jueves, 18 de febrero de 2016

En busca del encanto perdido de Montmartre II. Paisaje y paisanaje

Para comprender un poco la historia de Montmartre, hay que conocer el lugar pero también a las gentes que lo habitan. Si Montmartre es ahora el barrio más bohemio y pintoresco de París no es sólo por estar en una colina preciosa, tener monumentos importantes y lugares con encanto, también lo es por su conocida vida cultural, sus teatros, espectáculos, galerías de arte, tiendas y restaurantes. Pero, sobre todo, por sus artistas. Aquí han vivido y trabajado los más importantes pintores impresionistas, los músicos más innovadores, los escritores más vanguardistas, las bailarinas más atrevidas y todo tipo de artistas que uno pueda imaginar. Montmartre era un imán para ellos pero también una oportunidad de conocer y ser conocidos. No hace falta retrotraerse al siglo XIX, durante el siglo XX y ahora mismo, Montmartre es el foco de atracción de manifestaciones artísticas de todo tipo. Los personajes de Montmartre se funden con el entorno, se inspiran en él, pero también lo modifican y engrandecen aún más.

Un ejemplo de lo anterior es el escritor Marcel Aymé. Vecino de la calle Norvins, varios de sus relatos se desarrollan en el barrio. Uno de los más conocidos, El hombre que atravesaba las paredes, cuenta la historia de Léon Dutilleul, un gris funcionario que un día despierta con un extraño poder: el de traspasar los muros. Por supuesto, su vida cambia completamente ya que decide vengarse del jefe que le ha humillado y cometer todo tipo de tropelías. No importa que lo detengan porque puede escapar de la prisión. En honor al escritor, se le dedicó una estatua junto a su casa en la que aparece atrapado en una pared.

Escultura en honor de Marcel Aymé
Otra famosa vecina del barrio fue la cantante Dalida, primera mujer que recibió el disco de diamante por la cantidad de copias vendidas de sus discos. Intérprete de más de 1000 canciones, fue también actriz de cine y televisión y una gran defensora de los derechos civiles, en particular de los homosexuales, lo que la convirtió en icono gay. A pesar de haber pasado casi treinta años de su muerte, sigue siendo un personaje muy querido y una de las artistas que más discos continúa vendiendo en Francia por eso, su monumento y la plaza que tiene dedicados en Montmartre son uno de los espacios más populares. Sus restos, como los de Aymé, reposan en el cementerio del barrio.

El busto de Dalida

Además del recuerdo de estos inmortales artistas, también podemos disfrutar del arte en Montmartre en vivo y en directo. No sólo podemos comprar cuadros y dibujos a los pintores de la Place du Tertre sino ver las actuaciones de músicos y cantantes de todo tipo. Una de las más extravagantes es una chica que toca el hang pand, un instrumento en forma de caparazón de tortuga que produce un sonido diferente a todo lo que podáis imaginar. Oírla tocar es muy relajante y exótico.

Me encanta sentarme cerca de ella a escuchar su música. Es la banda sonora perfecta para el barrio

Pero el arte tiene muchas maneras de expresarse, algunas poco académicas. Ya hablé en otra entrada que el arte callejero puede ser tan importante como cualquier otra manifestación estética. Como, por desgracia, hay muchos incívicos en Montmartre, hay también mucha basura y desperdicios por la calle. Un artista que firma como Shatters (que significa "hacerse añicos" en inglés) ha decidido emplear los restos de botellas de cristal en sus obras, embelleciendo el barrio y sacando una sonrisa a los viandantes. Al más puro estilo de los mosaicos romanos o el trencadís de Gaudí pero con un toque gamberro.



Obras de Shatters en las que reutiliza restos de cristal de las botellas

Shatters no es el único que pone una nota de color y poesía en las calles del barrio.

Colorido guardia de asalto imperial 
 
 El niño le regala un spray a la niña. Enternecedor...

Pero no todo el arte está en la calle. Montmartre cuenta con un montón de teatros y de todo tipo. Desde el Moulin Rouge, el cabaret más famoso del mundo y un gran gancho para los turistas, hasta mini teatros de arte y ensayo. El Moulin Rouge fue construido por el empresario catalán Josep Oller, quien también era propietario del teatro Olympia. En él, se empezaron a representar unos espectáculos llamados revue (revista) en los que una insustancial trama era el eje argumental para introducir todo tipo de picantes números de baile, canto, música y striptease. Es especialmente célebre el French Can-Can, con música compuesta por Offenbach y cuyo baile es todo un símbolo de París. Con bailarinas medio desnudas (o desnudas enteras), el local fue ganando fama como lugar de vicio y perversión. Sus parroquianos salían de allí bien cargados de absenta, ajenjo y otros licores de altísima graduación. Inmortalizado por los pintores vanguardistas, hoy en día sus principales visitantes son turistas de mediana edad que cenan y toman champán mientras ven el espectáculo. Ahora este tipo de cabarets se han quedado un poco desfasados y han perdido mucho atractivo: quien desee ver un buen espectáculo de música y baile prefiere otras opciones; asimismo, quien sólo quiera ver culos y tetas, también buscará otro tipo de actuaciones y, además, las encontrará en la misma calle. No hay que olvidar que éste es el barrio rojo de París.

El mítico Moulin Rouge

Aunque el Moulin Rouge sea el más picante, no fue el primer cabaret de Montmartre. Este honor le corresponde a Au Lapin Agile: una pequeña casita junto al Museo Montmartre que abrió sus puertas como teatro de variedades en 1875. En otro tipo de actuaciones se centra el cabaret Michou, un famoso espectáculo de transformistas, uno de los primeros de París, que abrió sus puertas en Montmartre en 1949 (antes había estado en Clichy, que ahora es el límite del barrio). También hubo espectáculos de cabaret en Le Trianon, teatro y sala de conciertos que cuenta con un restaurante. El edificio está considerado monumento histórico y reabrió sus puertas en 2010 después de varios años de reformas. Sus dueños han dejado de lado las variedades y los espectáculos eróticos y su programación para las próximos meses está llena de grupos indies y de música alternativa.

