El Museo Guimet nos propone hasta el 22 de mayo una bonita exposición cuyo tema son los kimonos femeninos japoneses: desde algunos antiguos del siglo XVI hasta unas reinterpretaciones de los diseñadores contemporáneos. A pesar de ser un Museo menos conocido, la muestra ha despertado gran expectación y está teniendo un gran éxito de público: depende de los días, hay que hacer cola para entrar, algo que yo nunca había visto en el Guimet.
Kosodes del siglo XVIII
Empieza el recorrido de la exposición con una antesala en la que hay un resumen de la historia del kimono y unos biombos que muestran kimonos y figuras femeninas así como cuadernos con muestras de dibujos y algunos accesorios.
Biombo que representa un juego de muñecas en el Hinamatsuri, el festival de las niñas
Biombo que representa kimonos colgados
A continuación, vemos diferentes tipos de kimonos cuya forma y materiales cambia a lo largo del tiempo. Así destacan los kosodes, que son aquellos que tienen manga pequeña, o los katabira que eran los realizados en algodón, cáñamo o ramio y no en la tradicional seda. En el siglo XIX, por influencia europea, se adopta como tejido la crêpe de seda lo que hace los kimonos más ligeros. También hay importantes diferencias en la decoración: paisajes imaginarios, flores, ramas de árboles, pájaros y otros animales, dragones... A partir del siglo XVII, comienzan a representarse escenas de obras literarias japonesas tales como el Genji Monagatari y otras obras de la época Heian, poemas y obras del teatro Nô. Y a los tradicionales bordados y tramas del tejido para la elaboración de los motivos, se une la técnica yuzen que consiste en pintar la tela a mano.
Kosode del siglo XIX que representa la fiesta de hojas amarillas y rojas del otoño, tema tratado en el Genji Monogatari
También se nos explican las diferentes prendas que componen el kimono, entre las cuales destaca el obi, una pieza alargada que se fajaba a la cintura y que llegaba a apretarse tanto como un corsé europeo, de manera que mantenía la espalda firme y dificultaba la libertad de movimientos. El obi de las mujeres era más largo y grande y, dentro de la complejidad de la sociedad nipona, existían varios centenares de formas de anudarlo que determinaban la clase social y otras circunstancias de la portadora. En esta sección, hay varios artículos de adorno como complementos para el cabello.
Diferentes clases de obi
Y además de todas estas piezas antiguas, la exposición finaliza con ropa de diseñadores japoneses en los que se renueva el kimono tradicional así como diseños de grandes modistos franceses en los que se parte de la base del kimono para convertirlo en una obra de alta costura parisina, tan elaborada y compleja como los kimonos tradicionales.
Kimono Haori-Kakitsubata diseñado por Junko Koshino
Junto con la maravillosa exposición de Vermeer y los pintores costumbristas, el Louvre nos da una propina que no todo el mundo aprovecha, otra muestra mucho menos popular dedicada al pintor tenebrista Valentin de Bologne, la primera retrospectiva que se le dedica en Francia, su país natal.
Tras las enormes colas y la incomodidad de ver cuadritos muy pequeños rodeada de gente de la exposición holandesa, muchos visitantes salen del recinto sin haber entrado en esta otra exhibición temporal, menos mediática e interesante que la anterior. No por ello los organizadores han sido menos ambiciosos, comenzando por el título: Reinventando Caravaggio. ¿Se puede ir más allá de Caravaggio, uno de los mejores pintores de la historia? ¿Se puede reinventar un estilo tan personal, tan sórdido y tan polémico?
Sí, Valentin se vio influido por el maestro milanés en el estilo tenebrista, los temas elegidos, la fuerza expresiva de sus personajes y la crudeza de sus imágenes pero no creo que sus aportaciones fueran más reseñables o innovadoras en la pintura barroca italiana que las de otros contemporáneos. Aunque sí se le puede considerar un digno heredero, casi émulo, y el mejor de los caravaggistas franceses. Su dominio del claroscuro, sus escenas de la vida callejera, los gestos de sus personajes y la dureza de las escenas representadas, sin duda, son muy caravaggiescas pero hay diferencias entre el arte de Valentin y el de Michelangelo Marisi. Las imágenes del francés son algo menos descarnadas y están encuadradas de una forma más clásica y menos rupturista. Así que más que reinventar, lo que hace es domesticar el estilo salvaje del momento.
Cartel de la exposición
Esta exposición nos ofrece un recorrido cronológico alrededor de tres temas. El primero de ellos son los bajos fondos: jugadores de cartas y de dados, quiromantes, zíngaros... De ahí pasamos a la pintura bíblica con bastantes escenas de la vida de Jesús como La Pasión de Cristo, La Última Cena, Jesús con la Adúltera, Jesús expulsando a los mercaderes del templo y otros. Aunque también hay retratos de los Evangelistas y otras obras de escenas del Antiguo Testamento. En estas últimas, vemos que la nobleza viene en rasgos infantiles ya que los personajes de Salomón, Daniel y David son representados como adolescentes. No es el único caso de elevación moral de la niñez ya que el Barroco era también la época de los castrati, adultos que tenían voz infantil debido a la mutilación que sufrían antes de su desarrollo y que solían ser los protagonistas de óperas en que representaban papeles de dioses, héroes o reyes mitológicos.
