jueves, 5 de febrero de 2015

Museo Carnavalet

Otra de las cuentas pendientes que tengo con vosotros, es la crónica del Museo Carnavalet. Situado en el Marais, este museo está dedicado a la Historia de París desde la Edad Media hasta nuestros días. El nombre de este edificio, uno de los pocos edificios renacentistas que se conservan en el barrio, tiene una historia curiosa y es que Carnavalet es una deformación del nombre de una de sus propietarias, madame Kernevenoy. En 1.866, fue comprado por la ciudad de París con el fin de transformarlo en un museo consagrado a la historia de la capital.

Una vez dentro, en la planta baja, podemos admirar varias maquetas de cómo eran algunos barrios en el Medievo y el Renacimiento. Además las paredes están decoradas con todo tipo de objetos rescatados de lugares públicos y privados de la ciudad, por ejemplo, vidrieras de varias iglesias, herramientas de trabajo, vajillas, relojes y hasta una fuente. A continuación, podemos ver una importante colección de cuadros y otros objetos cuyo tema principal es la ciudad de París: sus lugares, sus fiestas, sus habitantes... Para pasar al segundo piso en el que se encuentran las salas dedicadas a los diferentes períodos de la Historia de Francia desde la Revolución hasta ahora. Nuevamente, se muestran objetos relacionados con la ciudad, sobre todo pinturas, y con los acontecimientos celebrados en ella como las Exposiciones Universales y los Juegos Olímpicos. Por supuesto, también hay lugar para las desgracias como los años del Terror, el incendio de París por arte de los prusianos durante la Guerra Franco-Prusiana o las dos Guerras Mundiales.

Uno de los aspectos que más me llamó la atención es que en este museo se encuentran varios decorados procedentes de edificios parisinos como la boutique del joyero Georges Fouquet, una sala privada del restaurante Café de Paris, el salón de baile del hotel de Wendel o las habitaciones de personajes famosos como Marcel Proust. Es importante conservar los edificios, negocios y objetos singulares de una ciudad aunque éstos cierren o pierdan su utilidad. En lugar de destrozar, tirar o derribar, aquí en París se han podido salvar muchas piezas de lugares públicos y privados y disfrutar de su belleza o su importancia estética. En muchas ocasiones, estas obras han sido entregadas al museo por sus propietarios o por donantes particulares.

Para finalizar, también pude contemplar una exposición de fotografías de París del artista Michael Kenna, todas ellas en blanco y negro, que acabó el domingo 1 de febrero, desgraciadamente.



 Patio interior del Hôtel Carnavalet

Vidrieras recuperadas de iglesias

 
Maqueta de un barrio de París

 Plafones chinos lacados

 Cuadro de Picasso

Vajilla con imágenes de lugares emblemáticos de París

Salón dedicado al Segundo Imperio con la cuna que el ayuntamiento de París regaló al hijo de Napoleón I en el centro

 Detalle del suelo de mosaico de la joyería Fouquet de estilo art-deco

 Placas esmaltadas con imágenes de la Bois de Boulogne
 Jarrón conmemorativo de los Juegos Olímpicos de 1.924 celebrados en París
 Cartel de la exposición

Fotografías de Michael Kenna

lunes, 2 de febrero de 2015

El resplandor de las sombras

Este domingo día 1 de febrero finalizaba la exposición L'éclat des ombres que el Museo Quai Branly dedicaba al arte de las Islas Salomón. Este archipiélago fue descubierto en 1.568 por el navegante español Álvaro de Mendaña y recibió ese nombre porque el objetivo de la expedición era encontrar las tierras mitológicas en las que se encontraban las minas del rey Salomón. Al no encontrarse ninguna riqueza destacable, los europeos perdieron el interés por estas islas y no sería hasta el siglo XIX en que los ingleses comenzarían la colonización de las mismas buscando no sólo riquezas sino también mano de obra esclava.