 Au Lapin Agile

 Le Trianon

En la temporada de verano, están abiertas las Arenas de Montmartre, un teatro al aire libre al estilo de los teatros romanos que aprovecha el desnivel del terreno y en el que se celebran espectáculos y festivales. Mucho más serio es el Théâtre des Abbesses, gestionado por el ayuntamiento, en el que se representan obras de danza contemporánea, generalmente por parte de bailarines, coreógrafos y compañías jóvenes a los que este teatro sirve de trampolín. También hay representación de teatro contemporáneo por parte de compañías independientes y artistas jóvenes en la Manufacture des Abbesses, un teatro privado que ejerce el mecenazgo y donde se pueden ver desde obras de Lorca hasta teatro de marionetas. Y en un lugar que siempre ha sido tan alternativo y pícaro como Montmartre, tampoco puede faltar la comedia ni la sátira política: el Théâtre de Deux Ânes tiene un filón con este gobierno y con la situación política de Francia. Después de Vallsterloo, en que ridiculazaban al primer ministro, y de Marine est là!, cuyo eje era la presidenta del Frente Nacional Marine Le Pen, ahora llega Liberté, Égalité, Hilarité, centrada en el Presidente de la República, François Hollande. 

Théâtre de Deux Ânes

Por si todo lo anterior no fuera suficiente, en Montmartre también hay un montón de bares con actuaciones musicales en directo, teatros alternativos, cines de arte y ensayo y espectáculos para mayores de 18 años como el burlesque. Con todo lo anterior, seguro que encontráis algo de vuestro gusto, sólo hay que buscarlo.

martes, 16 de febrero de 2016

Desfile del Año Nuevo chino, carnavales y el día de los enamorados

Finalmente, la Prefectura dio permiso para celebrar el desfile del Año Nuevo chino aunque impuso  algunas condiciones. En primer lugar, el recorrido fue más corto que el de años anteriores para hacerlo más rápido y que el despliegue policial fuera más eficiente. Segundo, estaban prohibidos los petardos: es una pena ya que la pirotecnia viene de China y una celebración china sin petardos es como un jardín sin flores. La tercera condición es que habría diferentes puntos de acceso al desfile en los que se registraría a todos los peatones que quisieran ver el desfile. Aunque vi mucha policía, no vi ni sufrí ningún registro. Finalmente, se dijo no podría haber coches aparcados en las calles por las que discurría la marcha de modo que la grúa se llevaría los que no hubieran sido retirados a tiempo. Esto fue cierto, no había ni un solo vehículo. Asimismo, el desfile que se realiza todos los años en République fue anulado y el que se celebró el sábado en el barrio chino de Belleville, en el distrito XIX, también fue recortado. 

La ARFOI (asociación de residentes en Francia de origen chino), que es la organizadora del evento, se ha quejado del poco tiempo que han tenido para preparar el desfile. Encabezado por representantes de la comunidad china, se estima que han participado unas quince asociaciones, en total más de 1000 personas.


Imágenes del desfile
 
Pero lo que no ha conseguido la inseguridad lo ha conseguido la lluvia. Un desfile triste, gris y mucho más corto y rápido que en ediciones anteriores. Desde luego, no ha tenido nada que ver con el desfile del año pasado. Y no ha sido sólo el desfile: como lleva tres semanas lloviendo en París, todas las actividades han quedado deslucidas por la lluvia. Los bailes de leones, dragones, exhibiciones de artes marciales y demás no tenido la viveza de otros años. Los petardos se mojan, los deportistas se resbalan, los disfraces pesan demasiado para las complejas coreografías...

 El dueño de un bar le da la propina a un león

 El cabezón de Confucio no cabía por las puertas y lo tenían que empujar

Foto de familia de los dueños de un restaurante con Confucio, el Buda sonriente, los leones, los dragones, los deportistas...

Además, este desfile ha tenido un poquito de competencia. En el mismo barrio, a sólo dos calles de distancia, hubo otro desfile también muy colorido: el del carnaval tropical. Y si no fuera suficiente, era el 14 de febrero, san Valentín. La verdad es que en París hay mucha gente que lo celebra aunque no sé si es porque París es una ciudad muy romántica o porque los románticos son los parisinos. Además, las tiendas se decoran para la ocasión y se llenan de productos para regalar. Con tanto colorido, el barrio estaba precioso.

 Carnaval tropical

El amor, esa gran fuente de inspiración para novelas, películas y óperas

jueves, 11 de febrero de 2016

El Año del Mono o tener un año muy mono

En el distrito XIII de París se están celebrando las festividades del Año Nuevo Chino que será el año del mono. Por supuesto, como todos los años, hay visitas de los leones a los vecinos, danza de leones, artes marciales, bailes, tamborradas... pero no sabemos si habrá desfile. Debido al estado de emergencia que todavía sufrimos en Francia, es muy probable que se suspenda. De momento, las celebraciones del Año Nuevo sólo van a durar dos semanas, a diferencia de las tres del año pasado. Según el horóscopo chino, el mono es un signo imprevisible así que su año también lo es. No sé si trata de una estrategia para no fallar en las predicciones o es que vivimos en unos tiempos tan revueltos que ya nadie se atreve a pronosticar nada. Yo sólo espero que haya menos sobresaltos que en los últimos doce meses, que sea un año tranquilo, agradable, mono. Como ya os conté aquí, para la celebración del año de la cabra, el desfile contó con la presencia del primer ministro, el ministro del Interior, la alcadesa y el alcalde del distrito XIII. En esta ocasión y si tenemos la suerte de que se celebre, el desfile tendrá lugar el día 14 de febrero, que también es el día de los enamorados. Pase lo que pase, os lo contaré. Personalmente, espero y deseo que se realice porque se trata de uno de los eventos más vistosos y alegres que se pueden ver en París. Además, el año nuevo chino ya forma parte de la esencia misma de París, no sólo por la cantidad de franceses de origen asiático que viven aquí sino también por la multitud de turistas de Extremo Oriente que vienen cada año.