La carrera de Valentin vivió un importante avance en 1627, momento en que empezó a recibir los encargos de la familia del Papa Urbano VIII, a través del sobrino de éste, el cardenal Francesco Barberini, que se materializarían en cuadros de temática bíblica, alegorías patrióticas y vidas y martirios de santos. Así vemos dos obras del tema de Judith, una Alegoría de Italia, La Coronación de espinas y El Martirio de san Proceso y san Martiniano
Para el visitante, resulta difícil saber qué busca la exposición puesto que no hay folletos explicativos (tampoco en la del Siglo de Oro holandés) pero, a diferencia de ésta, tampoco hay mucha información en la página web del Museo. Hay que acceder a los comunicados de prensa para conocer de primera mano la intención de esta exposición. En cualquier caso, hay que aprovechar para visitarla y el contraste con la muestra de los maestros neerlandeses resulta muy interesante.
Ya se ha celebrado la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas y, como sabéis, los dos candidatos más votados y que pasan a la segunda ronda han sido Emmanuel Macron y Marine Le Pen, Atrás han quedado el resto de partidos políticos con mención especial a la debacle del Partido Socialista que se ha quedado en un 7% de los votos. Todo lo contrario que el movimiento Francia Insumisa de Mélenchon que sobrepasó el 18% de los sufragios, un resultado muy meritorio para una formación nueva. Además será la primera vez en la historia de la V República que el partido de la derecha conservadora no pasa a la segunda ronda. Parece que los dos partidos tradicionales están empezando a analizar los motivos de su fracaso en estas elecciones. Un representante de Los Republicanos comentó lo difícil que había resultado la campaña para su candidato François Fillon pero también nombró de pasada las primarias como causa primera del fracaso electoral. En efecto, como bien dijo este político, las primarias son un proceso completamente ajeno a su partido y, no insistió en el tema, pero quizá no haya sido el mejor instrumento para escoger el candidato: las elecciones se ganan en el centro y los dos partidos tradicionales parecen haberse escorado a los extremos. Respecto a la inconveniencia de Hamon como candidato y a los resultados inadecuados de las primarias, me reafirmo en lo que dije aquí.
Destaca que el candidato más votado es Macron, el antiguo Ministro de Economía. Aunque las encuestas le daban como segundo en porcentaje de votos, ha conseguido sobrepasar al FN en número de sufragios. Teniendo en cuenta el hundimiento de los partidos clásicos, ¡En Marcha! era la opción más inteligente de entre los nuevos. En el periódico gratuito 20 Minutos, aparece una frase de un chaval de 19 años que, a pesar de su juventud, da en el clavo con el diagnóstico: "Lo que nos distingue de los frentistas y de los melenchonistas es nuestro optimismo. Ellos están resignados y quieren trastornar todo. En cambio, nosotros creemos en el cambio". No se puede hacer un análisis más certero.
Portada del periódico
Por supuesto, la mayor parte de los candidatos eliminados han pedido el voto para Macron en lo que se llama frente republicano, el conjunto de partidos en contra del Frente Nacional. Marine Le Pen, muy satisfecha con el resultado, declaró que en esta segunda vuelta sí va a haber verdadero debate sobre la identidad y el proyecto político para Francia. Según ella, no ha existido en esta primera ronda. De momento, he observado que en estas elecciones se está produciendo la misma disyuntiva que ha ocurrido en otras: el campo contra la ciudad. En efecto, se ha visto en EE.UU., en España, en Italia, en el referéndum del Brexit... el voto rural ultraconservador se opone al voto progresista de las ciudades. Aquí en París, el FN apenas ha sacado un 5% de los votos, muy por debajo de la media nacional.
Datos de los votos obtenidos por el Frente Nacional
Por otro lado, la participación fue bastante elevada. El buen tiempo ayudó, sin duda. Así que después de varios días sin poder pasar por los Campos Elíseos por motivos de seguridad, me fui al lugar donde fue abatido un policía y varios resultaron heridos. No muy lejos de la parada de metro Georges V, los ciudadanos depositan flores, velas, pancartas y banderas de Francia en solidaridad con el agente fallecido y con las fuerzas de seguridad. Por desgracia, estos ataques no hacen más dar más fuerza a los ultraderechistas. Comprendo que en estos momentos es normal tener miedo pero la intolerancia, la destrucción de la convivencia pacífica y la pérdida de libertades no es la solución.