En esta exposición, de nombre rimbombante, podemos apreciar el arte del pueblo melanesio anterior y posterior a la colonización. La mayoría de los objetos están realizados en madera teñida de negro o marrón oscuro y decorados con conchas, nácar y metales de color blanco, brillantes e irisados, que otorgan luz a esa oscuridad de la materia de base. Ese juego de contrastes entre el negro y los detalles blancos no queda sólo en el ámbito estético sino que es también un símbolo de relación entre el mundo real y el mundo de los espíritus. En estas islas, como en tantos pueblos, se rendía culto a los antepasados y muchas obras aquí expuestas marcan esa unión con las generaciones anteriores y con los espíritus de la naturaleza.


 Los españoles no encontraron oro pero en las islas Salomón hay pirita

 
  Cuenco ritual para funerales: dentro no se metía el cadáver del difunto, sino una mezcla de cuartos de cerdo y pasta de ñames que después se comían los vivos

 
 Tótem de los antepasados

Pero no sólo de espíritus vive el hombre. También se muestran interesantes aspectos prácticos de la vida cotidiana. Así veremos objetos relacionados con la guerra como armas y piraguas; con la pesca, como anzuelos y lanzas y con la vida social, como collares y peines. Me gustaría hacer especial mención a la fabricación de monedas: los habitantes de estas islas tenían un sistema monetario bastante complejo que servía para el intercambio comercial, para el pago de indemnizaciones, para la realización de negocios familiares tales como herencias y dotes y para el establecimientos de precios e impuestos. Muchas veces, con nuestros prejuicios, consideramos primitivos pueblos lejanos que están poco avanzados técnicamente como pueden ser los antiguos pueblos oceánicos. Pero nada más lejos de la realidad: la existencia de dinero ya muestra complejidad social y abstracción intelectual. Estas monedas engarzadas en cuerdas a modo de cinturones se siguen utilizando en algunos puntos de las islas al margen de la moneda oficial, el dólar salomonense. También me llamó la atención la influencia que la colonización británica y la evangelización han tenido en la realidad de las islas que han adoptado el cristianismo y las costumbres occidentales sin perder el estilo artístico tradicional.
Peines, abanico y en lo alto, una visera

 Mascarón de proa de una piragua
 
Reproducción a escala de una piragua. Las originales alcanzaban 15 metros

 
Muestra de anzuelos de diferentes tamaños: uno de los pescados que se da en esas aguas es el bonito aunque es algo diferente al bonito del norte que conocemos en España


Las cuentas de estos cordeles son monedas fabricadas con resinas y conchas

 Cristo realizado en madera dentro de la estética melanesia


domingo, 1 de febrero de 2015

Una casita rosa

A Vic, ella sabe por qué 

En una casita rosa cerca de un bosque, ocurren cosas maravillosas. Cualquier plan sale bien: tomar la merienda, celebrar la Nochevieja, degustar una selección de pasteles... ¡Cuántos ratos felices he pasado aquí! Lo mejor es hablar. En esta casa no hay temas prohibidos: se habla de todo y de todos, en especial, de nosotros mismos. Saber que allí residen la amistad, el respeto y la comprensión supone un ancla en la más hermosa realidad. No nos engañemos, las grandes ciudades son duras: hay momentos en que nos sentimos como hormigas, insignificantes, perdidos, anulados como individuos... Y además resulta difícil hacer amigos y establecer vínculos personales. Por eso cuando se encuentran hay que cuidarlos, hay que amarlos, comprenderlos y enriquecerse con las experiencias compartidas. Desde aquí envío todo mi cariño y mi agradecimiento a los amantes de la casa rosa.



sábado, 31 de enero de 2015

Sō Kyo

Cuando no hay tiempo ni ganas de cocinar ni demasiada hambre a la hora de la cena, hay que agudizar el ingenio. Después de todo el día fuera de casa y con el cuerpo pidiendo irse pronto a dormir, nada mejor que entrar en una de las innumerables tiendas de comida china ya preparada que hay en el distrito XIII y comprar una Sō Kyo, una deliciosa empanadilla de cerdo con verduras como puerro y cebolla. Y más cuando la dueña de la tienda es una encantadora señora que repite el nombre tres veces para que lo aprenda a pronunciar bien. La Sō Kyo, una ensalada verde y un trozo de chocolate negro. Una cena ligera y sabrosa que me salva de cocinar y de fregar.