Los comercios más lujosos dan la bienvenida al año del mono
 
Por supuesto, en la alcaldía del distrito XIII, se han organizado exposiciones y actividades relacionadas con China al igual que el año pasado. En esta ocasión, hay una muestra de caligrafía clásica china a cargo del gran maestro Hsing Yun y una exposición de fotografías de Tang Desheng sobre el caso de los jóvenes instruidos, varios millones de estudiantes de las grandes ciudades que fueron trasladados (al principio eran voluntarios, después forzados) al campo a realizar los trabajos de agricultura, ganadería y todo lo relativo a la creación de nuevos pueblos de colonización entre 1960 y 1968. En la primera, podemos ver rollos escritos con proverbios budistas; en la segunda, fotografías de los jóvenes reconvertidos en granjeros.


 Caligrafías 


Fotos de los jóvenes instruidos





martes, 9 de febrero de 2016

Martes graso o el final del Carnaval

Si el Carnaval comienza con el Jueves Lardero, termina con el Mardi Gras. Para finalizar esta semana dedicada al desenfreno y los placeres previos al Miércoles de Ceniza cuando empieza la Cuaresma, qué mejor que celebrar el Mardi Gras con una raclette, un gran festín de grasas en el que se calientan quesos muy grasos, algunos ahumados, que se acompañan de embutidos, patatas cocidas y pepinillos. ¿Por qué pepinillos? Supongo que porque el gusto ácido ayudar a aligerar el gusto y pasar la grasaza. Además, no puede faltar un buen vino, tinto y con cuerpo. Bon appétit!


Los alimentos que no pueden faltar

La máquina en cuestión: hay que colocar el queso en las bandejitas triangulares que se calientan en la parte intermedia del fogón. En la superficie, se calientan las patatas y los embutidos.

Vino tinto

Una vez en el plato, se abren las patatas, se rellenan del queso derretido, los pepinillos, alguno de los embutidos y, si se desea, un poco de mostaza. 

domingo, 7 de febrero de 2016

Valadon, Utrillo, Utter

En el precioso Museo de Montmartre, se muestra una maravillosa exposición llamada Suzanne Valadon, Maurice Utrillo y André Utter en el taller del 12 de la rue Cortot. El número 12 de la rue Cortot no es otro sitio que el propio edificio del museo. Con motivo del 150 aniversario del nacimiento de la pintora, abrió las puertas esta exposición temporal, que finalizaba el 15 de febrero pero ha sido prorrogada hasta el 13 de marzo, para mostrar una interesante colección de obras de tres de los inquilinos más famosos del inmueble, el conocido como Trío Infernal. Aunque muchos artistas residieron y trabajaron en esta bella finca con jardín, los tres citados la convirtieron en un lugar famoso al haberla representado en varios de sus cuadros. Además es la primera exposición que reúne cuadros de los tres artistas y está situada alrededor de las habitaciones, con mobiliario original, del apartamento, reproducidas tal como eran cuando los tres vivían allí. Asimismo hay una sala multimedia donde se explica la vida de Valadon y la época que le tocó vivir, con una bonita maqueta del barrio de Montmartre. Antes de empezar, ya aviso que recomiendo esta exposición encarecidamente por el interés que despiertan estos artistas (no muy conocidos por el gran público), por ser la primera que se celebra de los tres juntos y por ser el mejor entorno posible para la misma, ya que muchas de las obras se pintaron aquí.

Adán y Eva de Suzanne Valadon, los modelos son ella misma y André Utter

El eje central de la visita es Suzanne Valadon. Nacida como Marie-Clémentine Valadon, de pequeña quiso ser artista de circo y se preparó para ser acróbata pero una caída le impidió continuar su actividad. Modelo de importantes artistas como Toulouse-Lautrec (quien la rebautizó como Suzanne), Degas, Renoir o Chavannes, empezó a dibujar y pintar inspirada por éstos. El propio Degas la animó a pintar y a exponer sus obras. Siendo soltera, tuvo un hijo que, años después, sería adoptado por su amante, el catalán Miquel Utrillo. Al cuidado de su hijo pequeño y de su madre viuda, consiguió gran éxito con sus obras gracias, en parte, al apoyo de la galerista Berthe Weill quien logró que participara en varias exposiciones y que se organizaran tres retrospectivas de su trabajo. Valadon fue también la primera mujer admitida en la sociedad nacional de Bellas Artes lo que la une a otra pionera artística de la que ya hablamos en este blog, Mme. Le Brun. Se casó con un agente de bolsa pero su matrimonio sólo duró trece años. Su hijo Maurice fue alcohólico desde muy joven y, en una de sus borracheras, uno de sus amigos lo llevó a casa: era André Utter. Valadon abandonó a su marido para iniciar una relación sentimental con el joven Utter, del que ya nunca se separó y con el que se casó en 1914. Esta unión de los tres pintores, que se trasladaron a vivir juntos al 12 de la rue Cortot, fue muy fructífera para los tres: entre ellos se servían de inspiración, se ayudaban, posaban para sus cuadros, organizaban las exposiciones en que participaban... Esos años del conocido como Trío Infernal fueron los de mayor inspiración y trabajo para los tres: la pasión, la tensión, las discusiones pero también la camaradería se reflejaron en varios cientos de cuadros. Pero el alcoholismo de Utrillo y sus incipientes problemas mentales, internamientos en centros psiquiátricos incluidos, llevaron a Valadon a mudarse con su hijo a un pueblo cerca de Lyon para apartarlo de la vida canalla de Montmartre. Los intentos fueron en vano: Utrillo nunca superó su adicción al alcohol aunque pasó por periodos de mayor estabilidad y sobriedad, sobre todo, durante su matrimonio con Lucie Valore de la que también se habla en la exposición. Utter era alto, guapo, rubio y con grandes ojos azules. Por su belleza, Valadon decidió convertirlo en modelo de varias de sus obras, entre ellas, algunas de las expuestas. Aunque era electricista de profesión, pronto empezó a pintar y a realizar trabajos como ilustrador, ayudado por su mujer y su amigo, y a gestionar la carrera de ambos. Así pues, está considerado el hombre de negocios de esta Trinité Maudite.