Flores depositadas en el sitio en que falleció el policía
(Tenía pensado publicar esta entrada el pasado 21 de abril pero decidí esperar porque no me parecía oportuno hablar como si tal cosa de un restaurante que se encuentra justo en la zona donde se ha producido el último ataque terrorista. Por suerte, hubo tranquilidad absoluta el día que yo estuve allí)
Mucho se habló el año pasado de la apertura del restaurante Five Guys en París. Por lo visto, unos franceses decidieron hacer el más difícil todavía: abrir una cadena de hamburgueserías en Estados Unidos. No se puede negar el éxito de crítica y público que tuvieron ya que se convirtieron en una de las cadenas más populares del país, incluso, se anuncian como la hamburguesa favorita de Barack Obama. El 1 de agosto de 2016 abrieron su restaurante estrella en plenos Campos Elíseos y eran tales las colas para entrar o pedir para llevar que yo iba dejando pasar los días hasta que, al final, entré.
El restaurante es como una enorme cadena de montaje llena de gente que no para ni un segundo. Los cajeros son muy simpáticos y había una chica que hablaba un poco de español. Con semejante ritmo de trabajo, los pedidos no se hacen esperar: enseguida llega la comida. Envuelta en una bolsa de plástico, aparecen las hamburguesas y las patatas, en cambio, las bebidas se las sirve uno mismo. La cerveza se recoge en la misma caja y los refrescos se pueden recargar tantas veces uno quiera. También hay cajas de cacahuetes para entretenerse durante la espera.
No es un sitio para ir todos los días porque pagar 20€ por una hamburguesa con patatas y una bebida me parece excesivo aunque hay que reconocer que no pude terminar lo que había pedido. La hamburguesa es doble así que no se queda uno con hambre y los ingredientes se pueden elegir a voluntad entre una lista muy larga y sin recargo. Las patatas estaban muy ricas pero hay dos opciones: las naturales y las cajun. Éstas son las que pidió mi amigo y la verdad es que están demasiado picantes. No probamos ni postres ni batidos pero no me habría importado. Quizá la próxima vez, pida la hamburguesa más simple o un perrito y luego un postre.
Las hamburguesas están muy ricas y son muy abundantes pero tampoco me parecen para tanto. Las he probado mejores y más baratas. Supongo que han tenido tanto éxito en Estados Unidos porque están muy hechas. Por supuesto, no se pueden dar indicaciones de a qué punto se quiere la hamburguesa porque eso es un restaurante de comida rápida y todo está estandarizado. Five Guys ha abierto otro restaurante en la zona de Bercy y esperan abrir más. no les faltará público ya que en las grandes ciudades se come mucha comida preparada y su propuesta no está mal. Con sinceridad, mi amigo y yo estábamos en la zona y nos fuimos allí por la cercanía y la curiosidad de probarlo pero no iría a este sitio de propio si estuviera lejos.
La exposición temporal que se celebra estos días en el Museo del Louvre está siendo todo un éxito de asistencia. No es para menos: se exponen en ella obras que en pocas ocasiones salen de sus colecciones habituales en diferentes lugares de Estados Unidos, Gran Bretaña o Países Bajos. Dado el gran interés despertado, el Louvre sólo permite la entrada a los visitantes que han reservado previamente a través de internet, algo que yo nunca había visto en este Museo. Pero la organización no parece haber previsto tanto público y la página web funciona de pena. Parece mentira en el museo más visitado del mundo. Por otro lado, la visita tampoco resulta cómoda: hay tanta gente que es difícil ver los cuadros que además son muy pequeños. Todo lo anterior ha causado tantos problemas, que el Museo se ha puesto manos a la obra para arreglar los problemas y que la exposición se pueda visitar, hasta su clausura el 22 de mayo, sin tantas incidencias. Además, recomiendan realizar la visita en los horarios nocturnos, es decir, miércoles y viernes, que es lo que hice yo.
Cartel que reproduce La Lechera. No se permiten hacer fotos de la exposición.
¿Y cuál es esta exposición temporal que despierta tanto interés en un Museo tan lleno de obras de arte que resulta inabarcable? Se trata de Vermeer y los pintores de género, una breve pero interesante confrontación de obras del maestro Vermeer con algunos pintores contemporáneos como Gerard Dou, Gerard Ter Borch, Jan Steen, Pieter de Hoch, Gabriel Metsu, Caspar Netscher, Frans Van Mieris y otros. Aquí un pequeño recorrido. Conocido como la Esfinge de Delft por el supuesto aislamiento en que vivía, de Vermeer se sabe que sólo pintaba por encargo, que era protestante pero se casó con una mujer católica con la que tuvo más de 10 hijos y que falleció joven y endeudado. La muestra que nos ocupa viene a romper esa presunta reclusión del artista al oponer sus obras con las de los otros pintores coetáneos para generar un debate tan antiguo como el arte: no sabemos si es influencia, copia, imitación, homenaje, creación de escuela o estilo, petición de los clientes de tener obras à la Vermeer...