miércoles, 28 de enero de 2015

La Colaboración

Ayer comentaba mi visita a los Archivos Nacionales pero no terminé de contar el verdadero motivo por el que los visité: la exposición temporal sobre la Colaboración del Gobierno de Vichy con el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Considero que esta muestra es un acto muy valiente ya que los franceses se sienten especialmente avergonzados de este episodio de su historia. Y teniendo en cuenta los desgraciados acontecimientos que hemos vivido estos días, también resulta muy oportuno. En junio de 1.940 la Wehrmacht invadió Francia y desarmó al ejército francés. El Gobierno francés reunido en Burdeos aceptó la renuncia de su presidente Paul Reynaud y nombró en su lugar a Pierre Laval quien, a su vez, nombró al mariscal Pétain como Presidente del Consejo de Ministros con plenos poderes y le encargó la firma del Armisticio. El anciano mariscal Pétain, héroe de la Primera Guerra Mundial, asumió el poder y llegó a un acuerdo con el Reich. No voy a entrar a juzgar esa situación porque era evidente que los nazis habían conquistado Francia y, quizá, algunos pudieron pensar que era mejor llegar a un acuerdo que aceptar las condiciones impuestas unilateralmente por los nazis. De hecho, la exposición se abre con una fotografía del famoso apretón de manos de Montoire entre Hitler y Pétain, mientras que haciéndose eco de las palabras del mariscal que el 30 de octubre 1940 declaraba que "ahora está en el camino de la cooperación" .

Por mucho acuerdo al que llegaran, en la práctica lo que ocurrió fue que la Wehrmacht era quien gobernaba de verdad en la Francia ocupada. Además, un millón de soldados franceses fueron apresados y empleados por la industria alemana, lo cual supone no sólo desmantelar el ejército del país sino también destrozar la economía del mismo, al arrebatarle una parte importante de su mano de obra.

Más allá del armisticio, la Francia ocupada pasó a ser de facto una provincia alemana con todo lo que ello suponía a nivel social: redadas, controles de paso, toques de queda, persecuciones políticas y étnicas... Y éste es el principal atractivo de la exposición: mostrar cómo era la vida cotidiana en aquella Francia de infierno. Aquí veremos listas de presos políticos y censos de judíos y gitanos, propaganda antisemita, anticomunista y antimasona (los tres enemigos de la patria para todos los fascistas, también en España) y escenas de la vida cotidiana como el racionamiento de la comida, las exiguas ayudas a las familias y el obsceno lujo en el que vivían los jefazos nazis. Mención especial merecen las salas dedicadas a la Depuración, es decir, a la persecución, detención y deportación de los enemigos del régimen. Se calcula que más de 200.000 personas fueron detenidas y enviadas a los campos de exterminio nazi de los cuales unos 30.000 eran españoles que habían huido de la persecución franquista y unos 75.000, judíos, incluídos unos 11.000 niños. Hay que señalar que, como Francia quedó dividida en dos partes, las política de deportaciones no era la misma, por ejemplo, en la parte ocupada por los nazis, norte y costa atlántica, la política era la de la deportación de todos los judíos mientras que en la parte no ocupada, gestionada por el gobierno de Vichy, se deportaba principalmente a los judíos extranjeros o aquellos que además fueran militantes de izquierdas o, al menos, así fue hasta enero de 1.944 en que se pasó también a deportar a todos los judíos. Además, en ambas partes de Francia, se procedió a la expropiación de los bienes de judíos, comunistas, masones y otros ciudadanos considerados antisociales o perturbadores de la paz social. También hubo una política de instrucción pública de la población para arianizarla, de hecho, otra sala de la exposición representa una antigua librería colaboracionista llamada Rive Gauche, que existió de verdad, que se dedicaba a vender obras de ideología fascista y racista: en dicha sala podemos encontrar algunos ejemplares de los libros que se vendían allí, prensa de la época y también registros de la censura del régimen.

Para ser conscientes del drama y de la fractura social que vivió Francia en aquella época resulta recomendable esta exposición que cuenta con más de 300 piezas, la mayoría de las cuales permanecían inéditas hasta ahora, y que estará abierta hasta el 2 de marzo. François Hollande ya la ha visitado, ¿y vosotros?