 
La funda del violín de Valadon

 André Utter y sus perros de Suzanne Valadon

Valadon fue una gran retratista. Sus cuadros exhiben a sus protagonistas en actividades cotidianas y desprendidos de toda artificiosidad, a la búsqueda de la fuerza interior de los personajes. Ella misma afirmó que pintaba a la gente para conocerla. Aunque también pintó paisajes y naturalezas muertas, sus retratos son sus grandes obras maestras. Colores terrosos y naturales y un dibujo muy marcado son las principales caractrísticas. Por el contrario, su hijo prefirió los paisajes de los que fue un gran maestro, sobre todo, los de su ciudad natal, Montmartre. Su pintura es más etérea, sutil y prefiere los colores fríos como el gris y ciertos tonos de azul, siempre presentes en los paisajes de la colina. Utter tomará elementos de ambos: colores cálidos pero dibujo más fluido, paisajes otoñales en líneas simples.


 12 de la rue Cortot de André Utter

La rue des Abbesses de Maurice Utrillo

Llama mucho la atención durante la visita cómo la vida personal y la profesional están completamente entrelazadas. Cada uno de ellos era inspiración para los otros, no sólo posando entre sí, también a nivel técnico. Ese enriquecimiento se ve en las obras: las pinceladas, el dibujo, la perspectiva... se ve la evolución de los elementos. Además resulta muy interesante poder ver cuadros del jardín de la casa en invierno y, a continuación, ver lo mismo por la ventana. Saber que muchas de las obras que cuelgan de las paredes fueron pintadas allí mismo, en ese lugar lleno de magia, una tranquila isla de creatividad y belleza artística en medio de la vorágine que siempre ha sido Montmartre. Entre esos muros nacieron y en esos muros están expuestas. Allí vivieron los pintores y allí recibieron la inspiración que dio fruto en esas piezas. A pesar de haber visitado muchísimas exposiciones, es la primera vez que veo algo así. Una vista singular y creo que irrepetible.

 Imagen de una de las habitaciones del apartamento donde vivieron los tres pintores

miércoles, 3 de febrero de 2016

En busca del encanto perdido de Montmartre I. Un poco de historia

Parece que fue ayer cuando empezó el año y ya estamos en febrero. Febrero es el mes más raro del año y como este año es bisiesto y tiene un día más, febrero es más raro todavía. Así que he decidido dedicar febrero a otra rareza que hay aquí en París, Montmartre.

 Imagen de una típica calle de Montmartre

Aunque ahora es un barrio que pertenece a París, hasta 1860 fue un pueblo independiente. Su historia es antiquísima ya que la tradición dice que aquí fueron martirizados los santos cristianos Denís, obispo de París y patrón de Francia, Eleuterio y Rústico. De ahí que la zona fuese conocida como Mons Martyrum o monte de los mártires. Aunque también hay una explicación, en este caso pagana, que afirma que la colina se llamaba Mons Martis (monte de Marte) por el santuario dedicado al dios romano que allí se encontraba. En cualquier caso, lo importante es que durante siglos, Montmartre fue una tranquila colina muy cerca de París en la que la vida sucedía plácidamente. Había viñedos, colmenas, campos de trigo y pasto para el ganado. Por su actividad agrícola y ganadera y por el viento que siempre sopla, este pueblito de montaña contaba con quince molinos de los que ya sólo quedan dos, el Radet o de la Galette y el Blute-Fin, y que ahora son el símbolo del barrio. Aunque los pastos se han perdido, aún se conservan unas colmenas y las viñas de Montmartre, las únicas que hay en todo París y que están situadas en un anexo del jardín del Museo Montmartre.


Los dos molinos de Montmartre: arriba el Radet o de la Galette y abajo el Blute-Fin
 Las colmenas de la rue Gabrielle


  Las viñas

También ha sido un lugar de culto muy importante. No está constatado pero se piensa que pudo haber un santuario druídico de los antiguos galos que aprovecharían las hierbas, plantas y frutos de la montaña para hacer sus ritos y pociones (al estilo Panorámix). El cristianismo se implantó muy pronto en las Galias y Montmartre no fue una excepción. La iglesia de saint Pierre junto a la place du Tertre es una de las más antiguas de París. En el subsuelo de la misma, se conservan restos del antiguo templo de Marte del que hablaba antes y, en la fachada, partes de la basílica merovingia que estaba dedicada al citado san Denís. Asimismo, durante toda la Edad Media, la colina se llenó de monasterios y abadías de vida contemplativa, la mayoría destruidos durante la Revolución Francesa. En 1904, abrió sus puertas la iglesia de san Juan en la parte baja de la colina: de estilo Art Nouveau y con paredes de ladrillo visto y decoración en cerámica, esta iglesia fue la primera del mundo construida en cemento armado. Y si san Juan está abajo, en el extremo más alto de la montaña se encuentra otra iglesia bien llamativa, el Sacré-Coeur, una de las iglesias más famosas de París y la más reconocible por su situación y por su estilo. Edificada por suscripción pública, sus obras terminaron en 1912 pero no fue consagrada como basílica hasta 1919. Inspirada en el arte bizantino, sobre todo, en la decoración interior y en la planta de cruz griega, el Sagrado Corazón está orientado de sur a norte y no de este a oeste. La piedra con que se construyó el exterior del edificio fue escogida, entre varias opciones, por el arquitecto de la obra por su dureza y por ser una piedra que en contacto con el agua segrega una sustancia blanquecina y, como en París llueve a menudo, eso hace que la iglesia se vea siempre blanca y reluciente.