Para entender las obras aquí expuestas, hay que conocer un poco la época y el lugar en que se pintaron. Las ciudades holandesas vivieron un gran momento de esplendor en el siglo XVII llamado el Siglo de Oro neerlandés: la relativa paz social y el desarrollo del comercio internacional generó una pujante sociedad burguesa y una clase social de comerciantes acomodada y culta pero sobria. Estos burgueses deseaban reflejar su vida y sus costumbres en cuadros que luego podían mostrar a sus invitados como ejemplo de buen gusto y refinamiento. En ellos, aparecen uno o varios personajes en escenas cotidianas, en actitudes cercanas pero dignas con discreto mobiliario en segundo plano. Desconocemos las identidades de los protagonistas pero pueden ser sus mismos clientes o modelos profesionales y, en algunos casos, se repiten: la chica del collar de perlas y la chica de la carta son la misma persona y además vestida con la misma ropa.
Delicada porcelana de Delft, muy apreciada por las clases acomodadas neerlandesas. Los pigmentos azules son los mismos que empleaba Vermeer en sus cuadros.
Las obras que podemos observar a lo largo del recorrido son escenas costumbristas o de género de lo más variadas: en ellas vemos personajes en todo tipo de actividades desde actos intelectuales, como leer o escribir cartas o tocar instrumentos musicales, a otros más manuales como los trabajos domésticos de La Bordadora (un cuadro pequeñísimo) o La Lechera o Joven cosiendo de Nicolaes Maes, cuadro que está pintado directamente sobre madera, sin lienzo. También momentos de interacción social como chicas que reciben la visita de chicos interesados en ellas tal que Visita inoportuna o Visita del pretendiente. Aparecen algunos temas más frívolos, por ejemplo, los afrodisíacos y otros muy serios como la ciencia: la apertura de Holanda al mundo queda reflejada en los cuadros El Astrónomo y El Geógrafo, en los que el científico que está estudiando luce una bata de casa que se asemeja a un kimono. Lo oriental empezaba a estar de moda. Sólo hay un cuadro en todo el recorrido en el que no hay presencia humana: Interior Holandés de Samuel van Hoogstraten donde vemos la entrada a un edificio y unas pantuflas en primer plano. Y, para finalizar, nos encontramos con la etapa manierista de este estilo y un cuadro de Vermeer que nada tiene que ver con lo visto anteriormente: se trata de Alegoría de la Fe católica, lo que nos lleva a pensar si Vermeer no se volvió católico en algún momento de su vida. Salvo por la incomodidad de intentar observar cuadros de muy pequeño tamaño en unas salas tan concurridas, la exposición es maravillosa y uno de los eventos imperdibles de la temporada.
La muchacha se dispone a preparar unas torrijas, muy propias de estas fiestas que acabamos de terminar
Las obras son de pequeño tamaño, algunas minúsculas, con colores cálidos y mucha luz. Nos muestran personas jóvenes y alegres en su vida cotidiana en un estilo de preciosismo miniaturista, como si los autores fueran herederos de la escuela gótica flamenca, y la calidez de los colores y la veladura gruesa, precursores del Barroco holandés. Estos pintores serían pues el enlace entre estas dos etapas del arte neerlandés. Ciertamente, la influencia o importancia de Vermeer en los demás pintores de su generación fue notable: desde la colocación de los personajes hasta los temas pasando por el dibujo y los contrastes de claroscuros. Pero ninguno de ellos puede igualar al maestro en el tratamiento de la luz, el uso sutil del color y las veladuras. Y es que Vermeer sólo hubo uno. Por lo visto, para obtener esos colores, el pintor molía muy poco los pigmentos con los que fabricaba su pintura (sí, antiguamente los pintores o sus discípulos creaban sus propias pinturas, no las compraban en la sección de manualidades de los grandes almacenes), de manera que, ésta tenía mayor proporción de aceite por lo que quedaba más pastosa y su índice de refracción de la luz era más alto. Después, aplicaba otra capa más fina y menos colorida, la veladura, lo que le daba más luminosidad al cuadro. A veces, Vermeer también empleaba polvos de algún mineral que añadía a la veladura para darle un reflejo aún más cristalino. Todo esto, unido a la pincelada pequeña y pulcra casi sin volumen, crea unos cuadros difuminados pero llenos de luz muy personales y perfectamente reconocibles.
La Lechera en su versión Playmobil
A la salida de la exposición seguimos sin hallar respuesta a la duda que he planteado antes. Si bien es innegable la influencia de Vermeer en la creación de un estilo, yo no sé hasta qué punto podemos hablar de intercambio entre los demás artistas y de estos con Vermeer. De haber habido verdadera cooperación e intercambio de ideas, no serían tan claras las diferencias técnicas entre Vermeer y los otros, perfectamente apreciables a simple vista. Lo de reproducir las mismas escenas así como la misma disposición de personajes y objetos, parece más una copia, una emulación o un estilo manierista (pintar a la manera de...) que una verdadera escuela. Y más en esta exposición donde los cuadros de misma temática se exponen juntos para ver las diferencias o similitudes entre ellos. Aunque los organizadores de la exposición la han planteado desde esta perspectiva de la cooperación, yo no la veo nada clara. Me parece más literatura para vender la muestra que una base sólida de estudio. Si queréis la versión oficial de la exposición, la encontraréis aquí. Mi opinión, os la acabo de dar.