Folleto de la exposición

Reproducción de un libelo que exhortaba a la expulsión de los judíos de Francia

Censo de judíos del año 1.942
Cartel con imágenes de resistente. Al español Alfonso lo denominan rouge

Insignias y condecoraciones del Gobierno de Vichy
Cartel en el que se advierte del peligro de que los judíos dominen el mundo




martes, 27 de enero de 2015

Los Archivos Nacionales

Ya os comenté en una entrada anterior que los Archivos Nacionales tienen unos patios ajardinados que son un precioso lugar para descansar, comer o simplemente tomar el sol.  Situados en pleno corazón del Marais, el barrio de moda de París, los Archivos contienen la mayor colección de documentos públicos de toda Francia. Hay una parte a la que sólo tienen acceso los documentalistas del Gobierno y otra parte que está disponible para investigadores, previa solicitud. Pero hay una tercera sección abierta al público que se pueden visitar. Nada más entrar, hay una enorme sala donde ya podemos ver la parte más interesante de la visita que son los documentos más antiguos. Posteriormente, se puede pasear por el edificio y contemplar algunas estancias de los palacios que componen el edificio cuyos orígenes datan del siglo XIV. Importantes personajes de la Historia de Francia han vivido entre estos muros, desde el condestable Bertrand du Guesclin hasta el duque de Guisa, Francisco de Lorena. Napoleón I fue quien tomó la decisión de reagrupar todos los archivos públicos que se encontraban desperdigados por diferentes edificios de la ciudad en un sólo lugar: el Hôtel Soubise-Rohan. De hecho, buena parte de la segunda planta está dedicada a las exposiciones temporales, la visitas de los palacios y el Archivo Napoleónico en el que hay varios tomos dedicados a la guerra contra España. En las estancias privadas, hay también muebles de estilo rococó y frescos que representan escenas mitológicas. Lamentablemente, en algunos lugares no se pueden tomar fotos así que me conformo con enseñaros unas imágenes de documentos antiguos.

Carta manuscrita de Napoleón

Rollos medievales

Códice medieval con una descripción y un dibujo del Chateau de Vincennes

sábado, 24 de enero de 2015

El dilema de los judíos franceses

Desde que tuvieron lugar los atentados de Charlie Hebdo y, sobre todo, el secuestro del supermercado kosher en Porte de Vincennes, mucho se ha hablado de la situción de los judíos en Francia, país que alberga la comunidad hebrea más grande de Europa. El antisemitismo está creciendo en Europa como se ya he visto en Hungría, en Ucrania, en Bélgica, en Grecia... y Francia no ha sido una excepción. Ya el pasado verano, el presidente honorífico del Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, atacó en una entrevista a varios famosos que lo habían criticado, incluido el cantante y actor judío Patrick Bruel del que dijo que ya lo incluirían en la próxima hornada. Creo que este insulto no necesita explicación.

Tras los atentados, las zonas de París en las que hay sinagogas o escuelas judáicas están especialmente vigiladas con presencia de policía y militares armados hasta los dientes. La verdad es que a mí no me haría ninguna gracia llevar a mis hijos a colegios con tanta presencia de fuerzas de seguridad y con los soldados y agentes llevando el fusil en la mano dispuestos a abrir fuego en cualquier momento. Y si a uno se les escapa una bala... De hecho, caminar por la rue des Rosiers tan famosa por sus restaurantes de falafel, sus pastelerías tradicionales y sus negocios de bisutería da un poco de respeto. No se pueden dar dos pasos sin encontrarse una patrulla de madelman. Aunque el futuro se presenta más sombrío todavía. Es lógico sentir temor ante un posible ataque terrorista pero mucho más miedo dan las perspectivas electorales. Recordemos que el partido más votado en las últimas elecciones europeas fue el Frente Nacional y que la intención de voto se mantenía muy alta de cara a unas hipotéticas presidenciales. Así que a los judíos se les presenta un panorama desolador: los ataques terroristas no serán nada en comparación con el daño que puede hacer un gobierno racista y xenófobo.