Sacré-Coeur
Iglesia de San Juan Evangelista

En la época de Napoleón III, el plan de urbanismo de Haussmann hizo que los habitantes con menos recursos de París se vieran desplazados a zonas limítrofes de la ciudad o incluso a municipios de los alrededores como Montmartre que eran más baratos, de manera que la colina se llenó de edificios de viviendas y tiendas pero también de tabernas y prostíbulos y, más tarde, cabarets y teatros. El precio de la vivienda y el encanto de la vida bohemia hizo que aquí llegaran los artistas a finales del siglo XIX de modo que Montmartre, ya convertido en barrio de París, pasó a ser el centro de la modernidad artística y cultural de París. Muchos de estos artistas apoyaron la Comuna, ese breve período de 1871 en que se intentó crear un gobierno popular y autogestionario, en respuesta a la derrota del Imperio Francés en la guerra franco-prusiana y la obligación de pagar a los prusianos una indemnización de 200 millones de francos por liberar París. La Comuna fue violentamente reprimida, algunas fuentes hablan de 50.000 muertos entre combates y ejecuciones, y Francia estuvo cinco años bajo la ley marcial. Todos estos sucesos llevaron a un grupo de personas piadosas a iniciar una colecta para la construcción de una nueva iglesia, el Sacré-Coeur antes descrito, para expiar los pecados de la Comuna y sus gentes (la mayoría de estos miles de muertos, incluidos mujeres y niños, lo fueron por parte del Ejército que reprimió la Comuna pero se ve que sus muertes no contaban como pecado y responsabilizaron de todo a los revolucionarios).

El actual Museo Montmartre fue en tiempos la vivienda de muchos e importantes artistas

Así a finales del siglo XIX y durante el siglo XX, Montmartre fue el barrio de los artistas: pintores, escritores, ilustradores, cantantes, músicos, bailarinas... vivían y trabajaban aquí. Los pintores empezaron a vender sus obras en la place du Tertre y todavía siguen ahí. La llegada del turismo masivo, a veces industria y a veces plaga, ha convertido Montmartre en un nido de trampas para turistas y en una especie de parque temático sin puertas. Por ejemplo, entre Semana Santa y el 1 de noviembre, más de la mitad de la plaza du Tertre la ocupan las terrazas de los bares dificultando el paso de la gente y restando magia a la plaza. Es cierto que el barrio ha perdido mucho de su encanto y ya no tiene el alma bohemia y fresca de antes pero todavía se pueden encontrar sitios singulares. Y además hay muchas zonas verdes, pequeñas pero bonitas. A lo largo de este mes, os iré enseñando mis rincones favoritos de Montmartre y os daré algunos consejos para poder sacar el máximo partido al barrio. Coged aire porque Montmartre está lleno de escaleras y cuestas pronunciadas.

La place du Tertre
El parque Marcel-Bleustein-Blanchet

El parque Suzanne Buisson


domingo, 31 de enero de 2016

La semana de la Alta Costura de París

Del 24 al 28 de enero pasados se celebró uno de los acontecimientos más esperados de París: la semana de la Alta Costura. Aunque llego tarde a la noticia (no tengo la suerte de poder acudir a los desfiles así que tampoco podría contar nada interesante de ellos) sí me gustaría comentar qué es la alta costura y por qué la de París es la única del mundo.

Los ingleses crearon la industria textil durante la revolución industrial, los italianos reinventaron el diseño en la época posterior a la Segunda Guerra Mundial y los neoyorkinos mercantilizaron el concepto de la moda. Pero los franceses siguen siendo los reyes del lujo. La alta costura no es un conjunto de desfiles con famosas en primera fila sino todo lo contrario: muy pocas celebridades se presentan en esta semana a dejarse ver. Por el contrario, quienes se sientan en los desfiles son compradoras y, muchas veces, ni siquieran vienen ellas sino que mandan a sus asistentes o estilistas. Dicen que sólo hay unos cientos de mujeres que compran este tipo de productos, tal vez unos pocos miles. En cualquier caso, la alta costura es lujo, exclusividad, imaginación y mucho, mucho trabajo.

Christian Dior presentó su colección en el Museo Rodin

Alta costura es cualquier prenda o complemento confeccionado y realizado en exclusiva para una persona y hecho completamente a mano con tejidos y materiales de lujo. De esta manera, un vestido realizado a mano por un diseñador, en exclusiva para una clienta, también será alta costura pero para participar en este evento hace falta mucho más. Aquí sólo pueden desfilar las marcas registradas en la Cámara Sindical de la Costura pertenenciente a la Federación Francesa de la Costura. Eso no significa que sólo puedan desfilar franceses: de hecho, cada vez hay más firmas extranjeras que desfilan en esta semana, algunas de ellas invitadas por la organización. La primera Cámara Sindical de la Costura y la Confección fue creada en 1858 por varios modistos que pretendían proteger sus diseños de las copias que otros realizaban. La peculiaridad de estos creadores es que no esperaban a tener una clienta para realizar un modelo sino que ellos creaban colecciones enteras de ropa y complementos que mostraban en desfiles a sus posibles compradoras. Una vez allí, éstas decidían el modelo que deseaban adquirir, el color, los tejidos y los detalles decorativos para personalizarlo a su gusto. El primero que utilizó esta forma de trabajar fue un inglés llamado Charles Frederick Worth que tenía su taller en París y que vendía sus diseños a clientas tan distinguidas como la emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón III de Francia, la emperatriz Isabel (Sissi) de Austria o grandes artistas como Sarah Bernhardt, Lillie Langtrie, Nellie Melba o Jenny Lind. Es por esto que se le considera el padre de la alta costura parisina. Y aunque hay otras ciudades del mundo donde también se celebran desfiles de alta costura, ninguna tiene la historia ni los requisitos que se exigen en París. De hecho, haute couture y couturier son denominaciones jurídicas protegidas por el Ministerio de Industria francés por eso no las puede usar cualquiera, tan sólo aquellos que cumplen las estrictas normas de la Cámara. Por otra parte, no todos los que las cumplen deciden crear alta costura y, mucho menos, desfilar. Ante los elevadísimos costes de producir dos colecciones de alta costura al año (primavera-verano y otoño-invierno), cada cierto tiempo llegan noticias de algún diseñador que ya no va crear más alta costura. En realidad, las marcas de moda ya no pertenecen a los diseñadores sino a grandes conglomerados empresariales que son quienes deciden la política a seguir. Como la alta costura no da beneficios por su propia naturaleza (entre 100 y 200 vestidos al año), los grandes capitalistas de la moda no quieren continuar con este negocio y prefieren invertir los ingentes recursos que conllevan estas colecciones en las líneas de negocio más rentables como el prêt-à-porter, complementos, marroquinería, joyería y, sobre todo, perfumería y cosmética.