Estas primeras semanas de la primavera han sido casi veraniegas: ha hecho un tiempo estupendo, no hay ni una nube en el cielo y las temperaturas son altas. Esto implica dos consecuencias: la polución está otra vez a niveles máximos y la naturaleza está en su máximo esplendor de color y belleza.
Ahora que las plantas florecen, el servicio de parques y jardines de la ciudad ha decidido plantar la flor estrella de la temporada: el tulipán. Aunque es uno de los símbolos de los Países Bajos, los tulipanes provienen de Asia central y su nombre (tulbend) significa turbante, recibido por la forma de su corola. Los tulipanes son este año la estrella de la decoración floral de parques y jardines y el centro de uno de los actos más importantes de la ciudad de Saint-Denis, la fiesta de los Tulipanes. Os dejo con las hermosas fotos de estas flores.
Y durante el fin de semana, se fue el sol y llegó la lluvia pero los tulipanes del Parque de la Legión de Honor en Saint-Denis, por cierto, precioso parque del que espero hablar otro día.
Hoy 14 de abril es el aniversario de la proclamación de la II República Española. Una pequeña reunión de republicanos y simpatizantes ha tenido lugar en la plaza de la República, un lugar de concentración social y política sin paragón. Ya he hablado anteriormente en mi blog de la importancia de los republicanos españoles en la liberación de París, concretamente aquí y aquí por eso no resulta nada raro ver estas banderas republicanas. De hecho, fue el exalcalde de París Bertrand Delanoë el primero en reivindicar el papel de estos combatientes en la liberación de la ciudad y en incluir la bandera republicana española en las conmemoraciones junto con las de otros países aliados. Aunque mi blog tiene una entrada pendiente sobre la presencia de españoles en París en la que se debe hacer especial hincapié en la comunidad de exiliados de la dictadura franquista.
Algunos de los reunidos
Y no sé si es la espectacular luna rosa de este fin de semana, la lluvia de meteoros que se avecina o la conjunción planetaria de la semana pasada, pero hasta en la cantina de mi trabajo han aparecido los colores republicanos, rojo, amarillo y morado, de la manera más apetitosa posible.
Smoothie político
Y volviendo a casa, otra broma del destino: un ciclo de teatro en Ivry-sur-Seine que anuncia una obra del Marqués de Sade llamada Franceses, un esfuerzo más si queréis ser republicanos. Muy oportuno haber visto esta publicidad hoy y en vísperas de las elecciones presidenciales francesas. El texto lo podéis encontrar aquí.
Hay un truco casi infalible para no equivocarse con la elección del restaurante: entrar en aquél que tiene una larga fila de gente esperando en la puerta. Éste es el caso de Happa Teï, un restaurante de tapas y comida rápida japonesa de la rue Sainte Anne, en el barrio japonés de París. Es un sitio pequeñísimo: una cocina que no para ni un segundo en la planta calle y un pequeño salón en el primer piso. Pero es suficiente para pasar una noche genial. Una colorida carta nos enseña la variedad de tapas, entradas, takoyaki y okonomiyaki, así como las bebidas entre las que destacan varios tipos de sake, incluido uno espumoso, calpis y otros refrescos así como vinos y cervezas. En la ventana que da a la calle se ve a uno de los cocineros que no para de dar vueltas a los takoyaki, unas bolitas de masa rellenas de pulpo y acompañadas de salsa y especias. Viendo el espectáculo, una no puede resistirse.
Mi amigo y yo pedimos cerveza Kirin, una tapa de pulpo, otra de cerdo marinado, una ración de takoyaki y una okonomiyaki de estilo Hiroshima con gambas y calamar. De postre, una bola de helado de té matcha para bajar la comida y recuperarnos del calor porque, entre lo angosto del lugar, la cantidad de gente y que la cocina estaba a pleno rendimiento, estábamos asados como pollos. La cena fue un acierto absoluto y es que tengo un don para escoger lo mejor de los sitios a donde voy y, por supuesto, buen paladar para apreciarlo. Quizá suene arrogante pero es que es así: no todo el mundo acierta. Todo estaba delicioso, los camareros fueron muy amables y el ambiente fue genial. Una cena perfecta.
Tapa de pulpo y tapa de cerdo marinado, al fondo. Todo muy bueno y en su punto.
Cerveza Kirin Ichiban
Takoyaki ardientes acompañados de salsa barbacoa japonesa (a base de salsa inglesa, ketchup, azúcar y mentsuyu), especias y atún deshidratado. La foto no es muy buena pero los takoyakis estaban riquísimos.
Okonomiyaki con fideos, col, calamares, gambas y mucho más.
Otro libro que he leído por la importancia que ha tenido en la historia de la ópera. Después de Las bodas de Fígaro, le ha tocado el turno a Manon Lescaut, obra del Abad Prévost, que inspiró una ópera de Massenet y otra de Puccini. El libro me ha sorprendido por la modernidad del lenguaje, el estilo directo y fluido y cómo el autor encadena los acontecimientos en una narración doble. En primer lugar, un narrador es testigo del encuentro entre Manon, una prostituta, y el caballero Des Grieux, su enamorado quien la ha seguido para evitar que sea enviada a América junto con otras mujeres de mala vida. Dos años después, este mismo narrador se reencuentra con Des Grieux quien toma la palabra para contar su historia y la de Manon.