Hay que decir que durante la Segunda Guerra Mundial, miles de judíos franceses fueron detenidos y deportados a campos de concentración nazis con la colaboración del Gobierno Francés de Vichy. Este escabroso capítulo de la Historia de Francia está todavía muy presente en la memoria colectiva, incluso se está celebrando una exposición al respecto en los Archivos Nacionales de la que hablaré en otra ocasión. La mayoría de la población judía de Francia era de origen francés, alemán y del este de Europa pero tras la Guerra, muchos habitantes de las colonias del norte de África, incluidos judíos, se trasladaron a la Francia continental y la mayoría de estos judíos eran sefardíes, es decir, de origen español y portugués, descendientes de los expulsados de España en 1.492.

Entre los atentados y el auge del Frente Nacional, muchos ya se están planteando marcharse a Israel y hasta están empezando a aparecer carteles de inmobliarias de este país en París. Sólo ha faltado que Netanyahu, el primer ministro israelí, se presentara en la manifestación contra el terrorismo en París, haciendo caso omiso de las indicaciones del gobierno francés, y aprovechara la ocasión para exhortar a los judíos residentes en Francia a abandonar su país y mudarse a Israel. Esto levantó mucha polémica porque él no es nadie para decirle a la gente lo que tiene que hacer y menos delante de los dirigentes de este país a los que, indirectamente, estaría criticando por no proteger a sus ciudadanos. Para colmo, Netanyahu también acudió al funeral por los fallecidos en el atentado celebrado en la Gran Sinagoga de París y no tuvo mejor ocurrencia que subir al púlpito y hacer un discurso de corte político y electoralista. Siempre hay quien aprovecha las desgracias en beneficio propio, incluidas las de sus hermanos de fe.

Cartel de una inmobiliaria israelí

 Gran Sinagoga de París

viernes, 23 de enero de 2015

Museo Rodin

Parece que ésta es la semana de saldar cuentas pendientes. El Museo Rodin me encanta. Es uno de mis favoritos de París pero, por desgracia, aún no había escrito sobre él. Lo he visitado varias veces pero aún no había comentado nada. Ahora es el momento.

Tanto se ha hablado de Rodin...  Para muchos, Rodin es uno de los tres mejores escultores de la Historia junto con Praxíteles y Miguel Ángel. Para otros, el hombre que acabó para siempre con las estatuas. Para todos, el padre de la escultura moderna. Su estilo absolutamente personal, naturalista e impresionista, es tan impactante que los turistas que visitan el museo pasan rato y rato contemplando las obras. En ellas, destaca su empleo del cuerpo humano como soporte para transmitir emociones. Al igual que otros artistas contemporáneos, sus modelos son personas normales: familiares suyos, amigos o gente de la calle incluidos mendigos lo que le aleja de la escultura clásica que representa a personajes elevados como dioses, reyes y leyendas. Lo que nos muestran sus obras son personas enfrentadas a sentimientos que todos podemos conocer, expresiones que todos hemos vivido alguna vez como la angustia de Los Burgueses de Calais, el amor de El Beso o la duda de El Pensador.

De todo lo anterior, se deduce que la visita a este Museo es ineludible. No sólo se pueden ver sus obras más importantes, sobre todo, en bronce, sino que también contamos con la ventaja de que están a la aire libre, en un jardín, de manera que se pueden contemplar de cerca o a cierta distancia, para detenerse en los detalles o para tener una visión global de las mismas. Por desgracia, el Museo está parcialmente cerrado hasta septiembre de 2.015 por obras en el edificio principal, el que alberga la colección de obras de mármol. Pero esto no va a impedir ver las esculturas que allí se encuentran ya que las han trasladado a un pequeño edificio acristalado que hay en una lateral del jardín.