 La Ópera Garnier fue el lugar elegido para el desfile de moda masculina de Dries van Noten

Como hemos visto antes, las condiciones para ser miembro de la Cámara son bastante difíciles de cumplir por eso cada año hay menos marcas inscritas en ella. Insisto en que la verdadera alta costura es un gran espectáculo y una preciosa carta de presentación de las empresas pero no es rentable. Las propias características del concepto lo convierten en inviable económicamente.

La primera de estas peculiaridades es la exclusividad ya que los diseños son hechos a medida para las clientas, es decir, además del modelo que se ve en la pasarela, se hace otro para la compradora y nada más. No se pueden hacer más unidades de un modelo determinado. La persona que adquiera la prenda tendrá derecho a tres citas con el taller para asentarla perfectamente a sus medidas. La exclusividad no sólo se refiere al diseño acabado sino también a los elementos que lo componen como los tejidos y materias primas. Los diseñadores crean una tela con unos dibujos, acabados, texturas, etc... y la encargan a su fabricante quien tiene prohibido comercializarlo a otras marcas y modistos durante varios años (estas condiciones están minuciosamente reguladas). Otro tanto para decoraciones como plumas, encajes, pedrerías... y todo aquello que salga de la imaginación del creador. Tanto es así que, antes de pasar a coser el modelo final, los diseñadores realizan unos prototipos llamados glasillas, con materiales más baratos como algodón, lino o incluso papel, del modelo. Los motivos son dos: no desperdiciar las lujosas y singulares telas y mantener el secretismo sobre la colección porque así evitan que las maniquíes sobre la que prueban el diseño pueda conocer todos los detalles del mismo y filtrar la información.

La segunda nota a tener en cuenta es el trabajo manual. Todo, todo, todo se hace a mano. Las únicas herramientas empleadas en la confección son las mismas que se usaban hace siglos: tijeras, agujas, pinceles... no hay nada mecánico. Hasta el último milímetro de tejido o accesorio está hecho a mano. Y no por cualquier mano. El preciosismo de los diseños exige unos artesanos bien formados, con un nivel técnico altísimo y con una destreza manual importante llamados en el argot, petites mains. No hay muchos que puedan desempeñar este trabajo y me imagino (y espero) que su salario se corresponda con su pericia y profesionalidad. Precisamente una de las obligaciones de las firmas de moda es que estos talleres artesanales con los que trabajan deben estar situados en París y tienen que emplear a un mínimo de 20 personas durante todo el año. Como una imagen vale más que mil palabras podéis ver un vídeo aquí que muestra el trabajo de las costureras, auténticas artistas, de Chanel.

Esto me lleva a la tercera circunstancia, ciertos deberes de organización y trabajo para obtener un resultado final. Como la alta costura está protegida por ley, este resultado deben ser dos presentaciones al público (los famosos desfiles) al año, con 25 diseños de día y 25 de noche, celebradas en edificios singulares de París como museos, hoteles o el Grand Palais. A diferencia de una feria normal o de algunas pasarelas de moda, la Semana de la Alta Costura no se puede realizar en un recinto ferial concreto elegido por el organizador de la muestra sino que cada firma elige el lugar que quiere, a cuál más bonito, y monta en él la escenografía que desea. Además de los archiconocidos desfiles de alta costura femenina que despiertan tanta expectación, hay un día dedicado a los desfiles de alta costura masculina (sí, también existe). Aparte de las marcas de ropa, también realizan sus presentaciones en esta semana varias firmas de complementos y de joyas que, por supuesto, también tienen sus propias normas reguladas por la Cámara.


Versace montó un espacio cerrado en la plaza Vendôme

Y si en la alta costura hay una reina, ésa es Chanel. La maison por excelencia, la marca que modernizó el lujo, la empresa de la revolucionaria de la moda. Decir Chanel es decir lujo y elegancia pero también independencia. La gran dama de la moda cambió por completo el concepto de la elegancia basándola en la sencillez de líneas y la pureza de los cortes, en rebeldía contra las mujeres de la época que, según ella, se vestían como pavos reales. Quería que las mujeres tuvieran libertad de movimientos y fueran independientes como ella misma. De ahí que fuera de las primeras en vestirlas con pantalones y en cortarles el pelo casi como los hombres; también sentó las bases del imprescindible traje de chaqueta y empezó a vender bisutería tan lujosa (casi) como la joyería. Pero Chanel también es independencia creativa y económica porque es la única, o de las pocas grandes firmas de moda, que no pertenece a un gran grupo empresarial. De ahí que sus decisiones no se tomen meramente desde el punto de vista mercantil, de hecho, Chanel no vende sus productos por internet, ni siquiera los cosméticos: imagino que la accesibilidad de un click no se corresponde con el concepto de lujo y exclusividad que representan. Por supuesto, los desfiles de alta costura de la marca son los más esperados y la marca es consciente de su poder de atracción y de su situación icónica dentro del sector. Su director creativo, Karl Lagerfeld lo tiene claro: «La alta costura pervivirá mientras Chanel siga en pie» dijo recientemente. Este año, el káiser de la moda se ha puesto ecológico y ha hecho desfilar a sus modelos por una pasarela realizada con productos reciclados y por una casa de madera 100% sostenible: una imagen muy escandinava y austera donde todo el barroquismo recaía en los diseños y en el Grand Palais que la albergaba. Maravillosas prendas en una puesta en escena elegante y bonita, sencilla en sus formas pero lujosa en sus detalles. Muy Chanel.