En resumidas cuentas, podemos decir que ésta es la historia de la puta y el rufián. Ambos personajes compiten entre sí en materialismo, desvergüenza e inmoralidad. Manon Lescaut es una prostituta y Des Grieux es el hijo segundón de una buena familia de provincias que, entre tomar los hábitos o unirse a una orden de caballería, se decide por integrarse en la Orden de Malta. Lejos de realizar obras caritativas, Des Grieux se enamora de Manon y decide abandonar a su familia y sus estudios para seguirla a París. Allí se instalan los enamorados gastando a manos llenas el dinero de los ahorros de Des Grieux, primero, y el que Manon obtiene de sus clientes, después.
Viven juntos varios episodios rocambolescos en que se dedican al engaño, el robo y la estafa. En algunos momentos, Des Grieux desea reconciliarse con su padre y con Tiberge, su mejor amigo, y siempre aprovecha la ocasión para pedirles dinero. La situación empeora cuando aparece el hermano de Manon con la intención de aprovecharse de los ingresos de su hermana. Como cada vez tienen menos dinero y sus gastos no paran de aumentar, Des Grieux empieza a jugar a las cartas y a apostar, así sea haciendo trampas, para conseguir dinero. Por supuesto, a ninguno de los dos se les ocurre trabajar; la única que trabaja es Manon y ya sabemos a qué se dedica. Al principio, el juego se le da bien pero la ganancia nunca es suficiente para quien no se sabe administrar y Manon y él se compran una casita en Chaillot que, por desgracia, será consumida por un incendio junto con todos los carísimos bienes que hay en ella.
Ocurren muchas más historias y desgracias: sus criados les roban, un rival de juego al que habían ganado mata al hermano de Manon, engañan al anciano señor G. M., etc... Al final, Manon acaba en la Salpêtrière, una especie de cárcel y hospicio para vagabundos y mujeres de la calle, hoy reconvertido en uno de los hospitales más reputados de París (como curiosidad, diremos que aquí falleció Diana de Gales). Para liberarla, Des Grieux soborna, estafa e, incluso, asesina a uno de los carceleros. Lo más llamativo es la manera en que Des Grieux se comporta y cómo cuenta los hechos. No sabemos si es un joven muy inocente o un psicópata: en ningún momento, muestra el más mínimo remordimiento por lo que hace. Al revés, para él todo son fatalidades del destino.
Entre trampas y derroche, Manon seduce al hijo del señor G.M. antes citado y Des Grieux le prepara una trampa para robarle. Esta vez el plan sale mal y los amantes vuelven a dar con sus huesos en la cárcel. El padre Des Grieux llega a París para liberar a su hijo y Manon es condenada a la deportación a las colonias francesas en América. Una vez libre, Des Grieux decide enrolarse en el barco que conduce a Manon a Nueva Orleans. Después de dos meses de travesía, llegan a Luisiana y la fatalidad les sigue persiguiendo. Ya no cuento más pero, sabiendo que ha inspirado dos óperas, os podéis imaginar el desenlace.
A pesar de todas estas desdichas, la novela no se hace pesada, bien al contrario, se lee enseguida, sin parar. Está escrita en discurso indirecto de manera que los diálogos se incluyen en la trama. Probablemente, fue escrita pensada para ser leída en voz alta. Fue una novela increíblemente popular, a pesar de haber sido censurada o, quizá gracias a eso. El nombre de la protagonista, Manon, es desde finales de los 90 uno de los nombres de niña más habituales.
Por encima de todas las aventuras, desgracias y delitos, está el verdadero protagonista de esta historia: el Amor. Lo escribo con mayúscula porque es un elemento de suma importancia. Para estar juntos, Manon et Des Grieux están dispuestos a todo: es paradójico que un sentimiento noble como el amor les lleve a cometer todo tipo de delitos y agravios. A veces, durante el desarrollo de la acción, no daba crédito a todo lo que Des Grieux iba contando que va mucho más allá de lo que aparece en las óperas, que se centran en la parte romántica. Para mí, ha sido una lectura sorprendente y muy recomendable.
Parece que la tragedia trascendió a los propios personajes y llegó hasta el autor, el pobre Abad Prévost. Fue encontrado inmóvil en un bosque y, pensando que estaba muerto, un médico procedió a practicarle la autopsia pero el Abad sólo estaba desmayado y del tajo que le abrieron en el abdomen, esta vez sí, falleció.
Aunque me había prometido a mí misma que no hablaría más de las elecciones hasta conocer el resultado final, la actualidad manda y esta campaña está siendo muy movidita.