Como notas finales, me gustaría añadir que visitar este museo también resulta agradable por motivos menos artísticos. El primero, sus empleados. En general, los trabajadores de los museos que yo he visitado, y son bastantes, son muy amables, pero hago una mención especial a los del Rodin. Sus buenos modales, su calidez en el trato y su sonrisa perenne bien merecen este reconocimiento. El segundo es la cafetería. Suena muy superficial pero la mayoría de los museos no cubren sus gastos con las entradas de manera que tomar un café o hacer una compra en la tienda de regalos es una manera bonita de financiar el museo que estamos visitando. En este caso concreto, la cafetería está en el lado izquierdo del jardín (con vistas al Boulevard des Invalides) y tiene terraza por tanto podéis tomar un café o un aperitivo mientras observáis el paisaje, las obras de arte y a los turistas contemplándolas. Además, me tomé un café y un delicioso muffin de chocolate y me pareció que estaban bien de precio. Teniendo en cuenta que el barrio donde está situado es carísimo y hay muy pocas cafeterías y restaurantes, vale la pena considerar esta opción. La entrada principal del museo está en la rue Varenne, la calle donde están la residencia del Primer Ministro (Palacio Matignon) y las sedes de algunos ministerios y embajadas, entre otros lugares públicos. Allí no hay cafeterías, de hecho, con el despliegue de fuerzas de seguridad que está viviendo París últimamente, es probable que no podáis ni pasar. Enfrente del museo están los Inválidos y su gran explanada donde tampoco hay locales para tomar algo. Así que está clarísimo: hay que reponer fuerzas en la terracita del museo.


El Pensador


Vistas del jardín

Retrato de Gustav Mahler

Las Tres Sombras

Los Burgueses de Calais
Las Puertas del Infierno

jueves, 22 de enero de 2015

El barrio chino

Después de haber hablado del barrio japonés, tenía una deuda pendiente con el barrio chino, uno de los más populares de todo París. Está situado en el distrito XIII, en el triángulo formado por la Place d'Italie y las paradas de metro Porte de Choisy y Porte d'Ivry, siendo la zona más cercana a estas estaciones la que está más llena de gente siempre. De hecho, en la avenida de Choisy, saliendo de la parada de metro Porte de Choisy a la izquierda, hay dos restaurantes que se llaman Tricotin y Hao Hao que están siempre llenos hasta la bandera, incluso entre semana. La posibilidad de encontrar restaurantes con auténtica comida asiática a buen precio lo ha convertido en el sitio de moda entre la gente joven para salir a cenar. No tiene el encanto hipster del Marais, ni el estilo bohemio de la rue Mouffetard y alrededores pero sus restaurantes están siempre llenos. Aunque a este barrio se le llame "chino", en realidad, muchos de los negocios pertenecen a personas originarias de Vietnam, Laos, Tailandia, Birmania, Camboya... y otros territorios que, en su momento, fueron protectorados franceses en Indochina. Los chinos de verdad han llegado más tarde.

Además de ser un plan excelente para cenar y comer platos ricos y sabrosos, auténticos y baratos, en el barrio chino también se puede ir de compras, empezando por la comida preparada que se puede adquirir en los numerosos traiteurs, objetos de regalo en sus bazares y joyas, gemas y bisutería en sus joyerías.

Y para finalizar, unas cuantas recomendaciones basadas en experiencias propias y ajenas. Como consejo general, debo decir que los platos, especialmente las sopas, son enormes así que si vais a cenar en algún restaurante de esta zona, tened cuidado de no pedir demasiado. Es mejor pedir poco al principio y después volver a solicitar la carta, si aún os habéis quedado con hambre, que pasarse con la comanda y salir llenísimo de la cena. A nivel más concreto, en estos resturantes no vais a encontrar falsa comida china como en la mayoría de los restaurantes chinos que hay en España en los que todo sabe a glutamato, fritanga y preparados industriales en polvo. Aquí la comida es más cercana a la original de los países de Asia oriental y os recuerdo que la cocina asiática lleva muchas hierbas y especias (el jengibre y el cilantro los vais a encontrar hasta en la sopa, literalmente) de manera que quizá os sorprendan los sabores y sus mezclas. Resulta muy interesante educar el paladar en nuevas experiencias gastronómicas pero hay que ser consciente de ello porque no a todo el mundo le gustan según qué combinaciones. Atención también con los picantes, que uno se emociona mientras come y luego acaba transformado en dragón por un día: de la boca sale fuego. Accidentalmente, me tragué un trozo de guindilla mientras comía una sopa de pescado y el picor de la boca y la garganta eran tan desagradables que luego me tuve que comer dos mangos enteros para refrescar, o cicatrizar, las partes afectadas. Por no hablar del denominado «efecto campana» de la comida picante, esto es, pica cuando entra y repica cuando sale, ya me entendéis. Cuidado también con la citronela, no pidáis varios platos que la lleven: si tomáis un plato con esta hierba, os dará un gusto ácido muy rico pero si tomáis más de uno, tendréis la sensación de haber lamido un ambientador de coche. Parecido ocurre con el omnipresente jengibre, cuya acumulación en el paladar anula el resto de sabores y parecerá que os habéis bebido un frasco de colonia. Espero haberos orientado bien.