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La foto la he sacado de aquí


sábado, 30 de enero de 2016

François Mitterrand, el hombre de los mil secretos

En las últimas semanas, han aparecido en las librerías varias obras sobre François Mitterrand quien fuera presidente de la República Francesa durante catorce años (1981-1995): biografías, colecciones de artículos, ensayos sobre sus ideas, sus decisiones y opiniones... imagino que preparando el terreno ya que este año se cumple el centenario de su nacimiento y el vigésimo de su deceso. Además, la tele pública francesa emitió recientemente un documental sobre él centrándose en un aspecto fundamental de su vida y de su trayectoria como presidente: la mentira.

A lo largo de sus 14 años como presidente, Mitterrand ocultó varios aspectos de su vida siendo el principal de todos ellos su propia salud. Con el testimonio de su médico personal, de periodistas y de antiguos colaboradores suyos, el documental La maladie au secret va desgranando, de forma cronológica, el avance del cáncer y de cómo el presidente y su equipo establecieron un pacto de silencio sobre la enfermedad. La acción empieza el mismo 10 de mayo de 1981, el día en que se celebró la segunda vuelta de las elecciones en las que Mitterrand se alzó con la presidencia de la República. En ese momento, sufría dolores de espalda pero Mitterrand siguió adelante sin preocuparse. Sólo seis meses después de jurar el cargo, los médicos le diagnosticaron cáncer de próstata y metástasis ósea. La preocupación no se centraba sólo en la enfermedad en sí sino, sobre todo, en la posible opinión negativa hacia un presidente enfermo. No hacía muchos años, Georges Pompidou había fallecido en el cargo tras haber ocultado una enfermedad que ya conocía antes de acceder a la presidencia. Unas semanas más tarde de conocer su situación, Mitterrand declaró en una entrevista, con un cinismo digno de estudio, que estaba aquejado de un simple lumbago.

Pero el deterioro de su salud no había hecho más que empezar. Cuando sólo llevaba un año en el cargo, mayo de 1982, sufrió una embolia atajada a tiempo por la rápida actuación de su médico personal, el doctor Claude Gubler. A pesar de haberle previsto una esperanza de vida de apenas cuatro meses, Mitterrand no sólo se recuperó sino que mejoró ostensiblemente su bienestar general. Tanto, según el documental, que en cierto modo olvidó que estaba enfermo. El doctor Gubler se ocupaba de su salud los 365 días del año tanto en Francia como en sus viajes al extranjero. Así aguantó su primer septenio de mandato ocupado en sus tareas presidenciales y evadiéndose de su realidad física. Una de sus actividades preferidas era visitar la cripta de Taizé y es que, a pesar de ser agnóstico, era gran amigo del abad de Taizé y solía pasar horas enteras allí reflexionando y meditando. Además, también ocupaba sus ratos libres visitando el apartamento que ocupaba su compañera sentimental Anne Pingeot, conservadora del Museo de Orsay, con quien tuvo una hija llamada Mazarine. En aquellos momentos, Mazarine era sólo una niña que con su alegría infantil ayudaba a su padre a sobrellevar la enfermedad. Éste es el otro gran secreto de Mitterrand: a pesar de llevar décadas casado con Danielle, con la que tenía tres hijos, nunca se divorció de ella sino que mantuvo su relación con Pingeot paralelamente a su matrimonio. Pero que nadie sienta lástima por Danielle ya que, mientras su marido llevaba esta doble vida, ella trajo a su amante, que era también su entrenador personal, a vivir a casa.



Las novedades editoriales sobre Mitterrand


Sin empeorar aparentemente, llegó el final de su primer mandato con las energías renovadas y la ilusión por conseguir la reelección. El poder pasó a ser la mejor terapia para Mitterrand y así programó la campaña electoral de mayo de 1988 sin consultar con su médico. Algunos actos populares en los que se mostraba pletórico no hacían presagiar lo que ocurriría después. Resultó reelegido pero la enfermedad seguía avanzando y esta vez los síntomas eran demasiado evidentes para negarlos. A finales de julio de 1990, el Elíseo publicó un comunicado sobre el deterioro de salud del Presidente y éste incluso se planteó dimitir pero rechazó la idea puesto que Francia se había embarcado, junto con otros países, en la Guerra del Golfo Pérsico. Comenzó a verse cansado, sin la energía que le caracterizaba, y los tratamientoa médicos no funcionaron de manera que se decidió que se sometiera a una operación en agosto de 1992 aunque Mitterrand decidió aplazarla a septiembre ante la inminente celebración del referéndum sobre el Tratado de Maastrich en el que, según las encuestas, parecía que iba a ganar el no. El presidente se volcó en la campaña a favor del sí y participó en un programa televisivo de más de tres horas dando toda clase de explicaciones sobre el tratado en cuestión y debatiendo con varios periodistas y otros escépticos al tratado. Fue operado de cáncer de próstata para extraerle un adenocarcinoma y la prensa alabó la transparencia de su gabinete. ¡Qué ironía! Cuatro días después de salir del hospital, se celebró la consulta sobre Maastrich y el sí ganó por un estrecho margen en unas de las elecciones con menor participación de la historia.