La sede del Partido Socialista, epicentro de un terremoto
Empecemos por el ala izquierda desde donde las aguas bajan muy revueltas. Después de unas primarias que mostraron una división interna nunca antes conocida, el Partido Socialista esperaba una reconciliación entre las dos facciones enfrentadas, la oficialista, encarnada en el exprimer ministro Manuel Valls, y la de los díscolos, representados por Benoît Hamon. Nada más conocerse los resultados de las primarias, los vallsistas se ofrecieron a sumarse al proyecto si se les tenía en cuenta y se les permitía aportar sus ideas. Sin haber conseguido todavía recomponer las relaciones dentro de su propio partido, Hamon se lanzó a establecer lazos con otros partidos más a la izquierda y así mantuvo reuniones con Pierre Laurent, secretario general del Partido Comunista, Jean-Luc Mélenchon, candidato de Francia Insumisa, y Yannick Jadot de Los Verdes. La intención primera era que los citados se unieran a su candidatura pero no obtuvo ningún resultado positivo, bien al contrario, estos movimientos le valieron el recelo y las críticas de una gran parte de sus compañeros de partido. Pronto muchos importantes cargos y excargos socialistas decidieron mostrar su apoyo público a Emmanuel Macron: unos 40 diputados, alcaldes de importantes ciudades, presidentes de departamentos, senadores, el anterior alcalde de París y muchos otros se han alineado con el independiente. De nada han servido las llamadas al orden del secretario general del partido, Jean-Christophe Cambadélis, para intentar hacer piña en torno a Hamon, amenazas de expulsión incluidas.
Ya hace días que la prensa vio que Hamon estaba solo: ahora más.
Las fugas van a aumentar a partir de ahora teniendo en cuenta que el exprimer ministro, Manuel Valls, ha anunciado que va a votar a Macron. Por responsabilidad política, por voto útil, por falta de identificación con el proyecto... el motivo es lo de menos. Ahora los seguidores de Hamon acusan a Valls de deslealtad pero ¿no fueron ellos los que empezaron la guerra? ¿No fueron ellos los que desestabilizaron una y otra vez los gobiernos de Valls? ¿No tuvo el catalán más trabajo poniendo orden en su propio grupo parlamentario que defendiéndose de la oposición? La división respecto a qué candidato deben apoyar los socialistas ha llegado incluso a crear polémica en Alemania. En cualquier caso, el Partido Socialista parece estar en pleno proceso de autodestrucción como ocurre con otros partidos hermanos como el griego o el español.
El cartel no es lo único torcido en la campaña
Ya dije en esta entrada que Hamon no me gusta demasiado. No lo conocía apenas en el momento de celebrarse las primarias pero sus intervenciones y propuestas me parecieron superficiales y fútiles. Durante este tiempo, he ido conociendo a través de la prensa algo más sobre su visión política y su trayectoria y, la verdad, es que he encontrado lo que ya me temía. Hamon es ese tipo de político que lleva 25 años (desde 1991) ocupando puestos de responsabilidad pero se vende a sí mismo como un renovador y una cara nueva. A lo largo de su trayectoria política, que empezó siendo un adolescente, se ha caracterizado por ser siempre un rebelde sin causa, un elemento a la contra de los responsables de su partido y de sus cargos electos. Siendo el presidente de las Juventudes Socialistas, instigó varias protestas contra el gobierno y contra el Presidente de la República François Mitterrand quien ya se encontraba en el final de su presidencia y de su vida. Ocupó diversos cargos como diputado y consejero en diferentes gobiernos pero, si hay algo que lo ha caracterizado, es haber ido siempre a la contra: formar parte de los grupos rebeldes, de los contestatarios, de los que en lugar de sumar, restan. No se le conocen grandes propuestas ni grandes obras, sino grandes deserciones como la que encabezó cuando fue ministro de Manuel Valls durante sólo 147 días. No digo que no tenga que haber gente así pero no me parece la mejor opción para encabezar un proyecto en el que se debe planificar y reunir. No es una persona constructiva y capaz de generar ilusión a su alrededor y su elección como candidato se asemeja más a un pataleo por parte de los militantes contra Valls y su política que un verdadero deseo de renovar y aportar aire fresco. No hay más que ver que casi la mitad de su partido no lo acepta y que los posicionados más a la izquierda del PS, tampoco. Algunos medios ya lo llaman cadáver político. También es cierto que no es nada fácil lidiar con la OPA hostil que Macron ha lanzado contra el Partido Socialista. Los electores de las primarias de la derecha eligieron un candidato muy de derechas; los simpatizantes de izquierdas eligieron un candidato que se vendía como muy de izquierdas pero nadie ha pensado que las elecciones se ganan en el centro.
Proyecto de Hamon para que el corazón de Francia siga latiendo. De momento, al que le puede dar una taquicardia con tantas malas noticias es a él.