Enorme supermercado asiático recién abierto en Avenue d'Ivry

Tienda de congelados

Agencia inmobiliaria

Despacho parroquial de Nôtre-Dame de Chine


En los bazares chinos se encuentran un montón de horteradas y horripilancias pero más auténticas que las de los bazares chinos de España

Uno de los muchísimos restaurantes en cuya carta se ofrecen platos de diferentes países de Extremo Oriente

Hasta McDonald's tiene letreros en kanjis. Aunque este restaurante hace años era mucho más divertido

miércoles, 21 de enero de 2015

El barrio japonés

Hay una zona repartida entre los distritos I, II y IX en la que parece que no estemos en pleno centro de París. Se trata del barrio japonés o Little Tokio cuyo centro neurálgico son las calles Sainte-Anne y Petits Champs. Ya os comenté que es un lugar lleno de restaurantes auténticos japoneses pero también hay tiendas de todo tipo, desde joyerías hasta ultramarinos pasando por librerías o inmobiliarias. Los japoneses son grandes enamorados de París y la visitan como turistas desde hace décadas pero en los últimos tiempos, además, muchos se han afincado en la capital francesa o han comprado carísimos apartamentos en las mejores zonas para tener una segunda residencia en Europa. Con lo baja que está la cotización del euro y lo alto que está el yen, los millonarios japoneses pueden hacer sus compras en las tiendas de lujo parisinas gastando menos dinero del que gastarían en su propio país. Tal es la cantidad de ciudadanos nipones presentes en París y tan importantes son como clientes que las firmas de moda y los grandes almacenes más prestigiosos (Printemps y Lafayette, principalmente) contratan personal japonés para atender a sus clientes. Por supuesto en Little Tokio, la mayoría de los empleados de los restaurantes y tiendas también son japoneses pero es que, además, hay oficinas de banca, inmobiliarias, consultorías y hasta agencias de viajes dirigidas por y para este público. Como nota curiosa, hay que decir que también hay unos cuantos negocios coreanos, sobre todo restaurantes, que se han colado en esta otra isla japonesa que no se encuentra en el Pacífico sino a orillas del Sena.

Pero no todo son ventajas para los turistas del país del Sol Naciente. La creciente inseguridad ciudadana, los robos de que son víctimas en la vía pública y otras incomodidades que sufren han dado nombre a una nueva alteración psicológica llamada Síndrome de París. No se trata sólo de la lejanía del hogar o de encontrarse fuera de su entorno o de su rutina o de una simple desilusión sino de un trastorno más complejo. En cualquier caso, éste es un barrio fantástico en el que también los que no somos japoneses vamos a disfrutar un montón. Además de encontrar deliciosos restaurantes y originales productos asiáticos en sus comercios, la amabilidad nipona con la que los camareros y dependientes os van a tratar, os hará sentir de maravilla.

Si sois aficionados a la literatura clásica japonesa como yo, éste es vuestro sitio. También la recomiendo para amantes del manga y el anime: su colección de juegos, libros y accesorios es espectacular.

Inmobiliaria japonesa

Elegante restaurante junto a la place Vendôme

Si vuestro presupuesto es más limitado, podéis tomar un bento. La bandeja japonesa que tiene de todo.

También hay un hueco para los restaurantes coreanos. Yo todavía no he probado ninguno pero espero hacerlo pronto.