A pesar de no querer que la gente lo viera como un enfermo y de retomar sus actividades inmediatamente, Mitterrand no pudo evitar que en su partido comenzara la guerra por la sucesión. Además, el suicidio de su ex-primer ministro Pierre Bérégovoy, tras verse involucrado en un caso de corrupción sin pruebas concluyentes, le conmovió de manera muy profunda. El documental elucubra sobre si en ese momento Mitterrand empezó a ser consciente de la cercanía de la muerte y de la debilidad humana. Lo que sí es cierto es que faltaba poco más de un año para el final de su segundo mandato y empezó a mostrarse en público cansado y debilitado mientras, en privado, se sentía cada vez más asustado por la enfermedad: cambió de médico, empezó a visitar a un homeópata, a recibir tratamientos de medicinas alternativas... El pueblo se preocupaba también por la salud de su presidente ya que, en Francia, el jefe de Estado es el encargado de la política internacional lo cual le obliga a viajar a menudo y Mitterrand empezó a estar indispuesto para tales funciones. Como mazazo final y en plena decadencia física y anímica, en enero de 1994, se publicó el libro Une jeunesse française de Pierre Péan en el que se revelaba su pertenencia a la Cagoule, una organización terrorista de extrema derecha, y su apoyo a la Francia de Pétain durante la Segunda Guerra Mundial. Acudió a un programa de televisión para dar explicaciones sobres estos hechos en una larga entrevista con el periodista (judío sefardí para más señas) Jean-Pierre Elkabbach pero dio claros síntomas de cansancio físico y mental: ya no era el Mitterrand astuto e incisivo en sus respuestas, aquél que controlaba las entrevistas, sino un señor un poco perdido en sus débiles argumentos de un supuesto desconocimiento de la realidad de la época por su parte y por la del resto de franceses. A partir de ahí, su declive era indisimulable en lo personal y en lo político. De hecho, sus últimos meses en el cargo fueron un gobierno de cohabitación presidido por Jacques Chirac, quien aprovechó esta debilidad para realizar políticas totalmente contrarias a las que siempre había defendido Mitterrand y que sería su sucesor en la presidencia. Realizó el traspaso de poderes tras las elecciones de 1995, su último acto público, en el palacio del Elíseo y, a continuación, acudió a la sede del Partido Socialista en la calle Solférino para dar su último discurso a sus compañeros. Murió el 8 de enero de 1996 y no faltan los que dicen que se le practicó la eutanasia a petición propia.

Fue uno de los constructores de la Unión Europea, una de las personas más influyentes en política internacional de su época, responsable directo del fin de la guerra fría y de la caída del comunismo, un líder nato para su país, un hiperactivo presidente que cambió Francia con sus decisiones y sus políticas y, para muchos, el último monarca absoluto que ha tenido Francia. Pero también un gran manipulador, un ocultador de la realidad (cachotier se dice en francés), un hombre ambicioso y poderoso, un encantador de serpientes, capaz de pactar con dios y con el diablo. Un hombre del que, veinte años después de su muerte, todavía no se conocen todas sus facetas.

También la prensa repasa la trayectoria política y vital de Mitterrand

 Más libros

lunes, 25 de enero de 2016

Fragonard y la seducción

Hace un mes entero que no escribía en el blog. No sabéis cuánto lo echaba de menos pero entre el trabajo, un viaje a España para visitar a mi familia y problemas técnicos con mi ordenador, me ha resultado imposible. Pero aquí estoy otra vez porque tengo muchas cosas que contar.

Empezaré con algo agradable: la exposición que el museo Luxemburgo ha dedicado a Fragonard. Reconozco nada más empezar que ni Frago, como se le llama en los carteles explicativos, ni el rococó me gustan especialmente. Su estilo me parece cursi, lleno de colores pastel y formas redondeadas. Para colmo, la exposición trata el tema del libertinaje y el galanteo por lo que se han seleccionado aquellas obras más picantes, sensales y eróticas. Por momentos, tenía la impresión de que todas las piezas expuestas eran obra de un salido por tanta exhuberancia, erotismo y afectación. La mayor parte de la muestra son cuadros y grabados en los que se ven a hombres y dioses en actitud afectiva y sexual: escenas de juegos campestres, otras inspiradas en las novelas pastorales o en el amor cortés, mitos de la antigüedad... la sensualidad y el amor físico son los protagonistas absolutos de la exposición. Cabe añadir como nota importante que los carteles explicativos son breves, claros y concisos de manera que explican las obras escuetamente sin resultar redundantes. Uno fue especialmente interesante, el relativo a la obra que aparece en el cartel, en el que se trata el tema del asalto y la violación que nada tienen que ver con la galantería y el libertinaje de los que no se deja de hablar en ningún momento. Pero, sin duda, la sección más importante y muy distinta del resto de la exposición es la relativa a la lectura entendida como pasatiempo y como instrumento para distraer la moral. Coincidente en el tiempo con la publicación de La Nueva Eloísa de Rousseau y Las amistades peligrosas de Chordelos de Laclos, Fragonard nos muestra cómo las novelas de intriga galante fueron causa y manifestación de la relajación de las costumbres entre los nobles y la alta burguesía. La generalización de la alfabetización y de la lectura entre las clases pudientes hizo que muchas jóvenes se descarriaran intentando imitar a sus heroínas literarias por lo que resulta extraño que la muestra no haga ninguna mención a la censura, desagradable consecuencia que los vigilantes de la moral desarrollaron para impedir esta sociedad letrada y libertina. A nivel personal, esta exposición no me gustó demasiado y creo que me podría haber evitado los 12 eurazos que cuesta la entrada. Como he dicho, salvo la parte dedicada a la lectura en su obra, la exposición resulta bastante repetitiva y cursilona.

Cartel de la exposición

Por otro lado, me gustaría comentar un asuntillo al que llevo dando vueltas desde hace tiempo. Ya sabemos que el sexo vende pero en los últimos años en París son un montón las exposiciones que versan sobre este tema y sus diferentes aspectos: kamasutra, shungas y las exposiciones para mayores de edad del Orsay sobre sadismo, desnudos y prostitución. Tal vez sea gancho comercial, tal vez sea obsesión de los comisarios y administradores de los museos o tal vez falta de ideas, lo que está claro es que el sexo y sus múltiples facetas son una fuente inagotable de exposiciones pero ¿de verdad no hay nada más? ¿No se pueden tratar más temas o, al menos, no tratar el mismo con tanta asiduidad? ¿Es ésta una mera coincidencia o se han puesto de acuerdo entre ellos? París siempre ha sido el modelo de ciudad libre, avanzada a su tiempo y desprejuiciada respecto al sexo pero ¿es ésa la imagen que quieren dar? ¿la única faceta a destacar? Es que, al final, el resultado parece el contrario: una ciudad pacata que trata el sexo y lo relativo a él como algo escandaloso en lugar de ser algo natural y saludable. Sólo nos queda esperar a la temporada de otoño para ver si la tendencia continúa o remite.