El que sí que está llenando ese centro y lo está haciendo cada vez más grande es Emmanuel Macron, lanzado en las encuestas y en su campaña. Inició su candidatura independiente como un farol pero las circunstancias adversas a todos los demás candidatos le están beneficiando y es evidente que, por el momento, es el que mejor está controlando los tiempos y su propia imagen, así como sus apoyos: eminentes socialistas, el Movimiento Demócrata de François Bayrou que es el alcalde de Pau, independientes... No obstante, sí que hay un problema práctico. Si Macron gana las presidenciales, lo hará sin tener representación parlamentaria ya que su agrupación política, ¡En Marcha!, se acaba de formar y tendrá que esperar a las próximas legislativas de junio para obtener diputados y senadores, quizá hasta ser la fuerza más votada y por tanto la que forme gobierno. Ya empiezan a oírse voces diciendo que el apoyo de Valls sería una forma de asegurarse algo de paz en el Parlamento hasta ese momento. Como sus rivales no consiguen sacar ningún trapo sucio de su carrera profesional o política, han tenido que echar mano de habladurías sobre una posible homosexualidad oculta. En fin, sus enemigos están recurriendo a lo más rastrero y mezquino: bulos sobre su vida privada.
Folleto del resumen de programa electoral de Macron
De la vida privada y familiar de Fillon también oímos hablar casi todos los días pero no por cotilleos sino por la investigación judicial que se lleva a cabo sobre los presuntos empleos ficticios de su esposa y dos de sus hijos a cargo del erario público. Prometió Fillon que renunciaría a la candidatura si era imputado pero no lo ha hecho. Nada más lejos: convocó un mítin multitudinario en Trocadero al que, se cree, asistieron más de 50.000 personas (200.000 para la organización). Lógicamente, el segmento más conservador de los electores no se caracteriza por su amor por el cambio ni por su rápida toma de decisión: por eso, se les llama conservadores. Así que, Fillon sigue teniendo una gran base electoral a pesar de los escándalos que está protagonizando. Su campaña está completamente perdida y fuera de foco debido a las noticias de corrupción en que está envuelto pero ahí sigue y yo no lo daría por muerto porque la base electoral de su partido es amplia y, probablemente, la más estable del arco político. Todos los intentos por apartarlo de la carrera al Elíseo por parte de su partido han quedado en nada. ¿Estamos ante el nuevo Rajoy?
No importa el número exacto: muchos miles de personas colapsaron Trocadero y el barrio XVI en apoyo a Fillon. Todo un pulso a quienes lo querían reemplazar.
Más a la derecha (sí, aún más) está la candidata de los desesperados, Marine Le Pen. El gran torbellino mediático en torno a Macron parece que está sobrepasando a la candidata del Frente Nacional que ya no es la primera en los sondeos electorales. De hecho, sus mítines no son tan multitudinarios como se esperaba. Yo siempre he pensado que la excesiva atención que la prensa ha dado a este partido le ha beneficiado y ha ayudado en su normalización: si vemos algo todos los días por la tele, lo acabamos aceptando; igual no es tan malo, podemos pensar. Me viene a la cabeza aquella frase de Camilo José Cela: "que hablen de mí, aunque sea bien". Creo firmemente que si la prensa no hubiera prestado tanta atención a este partido, no habría crecido tanto como lo ha hecho y ahora no sería tan fuerte. De hecho, al no ser ya el principal foco de atención, sus expectativas electorales van a la baja en casi todas las encuestas.
Como Marine Le Pen me cae muy mal y no quiero ensuciar mi blog con una imagen de su careto, os dejo esta foto de unos ponys de colores.
El que parece que remonta ligeramente es Jean-Luc Mélenchon. Debo decir que me encanta cómo habla, cómo se mueve e interactua con el público en sus mítines y estoy de acuerdo con algunas de sus propuestas, incluso, puedo decir que me cae bien y que se le ve buena persona. Pero, su idea final de refundación nacional y creación de la Sexta República, tomada o compartida por el movimiento Nuit Debout, está un poco pasada de rosca. Me explicaré: sí, es fantástico que haya gente que desee una verdadera regeneración democrática y tenga ideas tan constructivas y progresistas pero vivimos en un mundo muy cruel y que cada día va peor. Los que tienen las riendas del poder global son Trump (aupado a la Casa Blanca por, entre otros, el Ku Klux Klan) y Putin (cuyos rivales políticos o periodistas que le investigan aparecen muertos). Junto a esto, la extrema derecha británica ha conseguido lo impensable: romper la Unión Europea, el Brexit. Además diferentes partidos ultraderechistas han estado a punto de ganar las elecciones en Grecia, en Países Bajos y quizá en Francia; por no decir, que ya gobiernan en Ucrania, en Polonia y en Hungría. En este mundo lleno de monstruos, hay que dejar de lado la ingenuidad y los experimentos y volcarse en el lado práctico y también más feo de la gobernanza. Los enemigos a batir están ahí y ellos no pierden el tiempo con ambiciosos proyectos ni con teorías políticas de la Arcadia feliz.
Los Cinco en la Isla del Brexit: me muero de la risa.
A mucha distancia de todos ellos, hay un montón de candidatos de pequeños partidos o que son independientes que han conseguido los avales necesarios para presentarse a estas elecciones. Serán un total de once candidatos bastante repartidos por todo el arco político. Veremos cómo termina la campaña.