureras, jardineros, artesanos... de manera que los estilos decorativos se iban propagando y evolucionando. Todo esto está muy bien y es muy interesante pero, a veces, se tiene la sensación de dejà vu cuando se visita un palacio.

Tampoco ayudan a hacer más cómodas las visitas, y esto ya lo he dicho en otras entradas, las exhaustivas explicaciones de los guías de carne y hueso y de las audio y vídeoguías. La gente sale del lugar que visita sin haberse enterado de nada, además de formar tapones en ciertos lugares o perder tiempo viendo cosas que carecen de interés y pasar rápido por otras que sí lo tienen. Por supuesto, todo lo que estoy diciendo es opinable pero no soy la única que lo ve así.

Para terminar esta larguísima introducción debo decir que cuando tenía 14 años, mi profesora de francés del instituto nos hizo leer en clase un texto sobre el Palacio de Versalles en el que se hablaba de la historia menos elegante del palacio. Por ejemplo: que sus habitantes se sonaban la nariz en las cortinas, que no había baños y se usaban los jardines para esos menesteres o que hacía tanto frío que algunos años el vino se congeló en las bodegas. En fin, con estas informaciones cuesta un poco dejarse impresionar por la belleza del lugar.

Como conclusión, debo decir que sí tenéis pocos días para ver París, visitar Versalles no merece la pena: es preferible centrarse en la ciudad que tiene mucho que ofrecer. Para visitarlo hay que emplear un día entero por lo que sólo lo recomiendo si tenéis como mínimo una semana de estancia. Ésta es la primera entrada que le dedico a Versalles pero habrá dos más. Sé que soy un poco crítica con la visita a este palacio pero es que lo he visitado tres veces y, creedme, no he disfrutado plenamente ninguna de las tres. Entre la masificaciones, las largas colas y otras circunstancias de las que hablaré en los próximos posts, siempre me queda la sensación de que está sobrevalorado. Todo eso y que, personalmente, no le encuentro el atractivo por ningún lado. Si acaso, como dice mi hermano mayor, para entender por qué se produjo la Revolución.

Volveré sobre este tema cuando comente mi visita al palacio de Fontainebleau pero prometo que seré más breve.

Sí, es bonito, pero quizá no sea para tanto